1. La distancia entre su nombre y mi voz
Hay nombres que duelen cuando se pronuncian en silencio.
El suyo, Barb, me vibra todavía entre los dientes.
A veces me despierto con el eco de su risa,
con la ilusión de que sigue ahí, girándose en la cama,
buscando mis pies fríos entre los suyos.
Pero solo está el hueco.
El aire que antes era tibio,
el espacio donde su cuerpo respiraba junto al mío.
He aprendido que el silencio también puede tener forma,
la forma de su ausencia.
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