Ejercicio «Mostrar, no contar»

Dice que es por los despistes. Que luego la gente se siente mal y no
saben qué hacer. Y te lo dice tan tranquilo, con su traje de Dolce &
Gabbana de 2700 euros, su corte de pelo impoluto y una manicura
perfecta. Solo su corbata cuesta más de lo que ganas tú en un mes.
La decoración de su despacho, en la planta 20 de las Torres KIO, es
tan ostentosa que da grima. Figuras de ébano, arte abstracto y
gruesas alfombras de lana con motivos orientales. Con todo, cuando te
entrega la documentación para que la firmes, te tiende un boli Bic
azul atado con una cadenita de metal a la mesa, como en los bancos.
«Para que la gente no se despiste y se lo lleve sin querer». Cuando
se acabe la tinta, las últimas firmas apenas legibles —cuántas
manos tendrán que pasar por ese bolígrafo para que se seque a base
de firmas—, abrirá el cajón de su mesa de caoba y sacará otro
boli de una caja de cartón, un pack de 90 que probablemente le
durará hasta que se jubile. Un Bic de 40 céntimos amarrado a una
mesa de 7000 euros. Después revisará la documentación, la firmará
con su estilográfica Montblanc y te entregará una copia. Ni se te
ocurra pedirle un sobre.

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