La actitud del narrador: el tono y la atmósfera

Extracto de la lección La actitud del narrador: el tono  y la atmósfera, cedido por Talleres de Escritura Creativa Fuentetaja a la Fundación Escritura(s) para ser leído en el Club de escritura.

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Aunque digan que todo está ya dicho, por alguna razón no nos hemos cansado de escribirnos ni de leernos nunca. Quizás sea porque la esencia de la diversa magia literaria habita el mismo espacio que la humana: la extensión inacabable y misteriosa de la mirada. Cada autor arrastra en su visión de las cosas experiencias propias e irrepetibles. Por eso, porque cada mirada y cada vivencia es diferente de la de los demás, también el modo de expresarlas y el resultado —la obra— es siempre distinta. La Literatura es tan inagotable como peculiar e irrepetible es cada uno de sus autores.

Toda historia comienza cuando el narrador entra en el relato y, desde dentro, comienza a contarnos. Para hacerlo adopta, como sabemos, un punto de vista determinado, un punto de partida mediante el que poder enfocar y desarrollar la historia. El narrador va seleccionando lo que quiere decir y lo que, por distintas razones, prefiere no dar a conocer. Para todo ello ha de arrancar, irremediablemente, de su propia mirada: subjetiva y particularísima. Mientras el narrador cuenta su historia, se entiende que está mirando alrededor, recordando e imaginando para contarnos. Según hacia qué o hacia quién dirija su mirada, y según su propio modo de entender esa franja del mundo y su contexto significativo, expresará la historia y su desarrollo de un modo específico. Así pues, hablaremos en este capítulo de la actitud del narrador, de esa mirada peculiar y concreta que toma forma en un texto. Para ello, nos centraremos en ver cómo esa actitud se define a través de dos conceptos escurridizos que intentaremos describir y diferenciar: el tono y la atmósfera. Definimos como tono la actitud emocional que el narrador mantiene hacia el tema y hacia los personajes. Atmósfera será la masa de aire que envuelve el relato. Es importante saber que el tono surge del fondo de la personalidad del narrador mientras que la atmósfera, en cambio, nace del exterior, nace de sus sentidos. Ambos aspectos derivan directamente de la figura del narrador y contribuyen de manera esencial a la unidad del relato. Recubren la trama con una piel que todo lo rodea y cohesiona. Su misión es, por tanto, dar una forma —única, concreta y cargada de sentido— a esa mirada personal que el narrador mantiene sobre la historia.

El tono

El tono existe en el lenguaje escrito del mismo modo que existe en el lenguaje oral. Lógicamente, ambos se construyen con elementos distintos e indican, de formas distintas también, la actitud del narrador. El tono es, en narrativa, la actitud emocional que el narrador mantiene hacia el tema y hacia cada uno de sus personajes. Es importante que esta actitud sea coherente con el punto de vista narrativo escogido, ya que éste controla la organización de todos los componentes del texto y las relaciones existentes entre ellos. Los puntos de vista de los narradores protagonista o testigo son los más propensos a mantener una unidad tonal, pero también los narradores omnisciente o cuasi-omnisciente pueden conseguirla. La extensión de la novela hace que sea éste el género más propicio para mostrar diferentes tonos; no obstante, también en el cuento es posible encontrar casos de politonalidad magníficamente desarrollada.

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La atmósfera

La atmósfera responde a los estímulos sensoriales del narrador. Por eso nunca es una cuestión objetiva ya que, al igual que el tono, parte de una actitud personal del narrador. La atmósfera, por tanto, no es sino la objetivación, mediante elementos visibles, de los sentimientos del narrador; es la metáfora de un estado emocional. Dice Cortázar que la atmósfera es el aura que pervive en el relato y poseerá al lector como antes había poseído, en el otro extremo del puente, al autor. Sórdida, asfixiante, angustiosa, o alegre, desenfadada, frívola… Sea cual sea la elegida, vuestros personajes estarán respirando siempre ese aire que se estanca en el cuento y que hace de él un todo unitario y autónomo, un mundo que existe por su cuenta. Muchos elementos en el texto pueden ayudarnos a crear atmósfera. El tiempo y el lugar, el ritmo de la narración y el vocabulario, son los que vamos a estudiar aquí. No obstante, conviene no olvidar que hay otros más generales, como la propia idea del relato, la caracterización de los personajes, el estilo… que también ayudarán a su construcción.

En su cuento «Casa tomada», Cortázar logra crear una atmósfera de extrañamiento y angustia en el cotidiano del hogar.

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