De dinastías el fuego.

Ese breve elemento tan letal,

Ese ser elemental que ilumina

en su grandeza el día con el sol.

De purezas y trasparencias el agua.

Que fluye, limpia, consume y se diluye

en pequeñas gotas de rocío,

o en chubascos que lo inundan todo.

De arenita y polvo la tierra.

Que ruge y tiembla como león, como gelatina.

Nada queda en pie si ella se mueve,

nada… por muy fastuoso que sea,

o muy rudo, nada queda si ella se mueve

o menea.

De alto vital y soplo divino, el viento.

que con su nostálgico andar, nos desnuda,

nos quita la ropa, nos ensucia el patio con las hojas

que caen, cuando el sopla.

Imparable cuando se convierte en tornado,

sin sosiego el viento se lleva todo, todo…

hasta esos recuerdos que no queréis soltar.

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