«Nadie juega para desaparecer» convierte el juego de las escondidas en una metáfora de la vida, el amor y la ausencia. Un niño descubre que esconderse no significa querer desaparecer, sino esperar que alguien nos busque. La narración habla de los silencios, las heridas y las personas que alguna vez conocieron nuestros escondites. Porque quizá...
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