Como el idioma nos separa, nos hace ajenos al mundo de otros y lo
vemos con miedo, porque soltar gritos por la boca hace sentirnos
amenazados. 

Como los dos que tengo en frente en una cafetería de
Estambul, los sonidos se elevan y suenan cada vez mas fuertes. Uno
piensa que en cualquier momento empieza la pelea, que le habrá
hecho ese hombre para hablarle de esa manera me pregunto yo. 

Y de golpe, ríen. Todavía mas fuerte.
No era pelea, era una anécdota, quizás un recuerdo, ahora ríen y
toman su té.

Así nos sentimos en frente a lo desconocido, con miedo a que no sea una anécdota.
Viajo para buscar respuestas, pero hasta ahora solo logré acomodar
una pila de preguntas nuevas. Ver como el reloj avanza hace desesperarme un poco y sentir que la vida es tan corta que se me escapa.

Realmente no hago nada para darle sentidos mi día a día como para
sentir que no desperdicio mis minutos.

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