Aún recuerdo, aún recuerdo el momento, recuerdo las palabras y esos silencios que decían aún más. Recuerdo lo estrafalario de su nombre, un nombre que al ser pronunciado dejaba al descubierto suspiros que nacían de lo más profundo de su ser, una profundidad eterna que resguardaba susurros y destellos musicales al ritmo de su corazón latiente. Sus movimientos sistólicos marcaban el ritmo y sus diastólicos la melodía cinética más armoniosa, y juntos daban vida a una sinfonía de dos, sinfonía que a través de sus líneas desplazaba tus labios hacia los míos, culminando en un acorde que hacía vibrar nuestros cuerpos encontrados… aún recuerdo.
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