Cacería de lobos
La ventana a medio cerrado, la tarde muriendo lentamente. Pronto la oscuridad se apoderó de la habitación y sus cuerpos calientes, sin pecado, provocando más la furia que vive dentro de sí. Pasión desenfrenada, deseo y ternura solo acompaña la mente de Marly la chica que noche tras noche de locura, anhela que regrese su cazador a la selva que la arropa.
Punch Punch…
Se escuchan dos toques secos, sobre la madera de pino que compone la puerta de la casa.
Marly sale al asecho y tras confirmar la presencia de quien espera. Quita el seguro y se retira lentamente a la vez que le dice cautiva:
-Empuja, entra y cierra.
Al pasar entre la penumbra de luz que cubre la sala, camina un cuerpo masculino de alta proporción de estatura, no muy delgado y piel morena. Ella lo espera sentada en el sofá adyacente a la entrada.
-¡Te extrañaba!- Dice Marly tras siete días sin ver a su fiel seductor.
En su mirada los ojos que expresan el agrado que se levantó al volver a verla.Sentándose junto a ella, planeó con las manos sobre los hombros, paseó los dedos en la piel nevada de su rostro, la besó con sus labios carnosos en el cuello desnudo.
Estaba despaldado por él y hacía un pequeño giro, cara a cara, solo visto por la oscuridad de la noche que ya asechaba. Esos, sus ojos marrones intenso que seducían a Marly.
-Sabes…
Él quiso decir algo, pero ella puso el índice de su mano derecha en los labios que tanto le agradan y lo silenció:
-Shhh…
-¡Calla!Y ¡Cázame! – Haciendo referencia a su perro cazador.
La chica se incorporó, caminó sensualmente pasos danzados, se detuvo y lo miró.Extendió un brazo, lo tomó de la mano helada que todavía tenía el frío camino que antes atravesó. Lo condujo como un noble perrito que se deja llevar por su ama, hasta el hábitat donde duerme. Entraron, sin molestarse en juntar la puerta.
– ¿Qué más da?La casa está vacía- Le susurró, ella, al entrar.
Aún con sus manos agarradas, la aló frenándola y trayéndola hasta sentir la rosa de su frente en sus labios.
Palpó su mentón y suavemente, el rostro hacia él. Inclinándose un poco, muy despacio, besó alrededor de los labios con los suyos. Con una mano es deslizante, con movimiento imperceptible, el vestido púrpura que cubría su monumento carnal, mientras que con la otra dibujaba corazones y flores en la nuca.
Ella suspira y cierra los ojos avivando más las sensaciones en la mente. La sentó en la esquina de la cama, de reina, mientras su rey se desvestía. Una cada prenda que se retiraba doblaba hacia ella y le besaba el rostro.
Quito su camisa y besó un abrigo, desató los calzados y lamió detrás de la oreja izquierda, retiró el pantalón y besó la nariz acompañada de un mordisco.Se dejó el calzoncillo para que ella se lo retirara.
La recostó y se tumbó de lado hacia ella, besándola y acariciando sus escarpados pechos excitados, su respiración era rápida, igual que el corazón del corazón. Ella llevó una mano hacia el ecuador del cuerpo que la ceñía, fue retirando la tela escasa que aún mantenía, mientras se ponía sobre él. Lo osculaba desde el rosto, cuello y pecho, fue deslizándose con los labios hasta las entre piernas. Al cabo de un rato se viró rápido y la puso debajo, mordió sus bragas y haló, ayudado por la mano, las arrebató, bajó hasta los talones besando toda la piel a su paso.
Ella dijo sorprendida:
-Estas eufórico, cazador.
-A penas, comienzo… Pronunció su callado, Kaleb.
Con un paño en las manos y en el suelo miel de abejas dibujando un barco con sus besos lamidos, surcando las olas de sus pechos fue dejando estelas de caricias en su piel hasta que naufragó en el abismo del océano de su cuerpo. Ella no sabía no tenía voluntad, no estaba allí, lejos en un mundo donde solo ella junto a él lo habitaban. La piel clara de ella se erizaba al contacto del gusto del moreno. La desató, luego la puso mirando hacia abajo, pero en posición fetal, acariciando su espalda, la azotaba como cochero a su caballo con su mano. Ella gritaba de placer, así pasaron la antesala de la noche, estaba al borde del orgasmo, cuando su Kaleb se retiró silente.
Quedó con las piernas semi abierta y vibrante, como sierva luego del tiro de su matador, en la habitación oscura, en medio del silencio abrumador que la envolvió, pasó medio minuto impaciente… Él calla y espera unos segundos más, se acerca de la toma, al final de la espalda se sujeta como alpinista en roca y rápido pero suavemente introduce su explorador en la caverna húmeda de su afrodita, con los movimientos rítmicos al compás de la música de fondo que entonaba su corazón.
Ella grita… Suspira… Y muerde los labios.
El sudado y excitado se retira, la sostiene y la recuesta cómoda sobre la mesa que le da suculento banquete.Se balancea hacia ella y la besa como si fuera el final de la vida, la abraza y acaricia. Recorre el cuerpo completo con besos y mordiscos.
Cerca de las dos de la madrugada se agota el recreador que gozaba el explorador, el compañero del cazador y el amante del trabajador de su compañera regresan a concluir con su tarea. Trabajar con ritmo, furia y la pasión de ambos, cambiando su posición a menudo.Ya casi encentraba el yacimiento con la recompensa anhelada. El flujo en la entrada de un agujero, se hace cada vez más visible facilitando la fricción, al tiempo que más placer al peón.
El volcán que yace dentro de Marly ya no se retiene más, está a punto de estallar y su Kaleb lo desea con ansias desbordantes.El explorador se excitó, animó más tras sentir el movimiento de todo el cuerpo que alberga la caverna en la que trabaja.
Escapando un aullido excitante, Marly explota en un concurrido orgasmo cargado de un paradisíaco placer, su Kaleb aumenta la fricción, no tiene mucho tiempo para compartir la sensación que ella experimenta al tiempo que se retira lentamente su cintura, se recuesta ligeramente sobre el cuerpo tumbado de emoción su lobezna, la abraza y besa hasta que el sueño los alcanza. Rendidos en los brazos del otro, quedan dormidos. Tan solo con una frazada que cubre sus desnudos cuerpos.
Darán las tres y veinte de la madrugada, concluye una noche de pasión, loca y exótica. Marly no quería llegar al amanecer donde su Kaleb, retorna de donde vino para esperar otros siete días, con el propósito de reencontrarse en la siguiente cacería erótica….
Seis treinta de la mañana…
Caricias, una mirada, un beso y un hasta pronto…
– – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – –
Villano al asecho.
El frío viento besa su rostro, mientras camina por las calzadas del parque central en las inmediaciones de su casa. Viene andando, así como las piernas. No es mucha distancia la que recorrería, no más de seis cuadras lineales. La chica lleva puesta, está sumergida en sus pensamientos sobre cómo le irá en la cena de esa noche. Nunca se preocupa por su dieta, más hoy en día fuera de lo común, compartir mesa con el invitado no solo especial y exquisito, de su vida.
Ya se acerca al último tramo del área verde con losas marrones, aumenta la velocidad de los pasos; es la parte más oscura, fría y grimosa del lugar. Percibe que no es la única en la dirección, pero quien la acompaña en el camino cuida sus pasos. Aquí la sigue de cerca, pero no se adelanta por más que ella deja espacio en la vía peatonal. Su corazón tarde con furor, experimenta miedo debido al ambiente desolado. Lleva la mirada hacia el suelo, como despistando el pensamiento de persecución. En un momento se da cuenta de que no hay pasos para ella: se detiene, gira el cuello y el dorso, levanta la mirada para a confirmar su percepción, esta pierde en la distancia y la oscuridad. Respiró hondo de alivio al tiempo que recuperaba su antigua posición para continuar su ruta ….
-¡Aaaaaaaaaarrgggggghhhhh! –
Un grito que lo absorbe el vacío del parque y se ahoga en el paño de su mordaza. Lo último que vio fue una venda negra frente a sus ojos.
Más tarde alrededor de unos cuarenta minutos o una hora, Marly siente que está sentada en un sillón de madera no tan cómodo. Les atan las manos a cada extremo del asiento y los pies estirados y atados.
Su captor no ha hablado hasta el momento, se ha perdido cerca de ella y le ha pedido que se lo lleve. Sin ver nada, aún siente que la manipula y apunta a su rostro a la altura de la boca. Tocándole tímidamente los labios y dientes, mojándose con la saliva que vende por culpa de la tela que no le permite hablar.
Marly siente el sabor de ese orificio frío, al compás que el villano toma el cabello y la hamaquea hasta hacia él.
-Mmm … Mmm … Mmm …
Ella balbuceaba, tras los movimientos y objetos en su boca.
La captura y el comportamiento hacia la joven por parte del protagonista de su cautiverio son dignos de un hombre.
Retira la mano del pelo sin alejar mucho lo demás. Con la misma arrebata el nudo de la tela que detiene, en la boca.
-Aww …
-Mmm … Ahgg … Ahgg …
Marly aprovechó que la eliminación de la mordaza para gritar unas palabras, pero fue silenciada por su oponente quien le introdujo y movió más el armamento. Ella se escuchaba como si tuviese náuseas. No podía hablar, su respiración parecía el galope de un potro.
Sintió como su blusa disparaba uno a uno los broches al aire, al ser con fuerza a la prenda sin quitarla por completo, pero dejando casi descubiertos sus callados pechos.
Él, de un tiro liberó la boca de la chica del arma ya toda húmeda. Tragó y respiro hondo recuperando el aliento. Quiso gritar pero él, la silenció acercándose a su oído izquierdo y con voz de burla dijo:
-Shhh …. Nadie te escuchará. Estamos en el sótano de una cabaña a las afuera de la cuidad.
Calló y luego continuó:
-Ahorra energía y disfruta la ocasión, eres mi invitada.
La voz se apaga y más tarde siente una sensación fría y húmeda en las cumbres de sus lomas. El clima en estas, cambiaba al contacto con esa nube con su atmósfera. Hasta el momento que llovió ligero, entre ellas.
La condición climática de las nubes frías y cargadas de lluvia cambió de forma descendente desde lo alto de las montañas gemelas de la sierra de su cuerpo hasta el valle. Recorriendo todos los rincones del mismo, acariciando con suave viento.
Marly movía la cabeza de un lado al otro como la báscula de un reloj antiguo, pero más lento. Acompañada del miedo, pareciera que disfruta también de lo que el villano puede provocar al jugar con su cuerpo, como si fuera un mapa geográfico.
Sintió más tarde que la nube que la cubría se alejaba, cada vez descendía más, como la niebla que cubre el valle y las coronas de los árboles son ocultados en su espesor.
Al cabo de un largo rato de intensa lluvia en el cañón, fue un río perenne que fluía sin corriente, solo con el impulso de la lluvia que le dio vida.
Entre sollozos dijo:
-Nunca imaginé la sensación que siente, al ser secuestrada.
Rió el captor y pronunció como si disfrutara aquello:
-Pensé percibir el miedo que te acogió en el parque, cuando te vas por los arbustos sin que las palabras para capturarte de frente.
Volvió a decir el mismo instante que desveló la venda que cubría los ojos de la chica.
Marly, la mirada, la mirada, el rostro para el futuro con la escasa luz de una lámpara al villano que la acompañaba, en ese sombrío espacio, soterrado. Y dijo intrigante:
-¡Tú Sabes, cómo excitarme, Kaleb!
– – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – –
La mansión del pantano.
La fricción del bote en el agua, causa vibraciones excitantes para la pequeña marea de su tripulación, la brisa que los frena en su avance, peina el arcoíris de cabello de la tripulante, a su antojo. El capitán de la nave señala hacia un surco en medio de la maleza de árboles y hojas que empañan las orillas de aquel intrépido lago.
El sol a media puesta, las nubes desafiando a las montañas y dejando el amplio cielo a Merced de la noche.
-Estamos casi llegando-
Resuena casi sin compresión la voz del capitán.
Ella, mira a su alrededor, y se deleita con la nada que los acompaña. Dirige el dedo índice derecho hasta sus labios, lo chupa y sonríe al mismo instante que suspira como cuando tomas una soda. Lo disfrutaba…
Se asoman a un viejo muelle de madera
Que se pierde entre los matorrales y amarran con una cuerda atada a un árbol el bote, como si fuese un caballo. El capitán ayuda a la señorita a bajar, sosteniéndola de una mano, misma que no le soltó hasta entrar a la casa. Cada vez que pisaban sobre uno de las cinco filas de tablones que componían el puerto improvisado, este rechinaba como si no aguantase el peso de los visitantes y fuera a desplomarse.
La chica lleva un cobertor verde oliva para la noche en caso de frío, este lo tiende en donde estaba la sala en la casa que encontraron al final del trillo podrido que los conducía.
-Alguna vez, esto fue una gran mansión-
Dijo el capitán, al subir los limosos escalones junto a la entrada principal. Estos subían hasta un balcón revestido de mármol blanco. Que dado al abandono y silencio del lugar, daban un aspecto de cripta funeral.
Ya casi no se distinguía el entorno, pero se apreciaba perfectamente los marcos sin ventanas, de la sala forrada en caoba. Lo que fue un ventanal lo componían tres grandes huecos, por donde se colaba la luz de la Luna, desquiciada por ver lo que hacían estos en el lugar más apartado del lago, donde solo los que no le temen a nada pueden venir a visitarlo.
La chica se acercó con cautela y mordió suave el hombro, cerca del cuello de su capitán. Tomándolo por las cinturas de
lado a lado, con sus manos. Él inclina la cabeza y la gira al lado opuesto del mordisco, gira con cautela para no encender el instinto salvaje del animal que lo mordió. Ella desliza las manos espalda arriba. Mientras él la toma de las nalgas, la retrae y levanta. Ella se aferra a su capitán con las piernas envueltas sobre las cinturas que antes sostenías suavemente, ahora ella es el barco que se ancla a su cuerpo.
Los sonidos de los animales del bosque ambientaban la cabaña, aturdían más la noche que ya se dejaba sentir sobre el cielo poblado de estrellas.
El capitán, elevó las velas que blancas que cubrían su barco y se refugió en la proa, con caricias y besos. Sienten el susurra de un mensaje en un oído:
-La noche está helada, calada. ¡Encienda las calderas!
A toda máquinas, el barco quiere llegar al puerto de origen.
El capitán le desprende las amarras y eleva las anclas. Las pone a descansar sobre el marco de lo que algún día fueron ventanas.
La emoción y el placer son las únicas nubes de niebla que empañan la noche fría y húmeda del recorrido por el pantano, de un capitán cuyo barco está amarrado a su cintura. Que se mueve hacia y desde él, con el ritmo del oleaje que provoca la tempestad del momento.
El viento se colaba, entre los árboles desnudos del bosque pantanoso. El suspiro hecho vapor al salir por las chimeneas del cuerpo curvilíneo, de un barco cuyo capitán lo está al borde de estallar.
…Caricias y…
…Besos y….
…En medio de la oscuridad, el frió y…
Detonante perfecto, chispa que fluye en camino de pólvora que conducen por el cañón.
Las aves que dormían en las copas de los árboles del bosque, vuelan despavoridas, tras el susto. Por el grito fino y prolongado tras explotar en un órgano intenso y prolongado… la chica que se hacía llamar el barco que navegaba el ritmo y mando de su capitán. Yace tirada en el suelo sobre la manta verde olivo, sintiendo las caricias de los besos de unos labios carnosos sobre sus pechos, labios que dejan de besar y….
-¡Marly!-
-Eres, el vivo placer sexual encarnado en una mujer.
Dijo cesante, el capitán de su barco y Kaleb de su cuerpo.
– – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – –
Luna sangrienta.
Parada en la ventana, con sus ojos empapados de lluvia salina que se desploman por su rostro. Ve llegar a su amado, vestidos de negro con una chaqueta de cuero. Y dibuja una sonrisa pobre en sus labios, que se borra en el ahogo de su llanto.
Entra, se postra recostado de la pared que sostiene la ventana frente a su ama. Besa la boca escarlata y salubre. Le susurra unas palabras eufóricas y sin él terminar, ella se voltea y se aleja.
-Amo tú intensidad y deseo- dice mientras camina. -pero, hoy no puedo y eso rompe mi alma, por ti y por mí.
Él, mira hacia arriba y piensa. Sin demorar le responde.
-Hay Luna ensangrentada en tu cielo. Pero, no es resistencia.
Ella, se volvió hacia él al esculcarle. Sin pensar y con voz decidida dijo:
-¡Vete, Kaleb!
¡Vete!
Y con despecho continuó:
-Búscate a alguien y complácela como a mí.
Kaleb, decide caminar hacia sus brazos. Y cuando dispone a moverse, escucha una voz con enojo diciendo:
-¡No te vayas!
Respira hondo, suspira y continúa.
-¡Quédate conmigo!
Luego de unos momentos de incertidumbres.
Él, la postra en la cama de rodilla como si fuese un cabello que ensilla con sus brazos entrelazados y se recuesta sobre su espalda desnuda, al igual que su jinete. Le recorre el cuerpo con caricias cortas y seductoras se inclina más junto a ella y a la altura de sus oídos le dice en voz casi callada:
-No deseo a nadie más. No existe mujer que libere la bestia sexual que duerme en mí, como tú.
Ella sonrió a la vez que, más se excitó.
Las piernas le temblaban al sentir los masajes eróticos que su Kaleb le daba, a lo largo de cada centímetro de su cuerpo.
Su piel pálida y estriada en respuesta a los toques casi mágicos, de quien fuera su jinete. Sus pujos sordos tras el azote en sus muslos de una fusta de piel y carne. Las campanas del reloj resuenan en la sala, doce veces. La chica con mediana voz sin poder controlar sus emociones, pide receso. Su cuerpo no soporta más caricias electrizantes, de las manos lubricadas y azotes de su Kaleb.
Obediente perrito, se aleja del cuerpo vibrante de su ama. Se alejó para acomodarla. La sostuvo, cargó y posicionó en la meseta de la cocina. Boca arriba con los brazos extendidos y piernas entre abiertas.
Una rosa ya despeinada descansaba entre los dedos del caballero que la acompaña. Los pétalos rojos como la luna de aquella noche, se abren camino por sus talones y pone dirección hacia el norte. Van escalando sus pulidos pies pasando por las alomadas rodillas y sumergiéndose en la textura de los muslos. Llegando al fin a las puertas del infinito. Donde con movimientos suaves y de poco rose, sobrevuelan cada unos hasta sentir el rocío tibio, que nutre sus vidas.
La fusta, vestida de crema es paseada por los labios de quien yace semi crucificada en un pedazo de granito pulido que sirve de rígida cama, en la cocina. Los labios húmedos y lengua inquieta desnudaban la fusta con sus movimientos lentos y apasionados.
Con el pétalo de su boca, lame las cavidades de su cuerpo que yace de lado sobre la pulida roca. Con abundante líquido para regar las
plantas de los orificios, recorre por los huecos semi descampados, sintiendo el rico placer de navegar otras aguas ya turbulentas por la sensación y temblor de su lecho.
Truena en el cielo de aquellos mares, se avecina la tormenta esperada que moje sus encantos, afrodisíacos de las nubes que no sostienen más aquella lluvia larga e intensa.
Con más furor rema el moreno, con su pala en las olas de que chocan entre sí y en las paredes de la abertura en forma de manzana partida a la mitad.
Si más retardo se deja sentir el elixir de vida que buscaba el alquimista del desierto de los placeres de Marly.
Un orgasmo prolongado puso fin a la noche apagada y Luna triste que a la chica ya le acompañaba.
El sismo de su placer fue tan intenso que le dejó sin fuerzas y durmió sin saber dónde estaba. Horas más tardes despierta cubierta con una manta hasta el cuello, que contrarrestaba el frío del amanecer. A su lado descansaba una carta, escrita tinta de su color de preferencia.
Kaleb se despedía, hasta la siguiente noche e instruía a detalle el siguiente juego:
…
– – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – –
¿Traición o pasión?
Contrata a un profesor para clases particulares, son de estos tipos a domicilios. Marly necesita aprender técnicas para resolver problemas matemáticos más fáciles. Ya que pueda que tenga que coger una prueba de esta forma.
El tutor ha llegado a la hora pautada, aunque no quería ella que fuese muy tarde ya que recibiría al ser que la visita cada siete noches. Pero el maestro tenía otros asuntos antes. Suena el ruidoso timbre de la entrada, ya ni recordaba lo escandaloso que era. Pues, si fuese Kaleb se distingue al llegar, él se anuncia a ella con dos toques secos y directos sobre la madera de la puerta. Marly le abre y lo invita a pasar.
-Buenas tardes, joven.
Dice el caballero, al ser recibido por la nueva alumna.
-Hola, adelante. Puede acomodarse.
Contesta al saludo, la chica. Ella lo deja en la sala y va en busca de sus utensilios para la clase. Él se pasea de un lado a otro, observando las fotografías que adornan la pared. Al regresar, el maestro mira la bata vieja que tiene la alumna, y piensa que está cubriendo un cuerpo exquisito digno de su juventud.La escultural mujer está lista para sus clases a la vez que su figura atrapante está calentándose para la noche que viene tras la clase.
Han pasado casi una hora de clases, la chica está activa pero pone más atención en el patio trasero de su tutor que en la pizarra que tiene para la enseñanza. Él la invita a completar un problema a modo de práctica, en el mismo pizarrón. Se levanta lentamente de la silla, sin perder la mirada que está clavada en los ojos negros de quien la mando. Pisa suave y meditando cada huella. El profesor le acerca el crayón para que lo sostenga. Al llegar hacia donde estaba parado: se detiene, mira hacia sus pantalones y arrebata, sacando lento crayón de la mano.
Una isla emerge bajo su cintura. Ella dibuja un beso en vez de escribir el problema. Mira lo dibujado, sonríe, vuelve a mirar hacia el individuo y le señala. Indicando que ese beso es de él.
El deseo de Marly pudo más que la espera, su cuerpo tiene hambre y tiene la comida en su frente. Que satisface el eterno apetito de una ninfómana.
Se retira la bata dejando una sensual ropa interior negra que ciega sus atributos por momentos. Sostuvo y aló de la corbata del hombre, con su mano derecha y con la otra en un momento fugaz: posó y pasó por su isla emergida tapada con las telas.
Se sienta en la mesa del comedor, casi empinada. Deja a medio bajar la tela entre sus muslos. El profesor desabotona lento su camisa mientras camina hacia ella. La chica reclina el dorso hacia él y se encuentras con el toque de
Sus labios. Su respiración se enriquece y su deseo va en aumento. El saca un nuevo crayón y dibuja claveles en su abdomen.
Ella ya no sabe si es pasión o tentación pero desea dominarlo por completo, sentir que es su dueña. Lo empuja y recuesta: espalda en la columna más próxima a ellos. Recoge la corbata del piso y le venda el mirar. Con el cinturón del pantalón lo golpea suave y sin dolor en los muslos a la vez que le ordena:
-¡No te muevas! Ya regreso.
Va a la cocina y trae consigo una silla alta del desayunado. Pone bajo su patio y ligeramente lo sienta.
-Es hora de tu clase.
Le dice con cierta maldad en su voz.
Él le responde que no puede ver para atender mejor, a lo que le contestan con una caricia en el cuello con el cinturón:
-¡No te hará falta ver!
Recorrió su figura esbelta con su parte más húmeda, habiendo paradas por doquier para succionar aire y sal de su cuerpo. El solo suspiraba y la dejaba estudiar su anatomía. En ocasiones pareciese que su lengua era un cable eléctrico, por su reacción al contacto con su piel. Así se pasó un cuarto de hora. Dándole sufrimientos eróticos a su tutor.
Ella se apoyó en la silla que antes él usaba, puso ligeramente sus pechos en ella y sostuvo con sus manos el espaldar. Él la rodeó como torero al toro. Y besó con gran furor mientras acariciaba la joroba que se representó en su cuerpo.
Caminó y recorrió todo un sendero en su campo. El camino se tornaba estrecho y estresante les dolían los pies su compañera grita, a la vez que pise seguir caminando. Lleva una carga pesada y solo la puede liberar al final. El suelo seco del lugar solo siente humedad, con escasas gotas saladas que desprende el caminante. No está solo el campo le habla e insista a persistir, el calor lo agobia y las pendientes curvas de la geografía lo hacen esforzarse y sostenerse de las paredes de las dos montañas que lo rodean. Ya casi llega a la sima. Allí lo espera es gozo pleno de su sacrificado andar. Y el sendero excitado ya que es un solitario y hoy tiene un huésped, va limpiando su caminar, a la vez que se estrecha para que su andante sienta su tesitura al pisar.
Ya va sintiendo que llega a la sima, siente el sendero los pasos corridos del galopante que ya no solo camina, más bien corre para llegar y soltar su carga preciada a la dueña del camino.
Siente una sensación escalofriante del cansancio que le sube desde los pies y le revuelve los músculos hasta el final. Hace el último movimiento de su caminar, llega y deja salir un intenso y prolongado grito que nace desde su más profundo ser. Está tembloroso desde los pies a la cabeza, está exhausto del cansancio que por poco pierde el sentido. La dueña del camino lo abraza y anima a descansar lo lleva a sentarse junto a ella, mientras disfruta del regalo que esté misterioso ser le ha traído…
La chica le soba el cabello, al profesor que yace extendido en el sofá cerca de la ventana y antes de que diga alguna palabra, sonríe y complacida le susurra al oído:
-Maestro, espero haber realizado bien la tarea. Que está escrita en su carta…
– – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – –
Primera Noche
La carretera sola, perdida en el manto de la oscuridad y el silencio. La noche como espuma ciñe el ambiente, al fondo en el horizonte salen unos escasos rayos de luz. Las nubes los abrazan, pero aun así luchan para alumbrar el camino de las almas de la tierra.Perdidos en la nada, de una vía sin fin. Yacen dos seres que lo único qué pasa por sus mentes, es la idea de amar el tiempo que están juntos. Donde el mismo, se detiene y sede al deseo, al ser quien sea con esa persona que te complementa y hace que tu interior, pase de: pasivo a volátil.
La locura se apodera de la situación y las horas se convierten en cortos segundos eróticos.
Llegan al paradero que los acogerá, en estas tiniebla ocasionales. Al apagar el motor del automóvil que los conducía, la soledad en sus oídos fue abrumadora. Él, la ayuda a salir del auto, sostiene el abrigo que la protegía del clima. Y proceden a entrar a la cabaña de madera, con techo de metal donde pasarán la noche. Ya dentro y descansados, luego haber podido alimentar sus estómagos. El joven invita a su acompañante a sentarse junto a él, a pocos metros de la chimenea.
Ella sonrió en muestra de agrado y asintiendo a la propuesta. Sólo los alumbraba la flama brillante de las llamas, el leyó su mirada y comprobó que deseaba, lo que él en su mente tenía. La tomo del mentón con un tímido, pero seguro gesto colocando sus dedos sobre ella. Inclinó tan solo un poco, pudiendo sentir sus respiraciones uno en el rostro del otro. Se detuvo por instantes, disfrutando ambos la sensación que les invadía.
Lento, fue deslizando y aproximando más sus labios a ella. Sin dejar de saborear con el tacto, el rico aire y olor de su amada: la besó.
Una nueva guerra se ha declarado entre las fronteras de la calma y la tempestad, que nutren en la batalla de besos, caricias y suspiros.
Se le escapan sonrías que no pueden retener, la sensación les provocan e invitan a más. Él motivado por su interior y la aceptación de ella, prolongó sus manos a otros terrenos de su piel. Como un río que nace en las montañas y defiende por ella, fue bajando por su cuello, apenas rozando con la punta de sus dedos. Su boca no se había retirado ni una segundo de la de ella.
Se acomodó en el lecho que lo sostiene y recostó a su fiel acompañante en sus piernas. Sin perder de vista sus ojos, fue rasgando la tela que cubría el cuerpo que descansaba en sí. Ella, se incorporó con ayuda de él, para proceder a dejar sin follaje al tronco que le acompaña.
La Luna pudo escapar de las nubes que la encarcelaban y se posicionó en junto a la ventana, que les alumbraba el rostro. Ella rastrillaba con sus manos la espesa barba, que como pasto cubría el rostro que apenas ve. Suspiraba hondo conforme a una sensación de húmedos masajes, en sus pendientes coronadas. Entre abrió las piernas y se sentó sobre él. Para estar más cómoda. Él la sostenía con masajes por la espalda.
Ella se entrelaza los dedos de las manos en su pelo. Mientras que unas lágrimas, desvirgan sus ojos y describen un cauce. Afluentes del océano que bañan el cuerpo de su Poseidón.
El rojo de la alfombra es único testigo.
Junto al espejo detrás de ellos, donde en él quedaron atrapados sus reflejos excitados.
– – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – –
Adiós ocaso…
Las olas al contraste con la arena, les acariciaban los pies descalzos. Dejaban las huellas en cada paso, un rastro que muere prematuro con el agua, cada vez que el mar viene y va. Dos cuerpos atados con sus manos, buscan un lugar perfecto para contemplar el adiós del sol. La playa está desierta, solo están estos visitantes esporádicos y las aves que sobrevuelan el mar en busca de su alimento.
Él, señala hacia una pequeña loma de arena en la orilla, a poca distancia del agua. Se quita la camisa y coloca sobre la superficie, su compañera se sienta sobre ella. Y él, junto a ella. La envuelve con sus brazos y besa junto detrás de la oreja, entre el cuello y el cabello. En el horizonte está el Sol, gigante y anaranjado. Tacando las puertas del infinito, donde el cielo se une con el mar.
Ella llora. El Sol ya casi se esconde, teme porque no regrese. Él la vuelve a besar y calma su llanto con susurros cantados al oído. La brisa el mar le toca la piel y acompañada de los besos de Kaleb, esta se eriza. No quiere perder aquello, pero es inevitable parar el Sol cuando es llama a calentar otros suelos. Su Amado la esperará hasta el momento de su retorno.
El penetrante olor a sal, escénica de él entra a su cuerpo y arde por dentro. Él, marea sus ojos con caricias perdidas en el océano de sus caderas.
En su mente predominan los pensamientos de lo que fue y lo que es. Otras noches y sus locuras. Entre tanto, unas horas de pasión y sólo amor. Cómo está, a la orilla de una playa desolada, que está igual su alma. Pues quedará sin nadie que pise las arenas que la forjan. Al pasar la noche, su flor quedará marchita a la despedida de la lluvia que le da vida. Una temporada de sequía se avecina, en cuanto amanezca. Su cuerpo sentirá la falta de ropa, de quien le abriga en las noches de frío. Cuyo ciclo son cada siete días.
La noche ya es madura. Pero, la pasión y la tristeza son jóvenes que se disputan por ratos, cuan más estar en sus cuerpos. Él descansa sobre ella, quien disfruta de su presencia y él va y ven de las olas que los mueve, tras ya haber subido la marea. Aún, tiene las nalgas pegada al suelo. Sienten la molesta arena en todo el cuerpo, en especial en sus íntimos rincones al descubierto que se besan sin cansar.
La Luna se refleja en sus ojos y una lágrima corre rápida, a encontrarse con sus labios pesados por el llanto.
Siente espuma entre sus piernas, la marea ha hecho de las de ella. Está complacida, más no feliz. Quería un romance en la playa, pero sin saber lo consiguió en el paso de un sol que se despide de su eterno amor: el día.
Ya se acerca el fin de esta séptima noche junto a su amado rey de los canes, y se niega creer que ya no podrá esperar siete días y sus atardeceres para el amor. Se quedó dormida de tanto su excitación y llanto. Él la protegió y llevó a buen sitio: seguro y caliente.
Ya es de madrugada, casi amanecerá. La noche pasó lenta y rápida. En su almohada sueña, poder despertar y ver aquel cielo que la dejó.
Amanece… Ya el sueño no la domina y con sus esperanzas y mente de su ayer, levanta la mirada hacia dónde está Kaleb…
Pero, se da cuenta que es otro día más y que ayer ya murió.
Encuentra una flor, príncipe negro en aquel lugar donde en el día anterior estaba él. Y una fotografía de su amado. Al dorso con sus letras, le dejó el consuelo:
-Pronto volveré…
-Y Allí…
-«Siempre nos encontraremos: en el atardecer, de una noche que amanece».
Te ama, tu Kaleb!
Todos l
Registrada en Safe Creative.
Código de registro: 1801285607569
OPINIONES Y COMENTARIOS