EL VIEJO

EL VIEJO

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17/07/2020

Nadie podía explicar cómo, pero en menos de dos meses ese nuevo vecino se había transformado indispensable en las juntadas barriales. Se vestía de forma antigua, con camisas que nunca nos hubiésemos usado, bermudas que casi lo acogotaban y unos zapatos heredados de su abuelo con medias de algodón que superaban las rodillas. Semejante atuendo hacían disimular unos culo de botella que tenía este chicato de un metro cincuenta.

Si hubiese llegado cinco años antes se candidateaba a ser el centro ideal de todas las bromas. pero nos agarró buenos, en una etapa de tranquilidad y a fin de año, con más ganas de festejar que de molestar. No se si por eso o porque lo veíamos todas las tardes solo, como pidiendo una chance de acercamiento a nuestro caluroso punto de encuentro, un kiosko de mala muerte al que las viejas odiaban, pero un día lo invitamos a centarse en la mesa y desde aquel inicio de diciembre fue uno más de la barra, su asistencia perfecta y su predisposición para sumar puntos en todas las actividades hicieron que en febrero lo contáramos si o si para ir de vacaciones a las sierras. Es más recuerdo que tuvimos que armar un auto más, con él, eramos seis los viajeros.

Un poco raro, nunca había hecho deporte, le fascinaba leer y sin embargo entendía todos los chistes que la calle nos había enseñado, cuando emitía alguna palabra era para aportar algo diferente, nos hacía pensar, pero nos caía simpático. tenía un vocabulario que me recodaba a mi tía abuela, profesora de historia.

Jamas voy a olvidarme del relleno de su bolso para ir a cuesta blanca. Un botiquín con remedios raros y cremas solares. 5 libros, 2 bermudas, 4 pares de medias, un par de zapatos extras y sus clásicas camisas. Ni un par de ojotas, menos que menos una malla o las zapatillas para el fulbito de la tarde. Me preguntaba como se iba adaptar a la convivencia de los siete amigos que definitivamente fuimos a emborracharnos en el río y a comer asados de punta a punta.

Nunca pisó el río, y eso que le ofrecimos prestarle ropa, no tomó una gota de alcohol y comió más ensalada que carne; pero era uno más a la hora de las risas y estaba presente en todo momento. si bien lo tomamos como uno más, no dejaba de ser raro, se unía a todo pero no era actor principal nunca. Después de esa semana y media volvió disfrutando, como todos, de las aventuras de ese periplo.

Una vez finalizado el verano y con el inicio de la épocas de parciales, cuando más me iba a servir su presencia, desapareció. Se volvió a mudar a su Neuquén natal y nunca más lo vimos, nadie le había preguntado como se componía su familia o a que se dedicaban sus padres. Nos enteramos que era del sur porque don pepe, el dueño de la casa nos comentó que su madre quiso volver con su familia.

Jamás volvió al barrio, ni si quiera sabemos si vino a vivir como estudiante a Nueva Córdoba, fue como un anti héroe que nos cultivó un poco la cabeza y nos enseñó que los nerds también son simpáticos. En dos 5 meses hizo que lo recordáramos por años, sin haber hecho nada, sólo estar al lado nuestro en aquel verano noventoso

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