Antes de emprender un viaje es bueno consultarlo a Don Angel. Ni siquiera se le pregunta si conoce por allí porque recorrió, palmo a palmo, todo el país. Y si no fue, algo lindo le inventará…
Esta vez, con la idea de ir a Talampaya y al Valle de la Luna, lo busqué. Fue fácil encontrarlo: estaba en la misma mesa de siempre, del clásico bar de Avda de Mayo.
-“Hermosa zona, pero es para corajudos solamente” -me dijo mientras sorbía un trago de la ginebra que, a manera de honorarios, pedía ante cada consulta.
-“Usted dice para corajudos por los caminos de cornisa” le pregunté ávido de desatar su lengua…
-“No, muchacho” -contestó, rejuveneciéndome –“por las cosas que pasaron y las que pasan”… y se frenó, para arrancar, ya sin solución de continuidad, cuando le prometí, que luego de esa medida, tendría otra copa de Bols.
-“La sierra de Famatina” dijo y entrecerró los ojos –“Su cumbre, cubierta de hielos eternos consta de tres picos, el más elevado llamado Blanco o Alto (o Belgrano), el Negro y el Rosillo. El más elevado de los picos del cerro General Belgrano sirve como hito en donde coinciden los límites de Chilecito, Famatina, Vinchina y General Lamadrid. Alli habitaron diaguitas, subparcialidad guandacol de la parcialidad capayán. Esta gran montaña fue investida de un valor simbólico eminentemente religioso”
Hizo un alto para tomar aire….y otro sorbo … y siguió –“ No solo su imponente aspecto y su gran altura la hicieron famosa, sino la existencia, de importantes minas de oro, como La Mejicana. La jurisdicción sobre los yacimientos fue uno de los factores de competencia entre los federales y unitarios, por ejemplo entre Facundo Quiroga y Bernardino Rivadavia”.
Ahí lo interrumpi –“Don Angel, cualquiera que conozca algo de historia y geografía sabe eso y no necesita ser valiente”
Me miró con cara de pocos amigos –“pero seguramente no saben de los capiangos” -casi me gritó
Quedé absorto porque yo tampoco sabía y lo escuché atentamente.
-“En 1824, un hacendado de la zona, Facundo Quiroga, asociado a otros inversores, se puso al frente de la concesión de las minas y dirigió su explotación. Con su producto se acuñarían, a través del Banco de Rescate y la Casa de la Moneda de La Rioja, las monedas necesarias para el comercio de la región. Al año siguiente, Bernardino Rivadavia negoció –en Inglaterra- la creación de una empresa (River Plate Mining Association) para explotar las riquezas de Famatina. A su regreso fue designado Presidente y legalizado –como tal- en 1826. Luego de aprobada una Constitución unitaria, Rivadavia nacionalizó el subsuelo y la moneda y pretendió que aquella empresa inglesa explotara las riquezas de Famatina, sin poder hacerlo, ante la dura resistencia de aquel hacendado riojano. Como era habitual en esas épocas la cuestión se dirimió una batalla, la de El Tala acaecida el 26 de octubre de 1826.”
Carraspeó, arrancó con el segundo vasito y narró “Alli el General Gregorio Aráoz de Lamadrid, al mando de unos 2.000 soldados mal armados (aunque contaban con dos cañones, armamento que su enemigo no poseia) se enfrentó a la tropa de Quiroga: Unos 1200 hombres que, según dicen los pobladores, contaron con la ayuda de otros 200 que llamaron capiangos porque eran una mitológica mezcla de tigres y seres humanos. Después de horas de infernal lucha y con Lamadrid dado por muerto (aunque en realidad estaba malherido y luego de ser asistido por un poblador del lugar, huyó a Tucumán) la victoria fue para el Tigre de los Llanos y sus capiangos”.
Creí que había terminado pero no, le faltaba su estocada final -“los capiangos luego del triunfo, se trasladaron desde el extremo Sud de Tucumán, donde fue la pelea, hasta Famatina. Y allí se quedaron, para siempre… Incluso hasta el día de hoy, donde lugareños y turistas aseguran oír por las noches el ruido de sables al ser afilados y algún que otro grito, casi aullido, proferido cuando alguien se acerca a sus dominios…Cuando vayas veras que hay sitios donde ni siquiera los guías se atreven a penetrar. Ahora sabes el por qué”
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