Todas las noches acostumbra antes de dormir tomarse un té de manzanilla para relajar sus músculos, lo lleva hacia su habitación y lo pone sobre la mesa situada a un costado izquierdo de su cama. Su segunda costumbre es ponerse su pijama lila cuyo calzoncillo le llega hasta las rodillas y su camisón por debajo de sus caderas. Una vez terminado ambos rituales, cierra la puerta de su habitación y procede a desdoblar su cobija con letras bordadas que describen sus iniciales “C. M.” de Cyndi Mayer. Se acuesta sobre su cama y pone su almohada favorita sobre su espalda pegando contra la pared y enciende la lámpara ubicada en la mesa del costado izquierdo, agarra su libro favorito, esta noche lee “Carrie”, su genero literario favorito es el terror.

Terminando las 10 páginas establecidos de lectura por día, finalmente se queda dormida. Esa noche entre sus sueños se visualiza en su casa bajando las escaleras, era de noche, por la ventana se percata de que es una noche fría cuya niebla ha abrazado las caricias de la oscuridad. Entre sus sueños escucha una voz que le llama suavemente por su nombre y la incita a orillarse a la ventana que da hacia el porshe, camina lentamente para asomarse, sin embargo, se tropieza torpemente con el oso Larry de su hermana, ella maldice brevemente aún con los latidos rápidos de impaciencia e inquietud que le ha ocasionado esa voz, el tropiezo no es un obstáculo para llegar hacia donde la llaman.

Una vez incorporada se asoma hacia la ventana y ve a su hermana pequeña con su oso Larry abrazándolo, ella vestía un vestido largo color negro que le llegaba por debajo de la planta de sus pies, por un momento Cyndi contempla el resplandor alrededor de la silueta de su hermana y por otro olvidó que ella había fallecido 8 meses atrás.

El asombró fue tal que retrocedió y tropezó torpemente de nuevo, dio un grito ahogado del susto y trato de pedir ayuda, no había nadie en la casa.

-Pero que rayos… – dijo – ¡Mil veces malditos aquellos que no te dejan en paz! ¡Os maldigo desde mis entrañas! – exclamó de nuevo.

Cyndi corrió a su habitación subiendo las escaleras sin voltear hacia atrás, llegó hacia su cuerpo y azotó la puerta, se acostó en su cama cubriendo sus pies hasta la coronilla de su cabeza.

-No quise lastimarte, no fue mi intención hacerte daño, yo sólo quería que fueras libre, maldito aquel o aquella que no te dejan liberarte de este mundo opresor- Menciono sobre las sábanas.

Recordó brevemente el día de la muerte de su hermana, habían peleado por la última rebanada de pizza y Mirada (como se llamaba) le dio un zape sobre su pantorrilla lo cual le ocasiono una colera profunda a Cyndi. Cyndi, enardecida la sujetó sobre sus axilas y la cargó, la llevó hacia el sótano y la encerró. Ella quería darle una lección la cual recordará toda su vida. Pasaron 4 horas después de lo sucedido y Cyndi procedió a liberar del sótano a su hermana, cuando subió y abrió la puerta se percato que ella no estaba, se incorporó y la vio atascada sobre la ventana con el cuello atorado sobre la rendija, el tono de su piel se tornó azulado y el torso de su cuerpo sin movimiento, Cyndi se percató que no respiraba, sintió un ligero placer al ver a su hermana muerta, le fascino la idea de pensar que ella ya no estaría más en ese hogar

-Pobre estúpida – pensó – ¿creías que tu abultado cuerpo iba a caber sobre esa rendija? – exclamó. Sonrió mientras lo hizo.

Bajo tranquilamente las escaleras y llamó a su madre, la cual estaba trabajando, le comentó que su hermana había cometido una travesura y necesitaba con urgencia que llegará a su casa. Después de eso su madre llegó y vio a su pequeña atascada en la ventana, gritando desconsoladamente vio como los paramédicos cargaron su cuerpo y lo colocaron sobre la camilla tapando todo su cuerpo. Ella había fallecido y no había más que hacer.

Aún con el miedo de ver a su hermana muerta, en el sueño seguía sintiendo esa breve satisfacción y excitación por su muerte, lo deseaba desde su nacimiento. Cyndi recordó que era un sueño y despertó.

Eran las 2:45 am y tenía sed, pronto recordó que tenía un té.

-Maldita sea, odio estas pesadillas, te odio a ti- dijo entre dientes Cyndi – En lo profundo me alegro que no estés más en este mundo y en el otro te odio porque ni en los sueños me dejas en paz-

Volteo vagamente hacia el espejo de su tocador y visualizo una sombra la cual lentamente se acercaba a ella

-Cyndi, Cyndi – escucho una voz en su cabeza – Os digo de una vez que no os dejaré en paz hasta que mi muerte se resuelva-

Pronto sintió una heladez sobre su hombro que la paralizó, Cyndi no conocía ese sentimiento, sin embargo, sabia que era su hermana.

Continuará…

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