Entre besos y caricias, y simplemente y por primera vez disfrutar plenamente de su propio cuerpo a través del cuerpo de otro, y del baile de almas que estaba ocurriendo en otra dimensión, que aunque invisible a los ojos, era palpable al espíritu, ella notó que había más luz sobre la cara de él, y luego de un minuto se dió cuenta que había comenzado el día. Pero debió interrumpir su vívido ensueño para preguntarle que hora era. Él, asombrado pero feliz, atontado pero divertido, le respondió entre risas «Las 5 de la mañana. Increíble!».
– «¿Me estas diciendo que nos pasamos 7 horas haciéndolo en todas las versiones que que imaginé todo este tiempo? Dios, no me lo puedo creer… nada de todo esto, en realidad!»
– «¿Sabes que es lo peor?» – preguntó él
– ¿Qué?- contestó ella en tono de pregunta pero con tono juguetón.
– «Que …» – mientras se inclinaba sobre ella para comenzar a besarle el cuello – «me pasaría otras 7 horas…» – mientras continuaba descendiendo por su pecho desnudo suavemente – «7 días…» – y al llegar al pezón izquierdo, se interrumpió apenas nerviosamente, abrumado por la enorme duda de si echaría todo a perder a causa de lo que estaba a punto de decir, pero la relajación alcanzada luego de esas 7 horas, lo impulsó a decirlo con seguridad y pasión. Se detuvo frente al pezón erecto, lo besó casi relamiendolo, se incorporó, y mirándola fijamente a los ojos, lo dijo: «…7 vidas, contigo».
Ella, aún envuelta en la ternura y sensualidad del momento, se sonrojó ante su romanticismo y se alegró por su ocurrencia y seguridad, pero su esencia temerosa en cuestiones del amor, saltó rápidamente a la acción y respondió con un sarcástico – «¿7 vidas? ¿Piensas reencarnar en un gato?» – que mató todo lo generado en esos 7 meses que se conocían.
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