También conocido como “Felino de la esperanza” o vulgarmente llamados Felicinos. No se sabe exactamente de donde provienen, aunque el resto más antiguo de un Speroline fue encontrado en Lago Saint-Louis en Quebec, Canadá. Data del siglo XIV d. C.

Este ejemplar tiene la apariencia de un gato con piernas largas, de altura como un gran danés y orejas de sabueso. No tiene una paleta de color fija, los hay en diversos tonos de café, gris, blanco, manchados, negros, pintos, pelirrojos, etcétera.Su pelaje puede ser largo, esponjoso, corto, áspero y pelo enchinado.

Absolutamente todos tienen un lunar en la frente de color azul que puede variar un poco la tonalidad entre cada uno, así como el tamaño. Los ojos en diferente intensidad, pero siempre violetas.

El Speroline tiene la habilidad de hacer sentir feliz a quien está cerca de él. Incluso puede llegar a curar hasta las depresiones más profundas. Se sabe de seres realmente infelices que encontraron paz al convivir con uno. Es un espécimen que brinda un bienestar a los humanos. No es necesario tocarlos (ya que no suelen acercarse mucho a las personas), pero se tiene la creencia que al ganarse la confianza y permitirle al hombre formar un vínculo con él, pueden ayudar a éste en un nivel más profundo; por lo que algunos los consideran una especie de droga.

De sus entrañas producen una melodía, comparada tan sólo con las máximas piezas clásicas. Se tiene registro que Beethoven tuvo la suerte de convivir con un Speroline, el cual sirvió de inspiración para sus obras.

En la antigua cultura Nórdica se le consideraba como seres provenientes de Asgard, y quien poseía su pelaje podía llegar hasta la región más alta del cielo y así convivir con los Dioses.En la cultura oriental tenían un valor más medicinal, sin embargo, fuera cual fuera la apreciación, se les acecho y cazo despiadadamente; ya que su pelaje, carne, ojos o entrañas tienen aún un gran valor.Incluso se sabe que las reliquias siguen siendo traficadas en mercados negros con un altísimo costo, ya que científicos del siglo XIX descubrieron que al consumir su sangre se lograba entender el sentido de la vida.

Actualmente no queda ningún felino de la esperanza vivo con registro. Los últimos avistamientos fueron a principios del Siglo XX. En palabras del zoólogo británico John Aldridge: “El ser humano tuvo la salvación ante la guerra, hambre, soledad y desdicha mundana. Sin embargo una vez más prefirió vender su felicidad, pero esta vez por una suma muy alta, ya no quedan Felicinos, ya no queda esperanza”.

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