La pintura:
Aprovechando el caluroso clima de una mañana despejada de verano, Matías, un joven de 35 años, paseaba a su perro por un camino descampado a las afueras del pueblo de Tierra Arenosa. Alzó la vista al sol unos segundos para sentir en la cara sus rayos.
Al bajar la vista, esta no encontró al perro. Miró alrededor, pero no tuvo éxito.
-¡Flash! – lo llamó Matiás.
El obediente perro salió de detrás de un árbol, situado no muy lejos a su derecha, ladró un par de veces y se escondió nuevamente tras el árbol. Matías se acercó, y encontró a Flash oliendo un punto en la tierra. Arrodillándose, escarbó con sus manos el lugar donde olía el perro, y acabó desenterrando un antiguo cuadro.
Poniendo el cuadro bajo los rayos del sol, pudo ver una pintura qué mostraba a cuatro personas de espalda, mirando un punto fijo en el vacío detrás ellos.
A Matías no le gustó la pintura, pero sí el marco del cuadro, que parecía ser muy antiguo, por lo que decidió llevarlo a casa.
Al mostrárselo a su Flavia, su novia, está no ocultó su disgusto por la pintura.
-A mi tampoco me gusta la pintura – respondió Matias. – Solo lo agarré por el marco. Además, sirve para tapar el agujero en donde se levantó la pared.
Entonces, colgaron el cuadro tapando el agujero, y convinieron buscar una pintura que reemplace la que tanto les disgustaba.
-Qué extraño, no había notado antes esa silueta negra – dijo Matías a su novia, señalándole con su dedo una pequeña y oscura figura humana ubicada frente y a lo lejos de las personas de la pintura.
Una vez caída la tarde, Flavia salió a hacer los mandados, mientras este descansaba.
Minutos después, Matías se levantó del sillón para buscar algo con qué refrescarse. Al pasar junto al nuevo cuadro, le echó un vistazo, y lo que vio lo dejó petrificado. Las personas en la pintura que estaban de espaldas estaban ahora de frente, mirándolo con rostros de tristeza. Y, como si esto no fuera suficientemente estremecedor, la silueta negra en la pintura ya no estaba.
Matías se quedó inmóvil, mirando el cuadro durante largos segundos, sin poder entender lo que sucedía. Entonces, Flash comenzó a ladrar. Matías le dirigió la mirada, y vio que el perro miraba fijamente algo detrás de él. Al darse la vuelta, se horrorizó al ver una alta figura humana, completamente negra, parada pocos centímetros frente a él. Era como si una sombra hubiese obtenido un cuerpo físico. Antes de poder reaccionar, la extraña figura se abalanzó sobre él.
Poco tiempo después, Flavia regresó a su casa. Le extrañó oír a Flash ladrar tan enérgicamente. Se acercó a él, y notó que le ladraba al cuadro nuevo. Al observar la pintura, un pulso frío le estremeció la espalda al ver que ya no eran cuatro las personas de espalda en la pintura, sino cinco, y que la persona que se había incorporado al grupo era ni más ni menos que Matías.
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