Hay civilizaciones que se dejan leer como una crónica. Egipto, no. Egipto se deja leer como un río: vuelve, insiste, cambia de forma sin cambiar de naturaleza. Uno cree que ha entendido una escena —un templo, una tumba, un nombre en una cartela— y, cuando levanta la vista, el agua ya está en otro nivel....
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