¿Qué es un vacío cuando lo llenas con más vacíos?
¿No sigue siendo un vacío?

No entendí esa pregunta hasta que la viví por mí mismo.
¿De qué sirve tener un diluvio de mujeres, un mar de placeres, si aquello a lo que te entregas no es real?

Mi vida giró alrededor de un desierto de caras hermosas y corazones dulces que solo usaron mi amor como un patio de juegos.
¿De qué me sirvió sanar, para volver a ser herido por la misma experiencia una y otra vez?
Por un espejismo llamado amor, cuya imagen era un dulce silueta que irradiaba veneno.

¿Qué sentido tenía perderme en placeres momentáneos, cegarme con ilusiones que nunca serían verdad?
La vida me lanzó a un mar dulce, donde peces besaban mi rostro y delfines consentían mi alma… solo para arrastrarme después a remolinos inestables de amor.

¿Cómo puede un hombre roto enamorarse de mujeres vacías?
¿Tanto amor mata, como aquella flor que riegas de más y termina marchita?
¿Cómo amar a alguien cuando ni siquiera me amo a mí mismo?

¿Tú que conoces las respuestas, tú que todo lo creaste?
No es un reproche; solo busco entender por qué el corazón se cansa de sangrar, el alma de sentir y un hombre de perder.

Me dijeron: “Te lo mereces”.
Aprendí que la única manera de que alguien terco aprenda a nadar… es dejándolo ahogarse primero, para que reconozca que no sabía nadar.
Así me sucedió muchas veces… pero aún no sé la respuesta a aquella pregunta:

¿Qué se sentirá amar a alguien real?

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