Sobre la utilización masiva de la IA y cómo está destruyendo no solo nuestra creatividad, sino nuestro criterio y confianza
Siempre me he considerado reticente a los cambios, y es algo que, en mi cabeza, y para la mayoría de personas, es visto como un defecto. La adaptabilidad, esa rapidez para amoldarse a lo diferente, es algo que nunca he tenido. Me da miedo, me crea ansiedad y necesito tiempo para que mi cuerpo y mi mente se adapten a esta nueva realidad.
A veces he pensado que eso me hace tener un pensamiento antiguo, hasta que recuerdo que, para mis abuelos, soy demasiado moderna en ciertos temas o incluso lo soy para ese chico joven que me llamó “woke” una vez. Y entonces pienso, ¿qué soy? Me paso de moderna en ciertos aspectos, me falta flexibilidad en otros, ¿soy una señora mayor metida en el cuerpo de una veinteañera? Y si es así, ¿qué?

Aún recuerdo el día que salió ChatGPT a la luz, recuerdo que toda la oficina estábamos flipando. “¡Puedes preguntarle lo que sea y te responde como una persona!” A los pocos días empezaron a salir noticias de cómo la IA iba a dejar sin trabajo a mucha gente, muchos padres empezarían a decirle a sus hijos que estudiaran robótica y muchos estudiantes a punto de hacer el selectivo empezarían a tener dudas. Otra vez. Yo estaba temblando de miedo. Había algo que no se sentía bien. De repente nos lanzan una herramienta con la que poder interactuar a tiempo real, que actúa como una persona y puede resolver cualquier duda. ¿Y yo tengo que estar tranquila con esa información?
Durante un tiempo dejé de escuchar sobre ella, se pasó el hype por así decirlo, hasta hace más o menos un año. El update que hizo que esa página web con un chatbot me resolviera cualquier duda, me creara cualquier documento, me diera un pronóstico médico sobre mi enfermedad e incluso pudiera tirarme las cartas del tarot, entró a nuestras vidas. Y desde entonces no paro de verla. En todos lados.
Un montón de gente se lanzó a utilizar ChatGPT para sus tareas diarias. Cosas tan mundanas como crear un menú semanal o planificar un viaje, pasaron a ser tarea de esta herramienta. Pensé “bueno, es cuestión de adaptarse, teniendo en cuenta que cada vez tenemos menos tiempo para nosotros mismos, no vendría mal un extra help”. Pero yo no podía dejar de verla. La veía en los artículos de opinión que una vez me llegaron a emocionar, en las fotos de amaneceres que me daban ganas de viajar hasta esos lugares e incluso en las películas con las que soñaba ser parte cuando era pequeña. No es que no pudiera dejar de pensar en ella, es que estaba por todos lados.
Siempre he pensado que nada nunca podrá reemplazar lo humano. Ni el robot más inteligente podrá llegar a hacer las tareas diarias de una persona, ni quitar muchos de los trabajos donde se requiere de una capacidad de inteligencia emocional, de ver más allá y ponerte en la piel del otro. Pero al mismo tiempo, no paro de ver a gente cayendo en esta herramienta para preguntarle cosas sobre su vida.
“ChatGPT es mi bestie, cada vez que me pasa algo se lo cuento y me ayuda.” Y no pude no pensar en por qué pasa esto, por qué preferiríamos eso a hablar con nuestra pareja, familia o amigos sobre algo.
Hasta que me vino la revelación. Actually, me vinieron unas cuantas y sinceramente están todas en mi cabeza y no sé ni cómo plasmarlas aquí. Siento que hemos llegado hasta este punto porque nos negamos a afrontar la realidad. Preferimos que una plataforma en internet nos diga que nuestra alma gemela está a la vuelta de la esquina antes que dedicarnos tiempo a nosotras mismas para disfrutar de nuestra propia compañía. Nos da miedo que nos juzguen. Hablar sobre nuestros problemas en voz alta da miedo, porque no sabemos si la otra persona reaccionará pensando que estamos exagerando o que cómo hemos sido capaces de aguantar así tanto tiempo. Y, sobre todo, no tenemos tiempo.
Hablarle a ChatGPT sobre tus problemas antes que acudir a alguien real se siente como esta frase de: “Adoro a mis amigas, pero que no me cuenten sus problemas”. Entiendo que cuando estás con tus amigas o tu pareja, lo último que quieres es una sesión de lloros y tristeza, pero, ¿no es ese uno de los requisitos cuando quieres a alguien? Querer a una persona es escucharla, pero escucharla bien, y prestar atención a lo que dice, y analizar cada una de las partes y, aunque no le demos solución a sus problemas, hacerles saber que estamos ahí para ellos. Pero tenemos prisa. Y ya sabéis quién está siempre. ChatGPT.
No quiero tener que depender de un modelo de lenguaje de inteligencia artificial para resolver mis problemas, o los de las personas a las que quiero. No quiero ver una foto y tener que plantearme si es real o no. No quiero leer un libro y darme cuenta de que realmente no me está diciendo nada. Porque una herramienta artificial no puede consolarme, no puede emocionarme, no puede hacer que tenga ganas de chillar y llorar a la vez. No puede.
Y estoy cansada y me pone triste, ver como cada vez somos más los que nos pasamos a este “lado oscuro” de internet, porque siento que ya ni las cosas más sencillas, las tareas que antes salían solas somos capaz de hacer. Necesitamos reassurance constante, y es triste y desolador que tengamos que buscar este consuelo en una herramienta ficticia. Me niego a pensar que las ideas que un día flotaban por mi cabeza se van a acabar yendo, o que no me voy a tener que levantar de sopetón cuando ya estoy a punto de dormirme porque me he quedado sin lo que me hace ser yo, mi creatividad y mi espíritu crítico. Quiero poder seguir llorándole a mi amiga porque siento que jamás encontraré pareja, o reírme con mi madre cuando recordemos ese problema que sufrí hace tres años que antes parecía un mundo, y ahora es nada.
Así que sí, probablemente sea una señora mayor metida en el cuerpo de una joven de veinticinco años que se niega a utilizar estas herramientas para su bienestar emocional. Pero al menos seré una señora que seguirá buscando formas de encontrar lo auténtico en todo, I guess.
OPINIONES Y COMENTARIOS