🌿 Séptimo Recuerdo: Valeria nos habla de nuestra madre
El tiempo y los días transcurrían en casa.
Todo seguía igual: la misma rutina, las mismas necesidades, el mismo maltrato. Nada mejoraba ni empeoraba… todo se mantenía igual.
La niña Cele seguía trabajando.
Mi padre seguía vendiendo sus panes.
Laura, de vez en cuando, también iba a trabajar.
Y yo permanecía en casa con Mateo, ayudando en lo que nos correspondía.
Así pasaba el tiempo…
Pero algo empezó a cambiar en mí.
Comencé a notar cosas.
Comencé a ver diferencias.
Y, sin darme cuenta, empezó a nacer una duda dentro de mí.
En la escuelita veía cómo a los niños y a las niñas los llevaban sus mamás.
En diciembre, en Navidad, recibían regalos… lo que llamaban el Niño Dios.
Yo no.
Yo no recibía nada.
Yo no tenía una mamá.
Yo no veía a mi mamá.
Entonces comenzaron las preguntas en mi mente de niña:
¿Será que yo tengo mamá?
¿Dónde estará?
¿Será bonita?
¿Será que me parezco a ella? Porque yo no me parecía a mi papá…
Todas esas dudas empezaron a llenar mi pequeña cabeza.
Llegué al punto de que, cada vez que escuchaba un avión pasar por el cielo, salía corriendo a mirarlo. En mi imaginación pensaba que mi mamá venía ahí… que bajaría por una escalera y llegaría hasta mí para abrazarme y darme un beso.
Pero no…
Así no era.
Le hice esa pregunta muchas veces a Valeria, que era la mayor, pero ella siempre evitaba el tema.
Y a mi padre… no me atrevía a preguntarle, porque le tenía mucho miedo.
Un domingo, después de salir de la iglesia, Laura, Valeria y yo salimos a caminar un rato.
Mientras caminábamos, volví a preguntarle:
—Valeria, ¿yo tengo una mamá? ¿Nosotras tenemos mamá?
Y ella me respondió:
—Sí… sí tenemos mamá.
Sentí algo dentro de mí.
Entonces le pregunté:
—¿Y dónde está?
—No sé —me dijo.
—¿Está viva?
—No sé.
—¿Cómo se llama?
—Se llama Daniela.
Daniela…
—¿Es bonita? —pregunté de inmediato.
—Sí —me dijo—, se parece mucho a ti. Es blanca, alta, tiene el cabello largo… es muy bonita. Cuando te veo a ti, parece que la estuviera viendo a ella.
Eso me llenó de alegría.
¡Yo tenía una mamá!
Pero enseguida volvió la duda:
—¿Y por qué no está con nosotras? ¿Dónde está? ¿Qué pasó?
Entonces Valeria nos contó.
Después de separarse de mi padre, nuestra madre se enamoró de un hombre… y se fue con él. Tu tenía apenas meses de nacida cuando nos dejó.
Quedamos con mi abuelito.
Los tres.
Y él hizo lo mejor que pudo con nosotras… hasta que pasó todo lo que ya sabes.
Ese hombre del que ella se enamoró pertenecía a un grupo armado… y se la llevó con él.
Cuando nosotras huíamos con mi abuelo por las montañas, perseguidas por ese mismo grupo… ella estaba entre ellos.
En mi mente de niña, solo pude decir:
—¿O sea que mi mamá nos quería matar?
Y Valeria respondió:
—Sí… ella venía con ellos.
También nos contó que, cuando nuestra madre vivía con ellas, tenía un temperamento muy fuerte. La golpeaba, la maltrataba… como si fuera una mujer adulta.
Decía que nosotras éramos producto de una violación.
Que ella nunca quiso a mi padre.
Que él la obligó a vivir con él.
Y que por eso… se fue.
En ese momento, no sentí rabia hacia mi madre.
Sentí lástima.
En mi mente, pensé que ella había sido una víctima de mi padre… así como yo también me sentía víctima de sus maltratos.
Así que lo culpé a él.
Pensé que él era el responsable de todo.
Y aunque el tiempo siguió pasando… algo dentro de mí crecía cada vez más:
El deseo.
La necesidad.
El anhelo de conocer a mi madre.
✨
Próximamente les contaré mi próximo recuerdo.
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