EL MEMORIOSO.
Juan José Filiberto, caminaba por las calles de la Boca, recordando la epóca, en que se juntaba con sus amigos a jugar con el balero y la pelota de trapo gastada.
No era un hombre de demasiada imaginación, lo cual le daba bastante rabia.
Ya cuando estaba cerca de la cancha, de su amado club xeneise, vio lo que en un primer momento le pareció como un oasis desértico, debido a que dudaba haber visto a unos pibes jugando con una pelota de trapo y a otros haciendo lo mismo con un balero. Se acercó y le pidió el balero a un chico que estaba jugando en ese lugar, para tratar de embocar, y ver si se acordaba de como se jugaba con eso. Se recordó, le vino un regocijo enorme a la mente por haberlo logrado, y se vio jugando con sus amigos. Lo que sentía que ya no estaba, y le daba mucha pena su ausencia era la lentitud para embocar que tenía a sus diez años.
Después pidió la pelota prestada a los chicos. Y aunque la bola, después de patearla, soló se fue afuera de la cancha, y no rompió la ventana de una vecina del barrio de la Boca, como cuando él tenía doce años. Creyó que sí se había roto esa ventana. Fue a buscar la pelota y se la devolvió a los chicos.
Y sentía como si ahora, le faltaba esa figura del Boca de la década de 1960 que nunca había vuelto a tener, después que la había cambiado por otra que no tenía repetida.
FIN
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