Viaje corto

Viaje corto

Leonidas

06/06/2020

Habia entrado al penal, como esos mozos que creen saber todo sin tener experiencia en la locura que significa ser institucionalizado como carne para buitres humanos, que se han añejado en el encierro y la monotonia de los dias tras los muros.

__ ¿Asi que eres uno de los que tomo rehenes en el club de golf ?__ fue la pregunta del primer interno con quien se topo, cuando entro al patio comun.

__ y eso depende de quien pregunte.__ contesto altanero el novel convicto.__ Ya empezaste mal pibe, asi no se les contesta a los que copan la parada.

La juventud es excusa para cometer muchas estupideces, pero en una carcel casi siempre tiene un costo alto, y mucho mas cuando no tienes pergaminos ante tan particular comunidad.

__ No hay drama viejo, yo no me voy a dejar arriar como vaca p´a el matadero.

El preso viejo y curtido sonrio y con un dejo de sorna le retruco.

__ ¡Vamos a ver dijo un ciego ! __ y siguio su camino meneando la cabeza, como quien acaba de escuchar una estupidez evidente.

El mozuelo rancheo con algunos convictos de su misma edad, los cuales no se mostraron hostiles o pendencieros, pero si le dieron a conocer algunas norma no escritas, que se debian cumplir si o si para mantenerse de una pieza.

Si alguien pide saber tu nombre, daselo porque si no pude que te pongan un apodo insultante, que les de a entender a los demas que eres un pichon para usar como sirvienta de pabellon. Si tienes cigarrillos o frula, te conviene convidarnos a los que rancheamos con vos, porque si no puede que en el futuro no encuentres palenque donde recostarte, cuando el apremio sea evidente.

Nunca botonees a otro interno, con los guardias, aunque tengas un entuerto con el fulano, porque entonces dejaras de tener aliados y mucho menos amigos. Teniendo en cuenta todas estas premisas, el inexperto se fue adaptando al encierro; hizo buenas migas con algunos del pabellon y hasta compartio entretenimientos clandestinos, con algunos de ellos que le demostraron tenerle confianza.

Los diaz se hicieron semanas, y estas meses hasta que su abogado defensor trajo las buenas nuevas; el juez de garantias habia hecho a lugar el pedido de excarcelacion, porque tuvo en cuenta la falta de antecedentes criminales.

Muy feliz le dio la noticia a todos quienes en esos meses de encierro fueron sus compañeros, sus ultimas horas tras los muros fueron como si su estadia hubiese sido una temporada de perfeccionamiento de los que mantienen el negocio de lo marginal; volveria a la sociedad convencido que esta le debia los meses de encierro, y se los cobraria con creces.

La ultima noche fue de fiesta con la mayoria de los integrantes del pabellon, hasta que les apagaron las luces y los mandaron a dormir. Esa era la ultima noche, por la mañana bien temprano sabia que su liberacion era un hecho.

Pero resulto que el destino no le dejo pasar lo que habia evitado dar a conocer, porque en la causa tampoco constaba.

__ ¿Mira vos, asi que ya te largan che?__ lo volvio a interrogar el mismo viejo preso, al cual se encontro cuando recien lo internaban en el penal.

__ Si viejo por fin me voy 

__ ¿Cuando?

__ estoy esperando que llegue la orden del juez, y que me firmen la liberacion.

En viejo lo miro detenidamente al joven, y esta se transformo en milecimas de segundos, de una de un anciano a la de un ser inhumano que solo existen en los cuentos de terror.

__ Pero entonces ¿te pensas ir sin pagar?__ el pendenciero joven, sonrio burlon y le esputo al viejo.

__ ¡Sali de aca viejo ortiva !  a vos no te debo nada, y si te lo debiese tampoco te lo pagaria, porque me pasaria la deuda por el forro de los huevos.

Ni bien termino de decir esto, el viejo salto sobre el y lo domino como hace un baqueano con un ternero, y antes de que reaccionara le inco la faca tumbera, por debajo de la axila derecha, entro hasta el mango y cerceno la arteria.

__ Es cierto a mi no me debes nada, pero me mandaron a que te cobre la deuda que tenes con la piba que violaste cuando la tomaste de rehen.__ el joven sintio como la vida se le escapaba a borbotones, intento gritar pero la mano firme del viejo aprisionaba su boca con herculea fuerza. Se le doblaron las rodillas y los brazos tampoco le respondian, comenzo a caer en un sueño, pero en uno que sabia del que ya no iba a despertar.

Nadie sabia en el penal que este mozuelo era un «violeta», como se los conoce en la jerga carcelaria a los abusadores, pedofilos o violadores. Pero tampoco nadie sabia que la mujer violada era la hija de un ex convicto, que sabia como hacer funcionar el ojo por ojo en las cloacas del sistema.

 

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