Como si la Tierra ya no diera más de sí, el cambio climático está siento la punta del iceberg de un mundo que se debate entre otras cuestiones en: Las cada vez más amplias esperanzas de vida, la falta de empleo que ya no necesita la producción en las empresas y el implante de la robótica.

Incertidumbres sin respuestas concluyentes en la era de Internet y los medios audiovisuales, que conviven en un mismo hábitat, no obstante, de contrastes: riqueza y pobreza, donde mueren de hambre miles de niños todos los días y, a su vez, se da rienda suelta al placer en yates e islas paradisíacas. Es decir, el progreso del ser humano siempre en entre dicho. El siempre deseado bienestar social, bien podríamos decir que en una extensa amplitud del término no deja de ser una quimera en los mítines políticos.

Pues bien, en ese escenario, aterriza en China la corona maldita de un virus (Que pretende exterminar a aquel ser humano que conforma y delimita el mundo en el siglo XXI). El país más poblado del mundo, hace frente a la infección no sin sufrir muchas bajas, por lo que el virus, además, decide dar un salto para atacar al viejo continente, fijando su objetivo en la parte latina, Italia y España, para luego extenderse la plaga geográficamente por todas partes.

¿De donde procede el virus? ¿Como se origina? ¿Es consecuencia del progreso científico y tecnológico? ¿Es una guerra bacteriana? Las soluciones se nos escapa a nuestro entendimiento, inclusive, mas allá de las versiones oficiales de las grandes potencias. El poder de la economía y las finanzas, en cualquier caso, siempre están en el punto de mira, para hallar en ellos respuestas reales más allá de los bulos. Las investigaciones científicas siempre están ahí ¿Pero al servicio de quien?.

SÍ parece acertado concluir que la rápida expansión de la lacra asesina, va a obligar a aquel mundo, el único que conforman los seres que lo pueblan a unirse por primera vez en su dilatado discurrir histórico, como nunca antes había dado lugar.

En esta guerra no hay ametralladoras ni tanques ni bombas nucleares, es una lucha por el no contagio y reclusión en las casas.

En nuestro país, los «campos de batallas» se centran en los hospitales y clínicas de toda España, y unos SOLDADOS SANITARIOS, (en mayúsculas) hombres y mujeres, sujetos activos y anónimos en la lucha vital por curar a los contagiados.

Mientras en la calle los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, Policías Locales y Autonómicos y el Ejercito movilizado, se dejan en la piel algo más que el sueldo. Innegable su participación.

Los héroes pasivos son todos los demás, aquellos/as que permanecen «presos/as» uh, ¡qué fea queda esa expresión! menos mal que el eufemismo acudió a tiempo al quite. ¡CONFINAMIENTO!, ahí quedó, confinados pues en sus propias casas y que sólo las despensas de las cocinas obligan momentáneamente a salir de ellas, ¡Qué remedio! hay que llenarlas.

El ser humano unido ¿Se enfrenta a un VIRUS que antes no existía o estaba dormido y programado como una bomba de relojería para que estallara ahora?
Quien hubiera creído, que la humanidad se tuviera que unir, obligatoriamente, ¡casi inconscientemente! como única vía de salida para salir de esta crisis sanitaria por infección mundial
Cuánto se ha novelado y cantado a esas tres cosas que tanto abandera la vida a nivel social y sentimental entre las personas: Dinero, amor y salud. Teniendo en cuenta que en la practica aquel originario Homo Sapiens, entró siempre en conjuras, guerras, odios y pasiones por lograr las dos primeras, dejando a la Salud como si fuese una convidada de piedra, pues se le estima que siempre está ahí a nuestro lado, queriéndonos siempre, simplemente decimos: «que no nos falte» hasta que caemos enfermos. Ahora, el dichoso “Corona” ¡Real, claro!, nos viene a recordar el primordial valor de lo básico que el dinero no alcanza a comprar… y al amor, no obstante, se le agradece su inestimable compañía.

Creamos, firmemente, que la unidad es la gran e inédita esperanza de la humanidad frente a esta pandemia. Quizás seamos insensible a esa vacuna, pero no nos queda otra. Remar todos en la misma dirección con disciplina, humildad y mirada alta sin signos políticos que nos distraigan. El globo terráqueo ya no se deja inflar más. Que no se nos escape de las manos, dando por cierto el poder que tenemos sobre él, ¿O habrá que dudar sobre ello? y expresar el verbo en pasado… ¡TENÍAMOS! …..y ¡nos pueda explotar!

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS