Le escribo a ella que es mi anhelo, mi flor en el desierto.
Le escribo a ella que atrapó un alma en pena y la volvió un amante apasionado del amor y de la vida.
A ella que hace desaparecer mis tristezas en un día de lágrimas con tan sólo una sonrisa suya.
A esa niña que cuando la veo me vuelvo un náufrago perdido en su mirada, pero a la vez el
pirata más afortunado por encontrar el más grande tesoro.
A la niña que se volvió mi prioridad en cada segundo de mi vida, la que me robó los instantes, mis pensamientos, la que me robó el corazón.
A la mujer que llegó sin esperarlo, sin imaginarlo, llegó haciendo desaparecer las tormentas de soledad llenando esta alma de amor.
A la mujer que no tengo nada para dar, pero teniendo le daría hasta el más puro y perfecto
amanecer y el anochecer hacerlo nuestro.
Le escribo a esa niña que encendió este fuego de amor en mi interior y en su compañía derrite cada uno de mis miedos.
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