Coleccionistas

Coleccionistas

J. Lara

25/01/2023

Hace algún tiempo llegué ansiosa a tocar tu puerta y al verte sonreír, me calmé. Acostándome en tu cama, con la voz entrecortada exclamé;

– Hoy personas que amo se atrevieron a mentirme. En tono burlón recité sus palabras; “No soportamos verte en este estado, sabes bien que te sucede y no te atreves a aceptarlo, sus drogas te están matando.” Dijeron.

– ¿Mis drogas? – Dijiste indignado. ¿Cuáles?

-No entiendo, dije confundida. ¡Dijeron que debía parar!

Dejar de embriagarme con el alcohol de tus besos, ni inspirar la cocaína de tu olor, la anfetamina de tus caricias, ni inyectarme la heroína de tu cuerpo porque su adrenalina es fuerte, pero pasajera.

– Dicen que la mezcla de los narcóticos de tu cuerpo, me producen una sensación de éxtasis, fuerte, dulce pero pasajera provocándome alucinaciones de mutuo amor. Que al despertar me doy cuenta que solo es falso y efímero, y me causa temor. Que entonces corro a tu puerta buscando la morfina para calmar ese dolor, que consigo con una falsa sonrisa, que eres un falso traficante de toxinas, un coleccionista de almas, que el brillo de tus ojos verdes solo es un opioide corriente que nubla mis sentidos, haciendo que pierda la razón logrando que su mezcla provoque otra vez, mi alucinación de amor.

¡Dime pues, que nunca he alucinado, que mi mente está clara, que el éxtasis no es pasajero, que tu sonrisa, tus palabras, y tus ojos no son falsos, no son morfina para calmar cualquier dolor!

Soltando mí mano, encendiste un cigarro y te sentaste a mi lado.

Continué.

– ¡Dicen que tú también te das cuenta que es una alucinación, pero no me lo dices pues solo te interesa que vuelva para consumir el éxtasis de mi pasión y dejarme solo con alucinaciones de amor!

– ¡Cuánta mentira, la adrenalina, la conexión intensa es real! – dijiste sin titubear.

– Pero, no solo yo tengo alucinaciones de amor, tu brillo no es falso y lo nuestro no es efímero, es dulce, constante y real ¿verdad?

– Bajaste la cabeza en silencio.

– ¿Por qué callas? ¿acaso es verdad que lo me das no es real?

– Despierta hermosa – dijiste – todo esto ha sido pasajero, regular y es verdad que nublo tus sentidos con los narcóticos de mi ser pues quiero que regreses, que vuelvas por más, y necesito tu alma pues un día perdí la mía. No he tomado la tuya pues todavía deseo ese éxtasis tan dulce que he encontrado en tu piel.

Pero al final lo nuestro siempre será vago, vacío y yo solo soy un adicto a envolver tu piel con mis sentidos, no puedes cambiarme, no puedo ser tuyo, no puedo amarte. No puedo ofrecerte más y debo confesar que no eres la única que a mi puerta dejo entrar.

– Embustero – me viste consumir sin cesar, alucinar, llorar sin decirme la verdad, pensar que cada efecto era real y no veneno mortal. Sonriendo, fingías salvarme, levantarme, mientras me veías intoxicarme.

Salí rápido entonces y sentí un vacío en mi pecho lo toqué y sangró, era mi corazón que en ese momento se destruyó.

Ahora con descaro te encuentro en mi puerta, rogando perdón, deseando mi corazón.

Encendiendo un cigarro sonreí viendo tus ojos, acariciando tu rostro, dije;

– Tus ojos siguen siendo bellos, pero ahora veo que solo brillaban para hacerme creer que tus manos estaban llenas de rosas y que lo realmente tenías era un corazón frío, coleccionista de almas embustero, ¿deseas mi corazón? No puedo dártelo, no puedo amarte pues ahora la coleccionista soy yo, pero no colecciono almas sino corazones porque aquel día el mío se partió. J.

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