Su entierro fue acompañado por cuatro gatos y la tía Aurora, con los despojos de esposa antigua que le quedaron prendidos entre los pliegues de su falda plisada. Teresa en cambio presenció el entierro a la suficiente distancia para que su penoso testimonio no arrastrara más rencores, lo hizo desde el anonimato de cincuenta metros...
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