pasé la mano por el rugoso y áspero tronco , lo acaricie a la pasada distraída,
sintiendo la textura, desigual y dura que intervenía, sin piedad mi piel al tacto,
en el borde de la fuente pestilente y verdosa, revolvías calmadamente con un palo,
resultaste distinto entonces, como si te reconociera mi alma, antes que mis ojos ,
me miraste unos segundos casi indiferente al entorno y seguiste con lo tuyo
yo enredé de pronto el pie en el pedal cayendo ,en un tropiezo del todo aparatoso
de bruces, a solo centímetros de la pileta , paralizada por el dolor y el bochorno
te moviste contrariado y tiraste fuerte de mi como de un lastre, en un acto obligado
yo tartamudee una disculpa, que salió como un sollozo, y ruborizó todo mi rostro,
solo entonces me fije en tus ojos , marrones brillante y capotudos como de niño
en la barbilla se asomaba un lunar entre la barba rala y pelusienta de jovenzuelo,
los aparatos asomaron entre tus dientes y los míos hicieron el conjunto perfecto,
relajaste los brazos y cayeron cual cuerdas a los costados , yo miré mi pantalón roto
el aire se llenó de sonidos , excepto nuestras voces enmudecidas en silencio incomodo
nada me salía , tu inalterable volviste a revolver la mezcla verde de algas con aquel palo
yo levanté mi bici y la fui arrastrando, a un metro de distancia levantaste apenas la mano
sin despegar el brazo del costado, moviendo los dedos rápido , yo continué caminando
arrastré mi transporte pensando en las sensaciones dispares que esta tarde me habían inundado
el hedor del agua pútrida, el dolor en las rodillas, el nerviosismo la sorpresa de tus ojos mansos,
la vergüenza ,la ilusión en la despedida, ninguno logró eclipsar lo solido, compacto, rugoso ,
tibio y áspero roce de la corteza del de aquel árbol
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