Tener que mirarte así me desgarra,
tus ojos azules, apagados,
son espejos rotos donde se refleja mi culpa.
La enfermedad nos ata con hilos invisibles,
y tu silencio pesa como un muro.
Si pudieras hablarme,
quizás el dolor se volvería más liviano,
pero tus quejidos se mezclan con mi silencio,
y me ahogo en tu sufrimiento,
muriendo un poco contigo cada día.
Hay batallas que puedo librar
y otras que me superan.
La apatía me cubre como un manto,
me hace menos vulnerable,
pero también más distante.
Es diciembre,
y los juegos pirotécnicos estallan en la lejanía
como si quisieran arrancarme de este vacío.
La Navidad se acerca,
pero no logra encender ninguna chispa en mí.
La música triste no me pertenece,
no la asocio a nadie ni a nada.
Prefiero la oscuridad,
la compañía de la luz apagada,
y el último gesto de revisar mi móvil
sin esperar nada,
sin pedir comprensión.
Escribo para desahogarme,
para guardar lo que siento en un archivo invisible.
Escribo porque lo que fue ya no regresa.
Escribo para conmemorar lo efímero.
Escribo porque mañana,
quizás, el miedo se transforme en otra emoción.
Escribo porque solo las palabras
pueden registrar lo que aún me habita.
OPINIONES Y COMENTARIOS