Viajando en una larga ruta de camión que llevaba de extremo a extremo de la ciudad, desde el alba hasta el mediodía, en un trayecto pintoresco de paisajes cambiantes, desde los grandes edificios de concreto y acero, las coloridas casas de los vecindarios poblados, hasta los verdes y frondosos árboles en las afueras de la ciudad. Un trayecto en el que numerables personas suben y bajan, conocí entre tantas a una distinguida dama de elegante vestido negro, sobrio abrigo gris y coronada de plateada canicie, una mujer de mirada serena y pacífica, con una calma en su semblante como solo los años de experiencia saben dar.

Sentada al frente mío, exhalaba en su dialogo calidez y un profundo sentimiento maternal, una noble alma vestida de vejez que pese a poseer una mirada como aquella, había sin embargo en su expresión una ligera pizca de nostalgia por los días de tiempo atrás al hablar del pasado, con todo, se observaba en ella dicha y en sus negros ojos yacía todo cuanto vio, la vida que se consumió como una vela delante de si.

Entre sus arrugadas manos sostenía con apenas fuerza pero con firmeza un ramo de flores rosas y blancas, para el único y verdadero amor que la acompaño en su recorrido por la vida,

aquel con el que se acompaño durante el viaje y que se desgastaron juntos, asomando en sus ojos sentimientos que aun ante el ineludible paso del tiempo que nos flagela sin piedad cada día, permanecían intactos, aquel corazón no había envejecido como lo hacen nuestros fútiles cuerpos mortales, aquel amor permanecía arraigado, y que los años como a un buen vino, solo habían sabido enriquecerlo.

En la distancia, la ciudad se hacia mas lejana y el camión mas solitario, acercándonos cada vez mas a otra ciudad, una mas lúgubre y sombría, aquella en la que descansan los inertes cuerpos dentro de los cuales habito alguna vez la incontenible chispa de la vida y que se extinguió de la misma forma en que el largo viaje que recorrimos llegaba a su fin, uno semejante al que ellos mismos recorrieron hasta llegar a su parada final, si, el viaje de la vida.

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