La cueva de las loberas miraba obstinada el mar, mostraba su boca enorme, la que rebasaba ampliamente la de una ballena jorobada, el ingreso a su profunda garganta estuvo negada para todos, solo era posible visitarla en dos escenarios simultáneos, primero en marea baja, cuando apenas las olas lamían la entrada, la segunda condición unida...
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