La Sociedad de los Rebeldes

La Sociedad de los Rebeldes

Gonzalo Dopazo

13/05/2017

Un viernes por la noche, tres amigos iban en auto hacia la universidad. Cuáles eran sus nombres, no importaba, que estudiaban, tampoco lo era. Pero había una razón muy particular por la que ellos iban a la universidad. No eran clases de apoyo, ni un refuerzo académico. Tan solo les había llamado la atención un volante que habían encontrado en la parte trasera del auto, del cual ninguno de los 3 sabía cómo había llegado hasta ahí. Mientras uno manejaba, los otros dos estudiantes leían y releían el volante que decía de la siguiente manera: ¿Estás cansado de solo escuchar críticas?, ¿te sientes frustrado y vacío porque nadie te comprende? Pues ven a la charla de la sociedad de los rebeldes, aquí escucharé tus frustraciones y sabré darte las armas para seguir tu camino. Te espero en el aula 307 en el piso más alto.”

Los jóvenes estacionaron el auto y entraron a la universidad. No era común que alumnos fueran a cursar un viernes por la noche, pero por alguna razón algo los motivó mucho a asistir. Sentían frustración en sus vidas. Nadie los escuchaba, ni siquiera sus familias, por lo que sintieron que era una oportunidad en la que no perdían nada con asistir.

Subieron rápidamente por el ascensor y se dirigieron hacia el aula 307 como especificaba el volante. Al llegar a su destino, no vieron ningún letrero ni nada por el estilo. Sin embargo, uno de ellos abrió la puerta con determinación y los otros dos lo siguieron. Para su desilusión nadie se encontraba ahí, ni una sola alma más que la de ellos rondaba por el aula. Justo antes que su enojo los desbordara, una persona ingresó en el aula. Un hombre joven, de aproximadamente unos 30 años, con piel pálida y una sonrisa que reflejaba tranquilidad se sentó en el escritorio del profesor e inmediatamente se presentó.

-Buenas noches muchachos, mi nombre es Eric, soy el que está a cargo de esta charla. Bienvenidos a la sociedad de los rebeldes.

-¿Por qué se llama la sociedad de los rebeldes?- Preguntó uno de los jóvenes.

-A lo largo de la noche sabrán todo lo que necesitan saber. Por favor, siéntense en el pupitre que deseen, pero siéntense juntos.- Dijo Eric con un tono amistoso.

Los tres muchachos se sentaron en el medio del salón, juntos, como lo había pedido Eric. En cuanto se pusieron cómodos uno inquietamente preguntó:

-¿No vendrá nadie más?

-No esperaba mucha gente un viernes por la noche. Para ser sincero, ustedes tres son más que suficientes.- Respondió Eric.

El mismo sacó un papel de su bolsillo y siguió:

-Antes de empezar con la charla, hay tres reglas que tienen que seguir:

1 REGLA: Solo habla uno a la vez

2 REGLA: El que habla no puede ser interrumpido

3 REGLA: Deben decir todo y absolutamente todo lo que les preocupa, sin omitir detalles.

-Si no aceptan las reglas, deben retirarse de la charla. Así que esta es la hora de decidir: ¿aceptan o no las condiciones?.

Los jóvenes se miraron al mismo tiempo, no les parecía difícil las condiciones y pensando que no tenían nada que perder, asintieron con determinación.

-Excelente entonces.- Dijo Eric sonriendo.

Sin más rodeos, él cambió rápidamente su sonrisa por una mirada seria y directa hacia los estudiantes y dijo:

-Ustedes tres tienen dos cosas en común. Una de ellas es que se sienten frustrados por la forma en que la sociedad acaba con sus sueños y esperanzas. van a la universidad esperando encontrar una ideología abierta, pero es obstruida con la idea de obtener el título lo antes posible por su entorno, que no comprenden lo que sienten. Se sienten incomprendidos, solo se entienden entre ustedes, porque tienen un pensamiento privilegiado que no muchos tienen, y por eso normalmente son excluidos.

-¿Cómo sabe eso con tanta exactitud?- Solo uno de ellos hizo la pregunta, pero los demás lo acompañaban con una mirada que revelaba estar completamente de acuerdo.

-Ahí he respondido la primera pregunta que hicieron: por esta razón se llama la sociedad de los rebeldes. No esperaba encontrarme con gente de mente cerrada que tenga el pensamiento muy consumido por las exigencias del día a día. ¿Por ese motivo vinieron aquí verdad? ¿Por que no dejamos de un lado las preguntas y me cuentan sus problemas y frustraciones?.- Dijo Eric finalizando su monólogo.

El más bajo de los jóvenes comenzó hablando. Él dijo que se sentía frustrado, porque se rompía el lomo estudiando para aprobar las materias de la universidad, pero su familia siempre le exigía las mejores notas. Sus hermanos habían formado parte del “cuadro de honor” en sus respectivas universidades y querían que él fuese igual. No era un mal estudiante, de hecho aprobaba todo con notas regulares, pero las aprobaba. Siempre se esforzaba para sí mismo, pero nunca era suficiente para sus padres. Según ellos, los buenos trabajos solo se los daban a estudiantes con grandes promedios y para ellos sólo condenaba su futuro aprobando con lo justo. Porque nunca nada es suficiente para esta sociedad, era la frase que lo representaba, parámetro que la sociedad había impuesto a sus padres y por ende también a él. Su argumento era que todo es una competencia, para ver quien se destaca más. Solo los sobresalientes triunfan, por eso se sentía frustrado. En un principio se sentía feliz con su rendimiento. Pero todo el tiempo algo faltaba y una vez que lograba alcanzar eso que le faltaba, aparecía una nueva cosa y eso se transformó en un círculo vicioso en su vida.

Eric escuchó atentamente su argumento y respondió:

-Escucha: muchas de las cosas que hacemos, les resultaran insignificantes a otros. Porque no todos somos iguales y juzgar es la herramienta más fácil que el humano como ser social utiliza. No digo que tus padres lo hagan por mal, quizá tienen un estereotipo de perfección que se les fue inculcado desde niños y por eso se lo pasan a sus hijos: porque creen que es lo mejor. Pero te digo que si tú te sientes feliz con tu desempeño, ¿que importa lo que opinen? nadie es dueño de tu felicidad más que tú mismo. No permitas que te hagan creer que no lo eres. “El lugar donde nacen los niños y mueren los hombres, donde la libertad y el amor florecen, no es una oficina ni un comercio ni una fábrica. Ahí veo yo la importancia de la familia.”

El joven bajo entendió a la perfección las sabias palabras de Eric y una sensación de cariño y felicidad lo invadió. En ese momento sonrió y le agradeció.

Eric le devolvió la sonrisa y dirigió su mirada hacia el joven de mediana estatura. Lo invitó a que cuente su razón de estar ahí.

El chico de mediana estatura era deportista en la universidad. Era parte del equipo de básquet del campus universitario. Él era muy bueno, pero tenía problemas de nervios durante los partidos oficiales. Sin duda era el más rápido y ágil del equipo. Su problema era que sus compañeros lo llamaban “el tembleque”, porque siempre fallaba en los tiros libres. No podía lucirse en los juegos, porque casi nunca le pasaban la pelota. Siempre dependía de él conseguir robar algún balón al rival, porque nadie le confiaba una jugada. En los vestidores hacían imitaciones de sus temblores cuando hacía tiros libres. Su frustración era recibir tantas burlas sobre sus nervios. Siempre pedía un poco de apoyo para superar sus miedos, pero sus compañeros respondían que “los hombres grandes no tenían nervios, son decididos y nunca dudan”. Solían decir que era la niñita del equipo. El coach se dejó llevar por las críticas del equipo y terminó dejándolo sentado en el banco el resto de los partidos. Porque siempre esperan que te comportes como la sociedad lo hace, era su frase de cabecera.

Nuevamente Eric escuchó todo al pie de la letra y en esta ocasión dijo:

-Siempre muchos esperarán algo de la gente. Eso es sinónimo de inseguridad. Las personas de verdad, no esperan nada de nadie y dejan que los sorprendan. Se reirán de ti, pero aceptar quien eres es lo que te hará ignorarlos por completo. Si alguien le señala el defecto a alguien, esa persona es la que en realidad tiene el defecto. No debes sentirte mal, si no orgulloso de tu talento. Todo el mundo ve lo que aparentas ser, pocos experimentan lo que realmente eres. “¿Cuál es el primer deber del hombre? La respuesta es muy breve: ser uno mismo.”

El joven de estatura media, sintió la misma sensación que había sentido el primero. Le respondió con un gracias, sutil pero sincero.

Eric dijo que no tenía nada que agradecer, por eso había ofrecido este espacio para el que lo necesitara. Tan solo quedaba el chico de estatura más baja, que tenía un aspecto de terror en su cara.

-Muy bien, parece que eres el último. ¿Porque no nos cuentas tu historia?

El joven de estatura alta, se negó a contar las razones por las que había venido a este lugar.

-No te preocupes, acá no estamos para juzgar a nadie, tan solo escucharte.- Dijo Eric con su voz tranquilizante.

El joven, luego de dudar, accedió a contar su historia. No le era fácil hablar del tema: él tenía adicción a una droga. Le habían ofrecido compañeros de la universidad. Aparentemente su finalidad era una para la memoria: aumentaba el rendimiento del cerebro para memorizar con facilidad una cantidad colosal de información que no podía procesar solo. Él era de otro país, sus padres le pagaron la universidad y la renta del departamento. Tan solo sentía terror con el simple hecho de reprobar alguna materia, por lo que accedió a utilizar cualquier medio necesario para no decepcionar a sus padres, por el sacrificio que estaban haciendo por él y su futuro. Los compañeros que le ofrecieron la droga, le dijeron que no había manera de pasar todas las materias en año récord sin tomar las pastillas. Él no estaba seguro, pero le hicieron creer que era lo mejor, cuando en verdad no lo era. Supuestamente, padecía como efectos secundarios de la droga, alucinaciones. Durante el día tenía 2 o 3 episodios de dichos efectos y eso lo alteraba. Porque si los demás en la sociedad dicen que es lo mejor, debes hacerlo, era la frase que lo representaba.

Como era de esperarse Eric tenía las palabras adecuadas y dijo:

-Todos los demás creen saber lo que es mejor. Ignoran el hecho de que no todos pensamos y actuamos de la misma forma y les aconsejan sobre cosas que ellos piensan que les hacen bien. Nadie es la voz de la razón en la vida del otro. Hazle caso a tus propias convicciones. Tú eres muy amable y entiendes el sacrificio que los demás hacen por ti. Pero no por eso debes permitir que se vuelva la razón de tu vida. Todos cometemos errores, es de humanos. Si no estás seguro de algo, no lo hagas, si dudas es que no lo quieres. Nadie puede imponerte nada, incluso si todo el mundo está en tu contra, solo tú sabes lo que es mejor para ti. “Si no tienes la libertad interior, ¿qué otra libertad esperas poder tener?.”

Al igual que los demás el joven alto sintió una hermosa sensación en sí mismo, ya todos habían podido liberarse de la pesada carga que llevaban, obteniendo la ayuda que necesitaban: el poder ser escuchados. Una vez habiendo todos expresado lo que tenían adentro, Eric les dijo:

-Creo que han entendido todos la importancia de esta charla. Antes de que la sociedad los acepte, deben aceptarse a ustedes mismos.

En ese momento con una sonrisa firme, Eric se levantó de su silla y comenzó a aplaudir.

-Los felicito muchachos, han pasado la prueba de la sociedad de los rebeldes. Ya superaron sus conflictos internos y ahora pueden cruzar hacia el otro lado.- Dijo Eric alegremente.

La cara de los tres jóvenes develaba el desconcierto absoluto en que se encontraban. No entendieron qué quiso decir Eric con “el otro lado”, para lo que Eric respondió de inmediato:

-Verán chicos, recuerden que al principio les dije que ustedes tenían dos cosas en común. La primera ya se las he dicho, pero la segunda es aún un misterio para ustedes.

Los jóvenes estaban cada vez más extrañados, la intriga los carcomía. Sin embargo, Eric procedió a explicarles:

-La segunda cosa que tienen en común es que, lamentablemente, los tres han muerto.

No podían creer lo que habían escuchado. ¿Acaso estaría hablando enserio? Eric continuó:

-Ustedes no se dirigieron a este lugar por voluntad propia. Los tres estaban en el mismo auto e iban camino a una fiesta a la que habían sido invitados. Desgraciadamente, tuvieron un accidente en el camino, el auto chocó y murieron en el acto.

Eric miró al joven más alto con detenimiento y siguió:

-¿Recuerdas haber mencionado que las drogas que tomabas te producían alucinaciones?. Pues las tuviste justo en el camino a la fiesta y desgraciadamente eras tú el que manejaba.

Los joven comenzaron a recordar todo, como si recuerdos que hubieran sido borrados de sus mentes de pronto volvieran atropelladamente, uno tras otro sin tiempo a reaccionar.

-La sociedad de los rebeldes en un espacio entre la vida y la muerte. Aquí vienen las almas cuyos conflictos internos no han sido resueltos aún. Irónicamente, se llama así para ayudar a las almas que fueron contaminadas y sometidas por la sociedad. No se puede ingresar al otro lado, sin antes resolver sus propios conflictos. Este es un lugar donde los justos resuelven las disconformidades que el mundo de hoy en día las generó. ¿No se han preguntado, porque no les pregunté nunca sus nombres? Eso es porque no los recuerdan. En este lugar solo se acuerdan de sus frustraciones, porque es lo único que les queda resolver para seguir su camino. Yo soy un ángel que se encarga de ayudar a las almas en el camino hacia lo que sigue. Afortunadamente ya lograron superar dichas frustraciones. Esa sensación que todos sintieron al contar sus historias, fue la purificación de su alma, por eso ahora se les permitirá seguir su camino.

A pesar de la sorpresa de los muchachos, el Ángel prosiguió:

-Aceptaron las reglas y las respetaron, esa era la parte principal para pasar la prueba. Si se hubieran negado y retirado del salón sin haberlo enfrentado, se hubieran quedado varados en el limbo por la eternidad. Así que los felicito, por actuar con valentia y enfrentarse a si mismos por aceptarse. Ahora han entendido la importancia de ser uno mismo y quererse por lo que se es. Todo por lo que han pasado, tiene su compensación muchachos. “Las dificultades preparan a menudo a uno persona normal para un destino extraordinario.”

Los jóvenes recordaron todo en ese momento, habían entendido todo lo que Eric les explicó. En ese momento Eric les señaló la puerta, afirmándoles que ya era hora de cruzarla. Los chicos se dirigieron hacia la puerta sin miedo, pues ya no había dolor ni rabia, tan solo esperanza.-

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