Vacaciones Pandémicas Episodio I

Vacaciones Pandémicas Episodio I

Robin Fairlane

25/05/2020

Dentro de poco, muy poco…

En una galaxia cercana, muy cercana… (¡¡¡en ésta misma, ni más ni menos!!!)

VACACIONES PANDÉMICAS

EPISODIO I: A LA PLAYA, Y QUE LA FUERZA ME ACOMPAÑE…

Esta es la triste historia del comienzo de unas vacaciones en la dichosa “nueva normalidad” de los cojones… Perdonad el vocabulario, pero es que estoy más cabreado que el que sacó billete de ida y vuelta p´al Titanic…

El viaje a la playa ya empezó con mal pie. A la altura del kilómetro trescientos y pico me entraron unas ganas de cagar que te cagas (valga la redundancia…). Total, que en las dos gasolineras que paré tenían los servicios clausurados. En la segunda ya con los huevos hinchados la tomé un poco con el sieso del mostrador cuando fui a pagar la Coca-Cola que compré:

-Perdone… ¿esto que me llevo es Coca-Cola?

-Pues claro -me respondió con cara de besugo rebozado… ¿No lo ve?

-Sí…sí. Pero como me ha cobrado 2,40 eurazos pensé que igual era sangre de Unicornio virgen o algo así….

Total, que cuando me fui de allí me seguía cagando… y ahora además también estaba cabreado y con los cachetes del culo apretaos como las tapas de una sandwichera. Así que subo al coche y le digo a la Puri que a tomar por culo y que en la primera cuneta que pueda me aparto y tiro pal campo a giñar. Y eso hago. Encuentro una maleza lo suficientemente espesa y con altura, y me interno en ella para dar a luz al quintillizo. En plena faena se abre la maleza y aparece un perro, una correa y a continuación un individuo. Ojos como platos que me pone, se da la vuelta y exclama: “¡Perdón!, ¿está usted haciendo de vientre?” “No, hombre, tengo un georradar en el ojete y busco el tesoro de un galeón español”, no te jode. En este puto país te vas de excursión al monte, te pierdes; y necesitan tres días con batidas, helicópteros y drones para encontrarte. Ahora ponte a plantar un pino que aparece gente como en la Gran Vía un sábado por la tarde… Vuelvo al coche y la Puri me mira inquisitiva. Cuando arranco me mira y dice: “¿Lo habrás enterrado, ¿no?”. Ni siquiera la miro: “No, lo he incinerado y me mandan las cenizas a casa.” digo mientras giro la llave del contacto… Vamos a la playa.

Llegamos al hotel y decidimos que primero vamos a darnos un baño a la playa, que hay ganas. Adaptándonos a la nueva normalidad, he reservado una “cuadrícula” mediante una App. Cuando nos acercamos a la arena, aquello parece el parking del Parquesur un sábado por la tarde (…allí una vez aparqué el coche recién comprado y al salir, cuando lo conseguí encontrar, ya tenía caducada la ITV…) Así que tardamos huevo y cacho del otro en encontrar la dichosa cuadrícula.

-Allí es -dice la Puri-. Donde está tumbado aquél negrito…

“Aquél negrito” dice. Ojo al negrito. Ojete al dato. Apenas entraba en la cuadrícula el morlaco. Dos metros por dos y más fibra que un tráiler cargado de All Bran; músculos más duros que pan de ayer…el jodido Chuarchenagger de Kinsasa.

-Disculpe… -me sale por la boca algo parecido a la mezcla de un graznido y un gallo…-. Esta zona se reserva con una app….

– ¿Y? -me dice el Terminator de Nairobi sin abrir siquiera los ojos.

-Pues que esta zona la tenía yo reservada…

– ¿Y…?

…Y ahí se quedó todo. Media vuelta y a tomar por culo el primer día de playa. La Puri cabreada porque me había achantado…No te jode, para no achantarse… Que ese me coge y me hace nudo marinero con una mano mientras con la otra juega al yoyó… Si solo las venas de esos brazacos tienen el grosor de mi brazo entero, coño…

-Y encima seguro que es ilegal -. Me suelta la otra…

-Fijo -la contesto resoplando cargado con la sombrilla-. Pero ese no saltó la valla, ese la tiró p´abajo de una patá….

Así que nos damos una ducha y bajamos al comedor. Allí para variar todo parecía ir bien. Nos sentamos, nos trajeron la carta y rápidamente vino la comida. Pero entonces el camarero puso un reloj de arena sobre la mesa, y lo volteó. La arena comenzó a caer sibilinamente…

– ¿Y esto? -pregunté con más miedo que otra cosa.

-Es el tiempo para comer señor. Debemos disponer de la mesa para más comensales ya que el aforo está limitado…

-Pero es que yo soy de comer más bien lentico…

-Lo siento, señor.

Y se me da la vuelta y se pira. Cabrón. Así que a comer con un ojo en el puto reloj. La Puri repitiéndome el “Vas lento Manolo” cada dos por tres. Empiezo a comer como un gorrino en un cajón lleno bellotas. Y pasa lo que pasa, que a mí comer así me genera mucho aire; y suelto un repentino eructo incontrolado que me hace bailar las mejillas como la tela de una pandereta y la campanilla se mueve como un niño hiperactivo montado en un columpio. Aquello alcanza más decibelios que el subwoofer de un concierto de los AC/DC. Ocho mesas de alrededor se desalojan al momento y nos invitan a salir del comedor. La Puri me quiere matar, pero no le deja la risa…

Así que para acabar el día la Puri quiere ir a la clase del aquagym. Normalmente hubiese luchado para escaquearme, pero con el día que llevaba, ya me daba igual hasta meterme en una poza reventá de pirañas. Total, que llegamos a la piscina y aquello ya estaba a tope. Con lo de la distancia de seguridad, quedo tan atrás que veo al monitor más chico que cuando ví al Bruce Springsteen en Barcelona con entrada de gallinero. Empieza la clase y yo por el rabillo del ojo veo que los que tengo alrededor me miran mucho… Yo no pierdo contacto visual para no perder la comba y voy a lo mío. Cuando acaba el suplicio me doy cuenta de que al que imitaba no era el monitor de aquagym sino un sordomudo que discutía con su mujer…

En fin, esta es la historia de lo que fue el primer día de vacaciones. Puede que si sobrevivo y no me tiro por la terraza (alguien tendrá que hacerlo, que este año no tenemos ingleses…) os cuente el resto de los episodios de esta triste historia…

…hasta otra. Y que la fuerza me acompañe.

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