BALLENITA

JORGE COSTA


Copyright © 2013 JORGE COSTA

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ISBN 978-9968-557-90-0

Inspiración Apoyo y Presencia

Betico, Loris y Champagne

FLOTANDO

“¿Qué hay mas allá?- Piensa Ballenita observando el horizonte.”

Ballenita flotaba sobre el apacible océano viendo horizonte frente a ella donde el mar buscaba perderse. Ella observaba y no quería sentirse sola. Todo lo que le rodeaba era riqueza de vida y amigos. Su vida estaba rodeada de amor y belleza. Aquello que deseaba el océano generoso surgía y con su inagotable fuente de energía, le otorgaba a ballenita todo lo que ella necesitara.

Aquel día ella seguía observando el horizonte y aun cuando nadaba sobre una fuente inagotable de alegría, vida y creación, sentía que en su vida faltaba algo, y que cuando su océano aun le daba lo que ella quisiera y deseara, aun así su vacío era cada vez mayor y la tristeza se apoderaba de ella. Sus sentimientos obligaban que lagrimas aparecieran en sus bellas mejillas las cuales se confundían con el rocío producido por el contante golpetear de pequeñas olas a su alrededor como si quisieran distraerla de sus pensamientos. Ballenita tenía un vacio y no sabía llenarlo.

JOAN

  • “¿Un dulce señor?- pregunta Joan inclinándose hacia la ventana del conductor.
  • “Hoy hice tanto dinero que le comprare algo a mi hermano o tal vez alguna sorpresa para mí- piensa Joan observando las monedas que ha logrado reunir ese día.”
  • “Samuel, hombre de uniforme y listo para la acción”- indicó Rodrigo sin ironía ni sarcasmo. Sacando del bolsillo algo así como una invitación de colores, le muestra al ya incrédulo hombre de estatura mayor que la de él aquel sobre, y le dice que si existe alguna razón para no ir a un evento tan importante.
  • “Bien Rodrigo y dime porque recibiste este documento y de quien.”- Rodrigo sabría la última respuesta. Indicarlo sería indiscreto y por lo tanto la razón y concepto del evento se vería teñido con desconfianza y claro estaría que el imaginario individuo debía permanecer en el anonimato. Mas la primera merecería mayor cuidado.”
  • “Ballenita, eres tu… ¡Ballenita!” – Vociferó Anavi casi sin voz ni energía. Con gran asombro no vio movimiento alguno ni siquiera de sus aletas las cuales estaban siempre listas para saludar a la distancia.
  • “Ballenita despierta”- Anavi haciendo un esfuerzo para tocarla logro avanzar hacia ella acortando la poca distancia entre ambos. Pudo entender que de un largo camino provenía y por ello sus ojos cerrados descansando para recobrar las energías necesarias para volver a su hogar. Se acercó aun más y con gran cariño la abrazo para que su despertar fuese más amigable. Sin embargo no habría respuesta y con preocupación Anavi la movió y salpicando algo de agua sobre su cara no vio expresión alguna.
  • “Anavi… soy yo ¿Qué sucede?”- Pregunto Ballenita, con el tono que una despedida solo puede ofrecer.
  • “Sin importar cuán grande seas y cuan imponente te muestres, siempre serás parte de este gran océano… mi hogar”.
  • “Disculpen, pero yo no como peces”.

Tarde era cuando Joan estaba sentado frente a su casa, orillado en la acera y viendo pasar aquellos que sin conocerlo solo lo ven como un niño triste. Mas abajo hacia su izquierda y hacia donde el océano dibuja el horizonte, es donde se empezara a notar la sombra del hermano, cuando mas tarde aparezca, volviendo de su jornada laboral cerca en una empresa pesquera. Ellos dos viven en el medio de una avenida la cual termina en una calle donde solo tienes opción para tomar una dirección lateral. Allí donde un muro de piedra se extiende hasta donde la vista alcanza, frente al océano sirviendo también de balcón de teatro para sentarse y contemplar los atardeceres de una forma más cercana.

El mulato de ojos rasgados suele visitar la avenida que se extiende varios metros debajo de ese muro, donde una avenida principal y de alto transito corre paralelo a la playa para trasladar a sus conductores a diferentes destinos de la ciudad. Sus visitas son en horas bien calculadas, cuando un semáforo logra reunir a suficientes clientes para alcanzar algunas monedas vendiendo sus deliciosos dulces que logra hacer durante las horas de la mañana. También suele crear algunos objetos a base de latas, papel y otras cosas que su hermano le trae después de su trabajo.

EL ENCUENTRO

Como río que lleva sus aguas rumbo al océano, la calle frente a su casa dirige a todos sus vehículos vía hacia el mar y por su natural inclinación, las aguas de las casuales lluvias que surcan su superficie continúan por la misma dirección. Además es usual ver un pequeño rio de aspecto jabonoso cruzando por los pies del moreno niño, cuando aun esta sentado en aquella acera. Rio espumoso resultante de una casa donde la ropa esta siendo lavada para después exponerla al radiante sol de 35 grados. El rio de color azulado se va acumulando sobre los pies de Joan que mientras sentado ve como el embalse va haciéndose cada ves mas grande y tras sobrepasar la capacidad de retención, sigue su curso como burlándose de aquella interrupción.

El sol reinante durante el día está por terminar su jornada igual que el hermano y esta apunto de encender aquel horizonte con su habitual y deslumbrante color anaranjado, logrando que las casas de toda la zona se bañen de aquel brillo inigualable y que el océano cobre vida con millones y millones de puntos brillantes. Aquel día cerraba sus horas igual que todos los demás, a tal punto que nuestro pequeño aldeano solo volteaba la vista como reflejo de una costumbre perenne y de alguna forma, mantener aquel marco de belleza, la cual lograra su máximo esplendor con la aparición de la silueta de su amado hermano. Además, no importa cuánto tiempo haya visto ese espectáculo, el paisaje era envidia hasta para el más excéntrico de los artistas. Aquel brillo danzante de puntos luminosos era similar durante el tiempo que comúnmente duraba. Aún sin reloj que mantuviera su itinerario, se sabía cuánto tiempo duraría y después de tantos años, era natural su lapso de tiempo.

Durante un rato Joan estuvo sin mantener demasiada atención al fenómeno climático, sin embargo fue lo que no sucedía lo que más le empezaba a llamar la atención. La duración de su rutinario atardecer se estaba extendiendo de forma irregular. Aquel tapiz de color brillante y puntos sobre el suelo húmedo no solo no estaba finalizando sino que se extendía en espacio sobre la calle de forma inusual. Usualmente se podía observar que aquella superficie viva y de múltiples movimientos finalmente iba desapareciendo, poco a poco, hasta que como un velo oscuro, el sol cedía su poder a la luna y todo como por mandato universal se apagaba, pero esta vez algo sucedió y aunque él no lo comprendiera , esa tarde todo fue diferente.

Lo que él estaba observando era poco entendible, pero sus ojos no perdían detalle. Si bien el reflejo de aquellos puntos brillantes sucedía sobre el agua, esta vez sintió que sin saber como, se habían apoderado también de su calle. Como si el océano hubiese invadido su espacio. El mismo en su infinita gracia, ha impregnado sobre aquella superficie su majestuoso cierre espectacular y las luces inundaban aquella vereda de concreto cambiándole el tono opaco a un maravilloso juego de luces.

Sin más que entender que su propia ingenuidad sobre lo que estaba sucediendo, lo único que podía hacer era acercarse a aquel evento y poder darle a su mente curiosa una razón lógica o al menos poder tener palabras correctas para así poder explicárselo a su hermano.

Fue entonces, que mientras se acercaba a los puntos que bailaban sobre la calle y que en un principio la cubrían en su totalidad hasta sus pies, estos iban reduciéndose de forma rítmica y continua hacia donde él se acercaba como si de un aro luminoso se tratase y reuniéndose alrededor su sus pies. Joan seguía acercándose ahí donde los puntos aun revoloteaban y brillaban de forma increíble, pero cada vez con menor número y menor espacio que cubrir. Aquella anomalía era muy difícil de comprender. Entonces fijo sus ojos rasgados cada vez más abiertos, en una zona donde casi se concentraban aquel fenómeno en un solo punto y decidió acercarse más y más. Sus pequeños ojos se iban juntando conforme su distancia disminuía entre aquello y él. Cuando su alcance era a algunos pasos, aquello se iba subordinando cada vez más hacia la orilla de la calle y la concentración de puntos era cada vez menor pero su brillo era mayor a cada paso. El brillo era más puntual y menos invasivo, como si los puntos decidieran juntarse para lograr uno más grande. Aquel juego de luces se reducía de millones de unidades a algunos pocos con cada paso que el niño daba. Aquel día nuestro amigo y su natural curiosidad hizo que se acercara a algo desconocido llevándolo a encontrar lo que menos se imaginaba.

Cuando sus pasos lograron llegar a aquel lugar donde ya no había muchas sino una sola luz, y sin saber cómo responder a eso, su ingenuidad e inocencia se apodero de él y surgió lo que por inminente respuesta solo un niño podría realizar, interpretando aquel instante como simplemente un momento que le pertenecía. Se inclinó sobre sus pies con mucha suavidad, casi como para no crear ni siquiera una brisa de viendo frente a él. Después de algunos instantes eternos su mente pudo encontrar el camino para expresar lo que en su mente solo pudo traducir en ese momento con una sola palabra:

  • ¡Hola!- expresa Joan con palabra de voz casi imperceptible, susurrando al viento y que su voz no provocase alteración alguna de aquel momento. Extendió su mano de forma lenta y segura hasta donde estaba aquel pequeño punto de luz sobre la calle. Sostuvo en su mano aquel curioso punto de luz y con sus ojitos apenas abiertos logró percibir algo que en el fondo se movía.
  • “¿En dónde te coloco?- Se pregunto Joan con cierta certeza a una pregunta que ya tenía respuesta.
  • ¿Cómo te podría llamar?
  • ¡Que tal, amiga ballenita!
  • ¿Que los unía a ambos y que tenían en común? ¿Cuál era el propósito de aquella inesperada amistad?
  • “Tengo mucho calor y es por la gran bola amarilla”-piensa Ballenita intentando mojarse agitando sus aletas para aplacar la calurosa tarde.
  • “Debes ir a donde está la respuesta, ya que aquí tu quietud solo te provocara más dolor, y tu respuesta no estará ahí para que puedas disfrutarla. Detente solo para decidir el camino y ándalo. Recuerda, la quietud es solo para recordar que hay que estar en movimiento.”
  • “Déjalo ser y no te arrepientas de nada del pasado.”
  • “Posponer la acción se había vuelto más importante en su mente que el motivo mismo de tomar tal decisión e ir en buscar de la respuesta.”
  • “La bola oscura era el ojo del mar, y la gran bola de amarilla su corazón. Este último estaba siempre fuera del alcance de cualquier criatura, y así poder latir hasta el final de los tiempos, mientras cada ser de este océano cumplía con su cuota de vida y luego tras la partida volvía hacia aquel corazón. El ojo necesitaba un poco más de tiempo para cumplir con la respuesta. El empezó diciendo que el ojo no era uno, sino que millones de ellos viendo hacia todo el océano y que según donde tú estuvieras ubicado, así aparecían más o menos ojos. La cantidad de ellos dependía de si el lugar era importante vigilarlo con mayor detenimiento o no. Si el lugar era pacifico o no había mayores problemas entonces eran menos los que el mar necesitaba. Así cuando no aparecía ninguno era simplemente porque era un lugar de extrema paz y tranquilidad. Ahora, como el tiempo había pasado sin muchas novedades el océano decidió circular de forma rítmica sus ojos, así y con aburrida rutina, ya las formas se habían vuelto conocidas y entonces simplemente las criaturas del océano sabían que cuando el ojo estaba lleno, poco a poco, iría desapareciendo hasta no haber ninguno y así volver a empezar hasta quedar todos allí arriba vigilando. Entonces sabían que el mundo estaba seguro y en buenas manos ya que desde hace ya muchísimo tiempo esa era la situación.”
  • “Nunca vueles hasta que tengas alas, y si no te crecen aprende del que vuela”.
  • “¿Dónde estoy?, ¿Quién es él? – piensa Ballenita si casi hacer movimiento ante aquel nuevo mundo.
  • “Siempre estén a la altura de sus promesas y siempre cumplan con sus tareas”.
  • “Joan, mi niño, prométeme que vas a pedir ayuda para sacarla y así cumples entonces con una segunda promesa la cual me dirás después”.
  • “Si mama, lo haré, y te prometo que al final la tendrás limpia”.
  • “Hijo, eres muy inteligente y joven, y de acuerdo a eso, yo soy vieja y mas lista que tu. Sin embargo te voy a pedir algo muy sencillo de entender y difícil de cumplir.”
  • “Hijo, lo que te voy a pedir es que iguales nuestras edades y logres alcanzarme en experiencia”
  • “Allá, hijos míos, es donde están las preguntas, y es aquí en el corazón donde son respondidas”.
  • “Siempre estén a la altura de sus promesas y siempre cumplan con sus tareas”.
  • “La enseñanza es bella y por eso lloras”-piensa Ballenita antes de dormir.
  • “Yo tengo la elección de empezar ahora. Yo puedo decidir como sigo a partir de este momento mi vida”.
  • “¿Joan, puedo hacerte dos preguntas?- expresa ballenita con gran seguridad mientras nada en círculos en su hogar esférico.
  • “por supuesto, dime”.- responde con decidida actitud.
  • “¿Cuántas veces has llorado?”- Pregunta su amiga sin vacilar.
  • “Bueno, tantos millones de veces que si pudiese recoger todas mis lagrimas, aquel océano de donde provienes seria aún más grande”.
  • “Yo te pregunte cuantas veces has llorado, pero me dices que millones han sido. Quiere decir que no podrías recordar sus enseñanzas ya que te has concentrado en presumir que son muchas. Entonces sería mejor preguntarte de forma diferente ¿Cuáles serian las que podrías recordar?
  • “Yo solo me refería a que son muchas las veces que he llorado, tanto que no las recuerdo y que si pudiera olvidarlas lo haría”.-respondió el moreno con la cabeza viendo hacia el piso.
  • Te has enfocado en lo opuesto a la experiencia y a la enseñanza. No recuerdas cuanto has llorado pero si sabes que han sido innumerables y tu memoria ve el dolor y no su enseñanza, lo amargo del momento y no su significado, un mal momento debajo del caluroso sol y no lo hermoso de su brillo. Entonces, ¿Qué has aprendido? ¿Acaso te has enfocado solo en sentir pena por ti?”
  • “No amiga mía, no fue lo que dije, solo que fueron tantas veces que perdí la cuenta y ellas podrían llenar un gran vacío”.
  • “¿Que llenaría ese gran vacío, tus lágrimas o tu pena?
  • Dime entonces, ¿Por qué lloraste?
  • “No sé, fueron muchas veces, y no recuerdo las razones y además porque recordarlos, yo solo quiero olvidarlos. Si fueron muchos, solo importa que llore.”
  • “Exactamente amigo querido…es así, ¿es que no lo entiendes?”
  • “Solo se llora por una razón y no por muchas y su enseñanza es para llenar aquel vacío que se encuentra en tu corazón, y siempre será así para ese lugar en tu interior, con experiencias y vivencias. Lo importante no son las veces que has llorado, ni la cantidad de lágrimas que hayas dejado caer, sino el resultado.
  • “¿Cómo podría yo estar seguro que el llorar siempre es para enseñarme algo y no simplemente para expresar dolor?”
  • “¿Acaso no has llorado de alegría?”
  • “Que hermosa pintura”-expresa ballenita asombrada.
  • “Hermano, hola, porque has llegado tan temprano, la carne aun está en la cocina y tan dura como el casco de los barc….”
  • “Esta en el hospital”- interrumpe y suspira sin mayor esfuerzo dejando en el aire su ultimo respiro de respuesta.
  • “¿Quién… quién está en el hospital?”- pregunta Joan sin vacilar y con la sensación de vacío que le hacía recordar esa misma pregunta tiempo atrás.
  • “Mi jefe, el capataz de la fábrica, le ha caído las cajas que estábamos guardando con el pescado. Fue tan rápido que solo pude verlo desaparecer en aquella montaña de madera”
  • “Tranquilo hermano, estoy seguro que no serás despedido” – Dijo el pequeño con motivos para poner un poco de paz en aquella expresión del hermanos mayor que por su cara parecía que estaba resolviendo el problema de la paz mundial en un solo minuto.
  • “¿Qué dices? ¿Tú crees que es eso lo que me preocupa? Por favor, claro que no. Trabajo siempre encontraré. Es por otra razón que estoy así”
  • “¿Como está la comida?” – Pregunto Joan buscando que su hermano extendiera algún cumplido o al menos poder sacarle alguna palabra.
  • “¿Sabes que es lo que más me intriga? La expresión que vi justo antes de que le cayeran las cajas. Como si en un instante me estuviese formulando mil preguntas al mismo tiempo y que todas tuviesen solo una respuesta. Sentí como si el peso de aquello que estaba por caerle encima lo liberara de una carga aún mayor. Es como si todo tuviese sentido, pero para ello el dolor era el precio a pagar.”
  • “¿Qué dices, no entiendo, que respuesta? Al hombre le cayó una tonelada de cajas llenas de pescado. ¿Cómo es que puede preguntar algo y dices además que fue contestada?, ¿Acaso te dijo algo? – pregunto sin cesar Joan sosteniendo el tenedor con suficiente carne para masticarlo rápido y seguir preguntando.
  • “No puedo explicarlo” – Mantiene su hermano con ligera de expresión de calma. “Solo sé que fue tan rápido y tan lento que aun tengo fresco lo que aquello significo”.
  • “¿Quién determina mi camino, y si ese soy yo, porque suceden cosas malas?”
  • “Ballenita habías visto algo tan bello como mi pintura”
  • “Si, Joan… acaso existe otra pintura igual que puedas observar con tanta intensidad y aprender cada día de ella, aun así saber que eso es solo una pintura”
  • “Mi cuerpo brilla”- Expresa Ballenita con asombro.
  • “El cambio es inevitable. Solo cuando sucede es que te das cuenta lo inevitable y bello que es”-Dice Ballenita en voz baja mientras nada con cierta dificultad en su pecera.
  • “Acaso no te aburres todo el día ahí adentro”
  • “Mira lo que te conseguí… una nueva pecera”
  • “ Ballenita… has crecido”
  • “Mira… creció. ¿No es increíble?”
  • “Dime Joan ¿porque vivo en un lugar diferente?”
  • “Ballenita… has crecido mucho”
  • “¿A qué te refieres con mucho?- pregunto directamente
  • “Mucho… o sea, más de lo normal, ¿es que no lo sientes?-respondió impaciente.
  • “El crecer no se siente, se vive”-volvió a replicar Ballenita.
  • “Sí, pero has crecido al menos cinco veces más”
  • “¿Cuánto es cinco veces más?”
  • “Dios mío, he crecido…estoy creciendo… ¿Qué sucede?
  • “¿Por qué algunos extrañaran lo que nunca han tenido?”- Se pregunta Ballenita sin respuesta aparente.
  • “Hola, ¿cómo te sientes?-menciona Joan interesado en la salud de su amiga.
  • “Bien supongo, ¿Por qué lo preguntas?-con un tono de sorpresa.
  • “Bueno. Has crecido y aun no entiendo por qué o cómo. Tanto en un día.”
  • “Joan, dime algo, ¿es tu hermano feliz?-consulta ballenita con sinuosa curiosidad.
  • “! Por supuesto, es el único que es feliz”-responde Joan con seguridad y algo molesto.
  • “¿Porque te molesta mi pregunta?”-infiere la criatura azul.
  • “No estoy molesto, pero si es obvio que es feliz. ¿Por qué no lo seria?”-vuelve al ataque con una respuesta directa acompañada de una pregunta lógica.
  • “Pues, si fuese tan feliz bailaría sobre su cuarto, vibraría la casa con su presencia al entrar en ella, sería un atardecer permanente su llegada”.
  • “Joan, antes de hacer eso porque no me haces un favor. Cuenta cuantas patitas tiene”
  • “Ballenita, son muy pequeñas, como saber cuántas”
  • “Solo hazlo, cuéntalas y de paso, dime cuantos colores tiene en su cuerpo”
  • Joan: “Azul, amarillo y creo que algo de anaranjado o café clarito.”-responde el moreno.
  • Ballenita: “Entonces, ahora dime ¿cómo se podría llamar un animalito con esos bellos colores y con esa cantidad de patas?”-pregunta insistente Ballenita.
  • Joan: “mmm… Tal vez, arcoíris”-responde su amigo Joan.
  • Ballenita: “Bien, y si es así de lindo su nombre y con una cantidad de patitas para caminar, que tal si le buscas una casita.”
  • “Pero es mejor que vivan en el jardín, ahí debe tener su…”-interrumpió su frase aquel moreno. “Entiendo Ballenita, ahora entiendo. Solo debo ponerla donde va y que su vida continúe”
  • “Dime Joan, ¿no será que tu hermano esta perdido?”-pregunta Ballenita con cierto cuidado.
  • “Por qué lo dices, no entiendo, por qué perdido”-responde con una mirada de asombro.
  • “¿Se abrirán las puertas de su corazón cuando el momento llegue?- responde con otra pregunta.
  • “¿Cuáles puertas?”-Insiste el pequeño.
  • “Las de la verdad, las que se abren cuando se sabe que no estás perdido ya que nadie se pierde si sabe que está en la búsqueda.”-Vuelve la sabia Ballenita a responder.
  • “Y dime entonces ¿Cómo saber si está en su búsqueda, como saber si el mismo no sabe si esta perdido?”-Sugiere el pequeño Joan.
  • “Es fácil mi pequeño amigo de piel morena, ¡pregúntale!”
  • “Cómo le voy a preguntar algo así. Ni siquiera sabría yo lo que le estoy preguntando”-Reclama con cierta ironía Joan.
  • “Pero tú si entiendes la pregunta, solo debes buscar la forma que él lo haga también. ¿Cómo es que tú mismo si estás en la búsqueda no sabrías cómo preguntar?”-le pregunta a su moreno amigo con cierto aire de sarcasmo.
  • “Porque entiendo tus preguntas y las respuestas”-responde Joan con aire de seguridad.
  • “Entonces, que tal si solo le preguntas.”
  • “¿Y qué le pregunto?”-Joan vuelve hacer el mismo cuestionamiento.
  • “Tú lo sabrás en su momento, te lo puedo asegurar. Nunca se debe cuestionar sin saber que preguntar e ignorando lo que se busca. No tendría sentido saber o conocer algo sin saber que se quiere encontrar.”-responde Ballenita
  • “Hola Rodrigo, ¿Cómo estás?”
  • “¿Y qué o quién determina el valor de eso que dices que es valioso para ti y es lo que te haría vivir y no sobrevivir?”
  • “Rodrigo, hey, di algo” – expresa de forma intensa Joan para poder seguir con el día.
  • “Es…es…está hablando” – expresa su hermano mayor.
  • “pues si yo te entiendo, aunque yo no me quede con la boca abierta como tú”-asevera Joan.
  • “Rodrigo ¿como estas?”- Pregunta de nuevo Ballenita.
  • “Bi…bien, por supuesto”- responde Rodrigo sin quitarle la vista a aquel pez.
  • “¿qué es lo que te preocupa?- pregunta Ballenita sin quitarle la vista de encima.- ¿Por qué los días han de pasar sin que tu vida sea más un premio que un castigo o carga que llevar?-continua
  • “¿Por qué lo dices?, ¿acaso no es suficiente lo que uno vive para preferir otra suerte? Solo deseo que todo fuese más fácil. – Responde sin dudar desconcertado por estar respondiéndole a una criatura del océano.
  • “¿Rodrigo que es lo que te preocupa?
  • “¿Por qué vuelves hacer la misma pregunta? – responde el hermano mayor.
  • “Porque deseo saber qué es lo que tanto te roba momentos de felicidad. Para mí no hay razones que pueda entender porque tu forma de sentir y vivir”
  • “Yo vivo bien, no tengo lo que quiero, pero sobrevivo sin quejarme”-responde con gran seguridad.
  • “¿sobrevivir?, ¿Cómo es posible hacer eso?- consulta con la ingenuidad propia de ella.
  • “¿A qué te refieres con esa pregunta? Sobrevivir es eso…vivir con las justas”
  • “Pero tienes todo lo que necesitas, y más”-vuelve a responder cortamente.
  • “¿Cómo dices eso? No ves que apenas vivimos en una casa que nos dejaron. No ves que comemos, pero en necesidad justa logrando mi pequeño hermano hacer milagros cada día para darle variedad a lo que cocina. No es acaso mejor tener todos los días un menú diferente y salir a donde queramos sin tener que ajustarse a un poco de dinero.”- responde casi embravecido.
  • “Yo solo pregunte, que significa lo que tu llamas “sobrevivir” y la verdad aún no entiendo”- insiste la criatura azul.
  • “Sobrevivir es vivir apenas con lo que se tiene”-responde
  • “¿Y quien podría vivir con más de lo que se tiene? Si vives con lo que tienes, vives al fin, ¿Como podrías vivir con lo que no tienes?
  • “Me refiero a que desearía tener más”
  • “A ver si entiendo. Si vives con lo que tienes, eso significa sobrevivir, pero si vives con más de lo que tienes seria vivir y listo. Entonces explícame ¿Cómo puedes disfrutar algo que no tienes?
  • “Solo digo que desearía tener más y así disfrutarlo en vida. Poder tener más para vivir mejor.”
  • “Pero estas diciendo que sobrevives ahora con lo que tienes, y que eso no es vivir como tú quieres, sino que para ello tendrías que tener de lo que careces.” ¿Es así?
  • “Exactamente”
  • “Y donde esta eso”
  • “Que cosa”
  • “Eso que dices que no tienes”
  • “Pues no está aquí, obviamente”
  • “Pero sabes donde esta”
  • “Si claro, allá afuera en las tiendas caras, en los lugares lujosos, en donde no te fijas en el precio, sino en simplemente comprarlo”
  • “Pero si estas sobre viviendo con lo que tienes y me dices que para vivir debes tener aquello que no lo tienes ahora, como harás para vivirlo si cuando lo tengas estarás otra vez sobreviviendo con lo que tienes”.
  • “No es lo mismo. Yo quiero aquello que no he logrado obtener, porqué no he logrado alcanzar mis metas y no tengo lo suficiente para adquirirlo”
  • “¿Y qué o quién determina el valor de eso que dices que es valioso para ti y es lo que te haría vivir y no sobrevivir?”
  • “Pues es claro, el precio que tiene es mayor, por lo que cuesta más tenerlo y así entonces debes tener más dinero para adquirirlo”
  • “¿Y quien le pone valor a eso que deseas?”
  • “Otras personas, los dueños de eso que deseo.”
  • “O sea que teniendo aquello y más de eso, donde el precio lo determina otro que no eres tú, es cuando al fin dejaras de desearlo y al tenerlo serás más feliz porque otro te lo va a dar”
  • “Exactamente”
  • “Es decir, otra persona como tu va a determinar cuándo vives y cuando sobrevives. Y para estar más clara entonces, tú dependes de otro para vivir. ¿Es así?”
  • “Yo dependo de mi… nadie me va a decir cómo vivir… pero yo… yo… o sea…deseo aquello que quiero, pero… no es por el otro sino por mi… pero yo…yo deseo, pero…es tenerlo lo que deseo… pero es por mi… el otro no es importante… bueno el me lo va a dar… pero…pero…entiende… es diferente…es…como te exp…”
  • “Dime, Ballenita, ¿Qué ves?”-pregunta Rodrigo.
  • “Un hombre”- responde Ballenita.
  • “Vaya, vaya, tenemos un futuro amante de las arañas” – expreso la madre.
  • “Bueno, ma, está peleando con Rodrigo y no hay tiempo, la escuela está por abrir”- respondió su hijo menor.
  • “Rodrigo, déjalo así yo le busco lugar a tu nueva amiga.”- volvió a expresar su madre con un tono de calma pasajera.
  • “Que va, para que haya otros hijitos por ahí mejor cambio esta mesa y me hago otra. Así de todas maneras busco bastante madera para hacerla más grande”- aseguro Rodrigo.
  • “Azul, es azul mi criatura”-dice Joan con entusiasmo excesivo.
  • “¿y por qué azul?- responde Rodrigo con otra pregunta
  • “Bueno es fácil, mi criatura es fácil de oír, pero difícil de encontrar. Ese es su forma de vida. Habla y habla pero no se ve”- agrega contento su hermano de ojos rasgados.
  • “Bien, y dime ¿por qué hablaría tanto?- vuelve a preguntar Rodrigo
  • “Bueno, si te das cuenta, no hay mucho ruido cuando el océano esta calmo. Además nunca oyes nada cuando nadas bajo el agua, ni siquiera por encima. Quiere decir que ya todos los peces o se creen sabios o lo son. Quien mejor que uno que hable para poder saber lo que dicen.” – argumenta Joan.
  • “¿Y tu quisieras saber lo que los peces hablan o piensan?-vuelve a responder Rodrigo con otra pregunta.
  • “Claro que si, imagínate. La maestra Susan dice que el océano cubre casi todo el planeta. No recuerdo cuanto, pero dice que al menos tendríamos que recorrer nuestras montañas tres veces cada una en todo el mundo para entender el tamaño y si es así de grande y aun oímos que siguen descubriendo cosas aquí arriba, imagínate lo que está allá abajo, y peor aún, ni siquiera podemos hundirnos mucho por lo que ella dice de la presión”-dice Joan.
  • “O sea que tienes que tener un pez con boca grande para que te diga los secretos de ahí al fondo. Me gusta la idea. ¿Y por qué quieres que no se vea tan fácilmente cubriéndola de azul?”
  • “Por qué sería como una compañera única. Si es como el presidente del país, o aquel cura grande que hay en la gran ciudad, que hay que avisar un año antes para visitarlo y que solo te va a decir cosas que ya sabes, o que otra persona podría saberlo de igual forma, imagínate alguien que pueda decirte cosas que no sabes y que solo ella pueda hacerlo.”- insiste Joan.
  • “Bien pensado, ¿y de que tamaño seria?- vuelve a preguntar Rodrigo.
  • “Pequeñita, sería muy pequeñita, pero no se quedaría así, sino que crecería como todos nosotros, un poquito cada vez. Cada respuesta, cada duda que ella respondiera sería motivo para que creciera un poquito. Sería como la prueba que ha aclarado tantos misterios que en algún momento otra criatura tendría que cambiarse por ella y así no ser la única con esa facilidad de hablar.”-mantiene Joan con un aire de orgullo.
  • “Vaya que considerado. O sea, no solo habla sino debe tener sucesores. Como la reina y la princesa. ¿Y cuando ya allá crecido, vuelve a su tamaño normal o se queda grande?”-pregunta Rodrigo.
  • “Sería su momento de volver y seguir aprendiendo, así que su tamaño seria el que hasta ese momento tendría. Eso haría que los demás no la molestaran y así en vez de hablar cantaría de felicidad ya que respondió lo necesario a otros y ahora cantaría como símbolo de su labor realizada. Además para que no la molesten más claro.” – Responde Joan con una sonrisa.
  • “Un momento, espera, ¿A dónde vas?”-pregunta Rodrigo con extenuante sorpresa.
  • “Hacia mi cuarto, ya es tarde y voy a dormir”-responde el muchacho más joven.
  • “Pues deja a tu pececito ahí mismo. No voy a dejar que lo subas ya que necesito aclarar algunas ideas.”.
  • “Pero para que quieres que la deje aquí abajo.” – Vuele a fórmula la pregunta Joan.
  • “Solo déjalo, acaso no puedo hablar con ella o al menos convencerme que esto no es un sueño y si lo es simplemente conversar hasta que logre despertar”- Asevera Rodrigo con severidad. – “Déjalo donde esta, yo te la subo mañana mismo”
  • “Dime, Ballenita, ¿Qué ves?” – pregunta Rodrigo comenzando su sesión.
  • “Un hombre”- responde seguidamente su nueva amiga.
  • “solo eso, ves solo un hombre, ¿y existe la posibilidad de que me digas algo que no sepa?
  • “Sí”-responde dejando un silencio absoluto en la habitación.
  • “Dime que es lo que ves”-dice sin ninguna expresión definida.
  • “Veo un hombre” – vuelve a repetir la misma respuesta.
  • “Dime Ballenita… ¿Qué es lo que no ves?
  • “más allá del brillo reflejada por la luz de la Luna, un escenario de dos protagonistas se abría ante sus ojos:”
  • “La verdad todo en tu mundo depende de cómo lo veas” – exclamo con mirada seca y fría.
  • “Pues sí, la verdad es solo una y la única que puede existir y eso dependerá de ti”-dice ballenita con algo de ironía.
  • “Como es que dices que tengo razón diciendo lo opuesto a la idea misma”-reclama Rodrigo con cierta ironía.
  • “Si bien todo dependerá de un punto de vista, cada cual que lo ve es único y exacto y por lo tanto su apreciación igualmente lo será. Recuerda, que si por naturaleza un ser es único, sus atributos, características y aptitudes lo serán. Esto quiere decir que su punto de vista es y será único.”
  • “No todo es único. Si yo soy alguien con cualidades, no me pertenecen solo a mí, así que alguien tendrá lo mismo y entonces no será exclusivo de mi el tenerlo”- expone Rodrigo mientras toma una vaso de agua intentado mantener su garganta fresca para poder seguir con la conversación con voz fresca.
  • “Si una cualidad es parte de ti, no significa que eso sea igual en todos. Si bien eres alguien, las cosas que te afecten jamás serán igual para otros. Si eres alguien alegre no vas a creer que la alegría es igual para todos. Eso te lo puedo asegurar.”-replica Ballenita con seriedad observándolo desde su pecera y manteniendo el flotar de manera rítmica y segura.
  • “Pues si claro… yo se que si soy feliz no todos tienen que serlo igual, mas bien, gracias a que somos diferentes es que podemos disfrutar de las cosas de forma igual, cada uno a su manera, pero yo hablo de las cualidades no de las situaciones”- expone con orgullo Rodrigo.
  • “Bueno lo pondré mejor de esta forma, la alegría es universal, la expresión individual.”- Responde Ballenita.
  • “Si nuestras experiencias son tan diferentes ya que somos todos distintos, ¿cómo es que algo tan universal como la alegría puede entrar por igual en nuestras vidas, expresarse de formas diferentes y al mismo tiempo sentir que somos especiales, únicos por aquello que nos está sucediendo, y sin embargo al final sabemos que no somos dueños de aquel sentimiento?”- Rodrigo se ha sentado frente a ella y extendiendo su mano para dejar el vaso sobre la mesa la mira con sincera incógnita esperando que aquella respuesta de pie a que la conversación tome un rumbo que solo ellos podrían adivinar hasta donde llegaría.
  • “La alegría o tristeza que mencionas son tus elecciones, los sentimientos propios de ti son tu gran tesoro, y tus pensamientos la llave de tu mente donde has albergado tus recuerdos. Cuando te expresas con una sonrisa o tristeza solo estas abriendo tu mente y corazón y te muestras al mundo, sino no habría forma de que fuesen entendidos por los demás. Entonces tú eres así, el único que puede expresar sus propios sentimientos con pensamientos y expresados finalmente al exterior por ti mismo bajo una sonrisa. Si eso no fuese así de exclusivo, sería un mundo muy aburrido, ¿no crees?”
  • “Soy único, por lo tanto mis experiencias lo son igual. Por lo tanto, no estoy en ningún bando ni perdedor ni ganador. Soy solo parte de un todo y cada uno de nosotros somos partes de un gran rompecabezas. Si solo falta una pieza, nunca estará completo. Eso quiere decir que me he preocupado por fijarme en la forma en que suceden las cosas y no el porqué. Y lo mejor de todo es que tengo la opción de escoger como, cuando y de qué manera poner en práctica aquello. Tengo la libertad para hacerlo y aun mas, he desperdiciado tantas lecciones como experiencias vividas por mi y por personas cercanas a mí.”
  • “¿Hablas de tu jefe, el que murió?”
  • “No entendía por qué mi jefe murió de aquella forma teniendo tanto por hacer y ahora me doy cuenta que su muerte fue única para él, pero al mismo tiempo única para mí. Yo me quejaba de no haber vivido tantas cosas que no me percate lo que estaba frente a mí, alguien que me estaba diciendo con su ultima mirada que me preocupara por vivir, que mis días eran valiosos y que cada minuto era mío. Yo puedo entonces experimentar por cabeza ajena. Aquel hombre murió y yo sigo vivo. El tuvo grandes oportunidades y las aprovecho, yo no las he tenido iguales, sino totalmente diferentes. Me he quejado por lo que asumí que debía ser mío, y no puse atención a que la vida me estaba otorgando otras cosas, y por ello las perdía de vista, pasaban frente a mí y ni me enteraba. Ahora siento un vacio por no haberlo hecho y aprovechado, pero entiendo que solo estaba observando caminos ajenos y al mismo tiempo sufriendo comparándolos con el mío. Estaba totalmente equivocado.”
  • “Rodrigo, buenos días.”
  • “Me parece o de nuevo esta diferente”- susurra Joan.
  • “Tú lo ves y yo lo veo, así que no puede ser espejismo. Es verdad, volvió a pasar”-exclama Rodrigo.
  • “Pero por qué sucede, desde cuando un pececito azul crece solo por ratos, o es que no nos damos cuenta de lo que pasa”-pregunta Joan
  • “No es así, cuando algo lo ves todos los días, no te percatas de su crecimiento, pero en este caso, es como si creciera de repente. Como si al cabo de un tiempo solo creciera y ya. Su cuerpo no lo hace todos los días y así llegar a un tamaño final, sino que parece que se aguantara y sin aviso aumenta de un día para otro”- explica Rodrigo.
  • “Pero si es así, no importa, ya de por si toda ella es única. Que crezca no me asusta, ya que es de las sorpresas la menos curiosa, ¿cierto?”- responde Joan con ligera sonrisa.
  • “¿Qué crees que le suceda?, ¿Por qué estará creciendo o es que nos parece?-reformula Joan con insistencia.
  • “Ya te dije, está creciendo y es más de lo usual. Además es evidente, no nos engañemos. Está creciendo y justo ahora lo estamos observando.- Asegura Rodrigo sin temor a equivocarse.
  • “¿Pero cuando se detendrá?, acaso seguirá hasta ser…”
  • “¡Ballenita! Ese es el nombre que le pusiste porque a eso se parece. Una ballena pequeñita. Es por eso que la llamaste de esa forma. – Asevero Rodrigo.
  • “Si claro que es así, pero solo por cariño. No vas a creer que soy el responsable de que esté pasando solo por llamarla así.- Responde Joan con ligero desconcierto.
  • “No hablo de culpables, sino de hechos. Tú la llamaste como físicamente la reconociste. No puede ser que simplemente sea una coincidencia.”- asegura Rodrigo con gran sentimiento.
  • “No, no… espera, esto es ridículo. No puede ser eso, porque una ballena no nace de ese tamaño…”-dice Joan.
  • “Joan, entiende, nuestra amiga habla. Eso nos convierte en los únicos que podríamos saber que está pasando. A partir de ahí, todo es nuevo. Yo solo digo que lo más fácil y claro es ver las pruebas de lo que sucede y los hechos. Solo eso”- dice con tono tranquilizante el hermano mayor.
  • “Está bien, entonces supongamos que es lo que dices, una ballena tamaño bolsillo que encontré en la calle, cosa que ya es raro, y casi inimaginable. Si bien quiero una explicación, también me gustaría no hacerle daño con nuestros pensamientos y acciones. No quiero que nos deje o tener que llevarla de vuelta.”-dice tristemente Joan con un tono de resignación prematura.
  • “De que hablas Joan. Nadie está llevando a ningún lado a nadie. Tenemos solo algo que resolver y eso es su próxima pecera. Así de fácil, así que vístete y hoy buscaremos un recipiente digno de su próximo tamaño esperando que deje de crecer por un tiempo.”- dice con tono tranquilizante a su hermano menor.
  • “¡Joan! ¡Joan! ¡Corre por favor, ven a ver esto!- Grito eufórico su hermano mayor desde el segundo piso de la casa.
  • “… díganme por favor… ¿encontraron algo de mi tamaño?
  • “Ya volvemos, no le abras la puerta a nadie y principalmente… no le hables a nadie.”
  • “¿Anavi donde estas?”- Exclamo con gran entusiasmo la pequeña ballenita.
  • “Anavi – pregunta un curioso molusco apenas saliendo de su concha y mostrando sus ojitos casi cerrados – ¿Cuánto tiempo debo esperar para salir corriendo cuando todo se mueve o cuando hay corriente?
  • “No es cuanto corras, sino adónde vas. Si ves que algo que puede cambiar tu paz o puedes sentir temor, dirige tu mirada hacia otro punto donde haya seguridad. No corras sin saber a dónde vas, ya que podrías estar dirigiéndote hacia más peligro que el mismo motivo que te hizo correr.”
  • “Anavi – pregunta un pequeño caballito de mar el cual se veía cansado o más bien derrotado – ¿Cuándo sabré que estoy derrotado o que no vale la pena seguir luchando?
  • “¡Anavi!, ¿acaso no merezco respuesta?”- reclama con ímpetu aquella criatura.
  • “Espera, no interrumpas, no ves que estoy viendo detrás de ti.”- responde Anavi.
  • “Anavi, ya veo que te burlas de mi y la verdad no tengo tiempo para ti. No merezco que me ignores”.- exclama el caballito de mar dando media vuelta alejándose de aquel grupo.
  • “¡ayayay! – grita el caballito haciendo una pequeña vuelta sobre si y agitando las pequeñas aletas para detener el giro. – “Que te sucede, no solo me ignoras sino que me agredes, ¿Qué te sucede?”
  • “Vaya entonces no estás tan derrotado. Suficiente carácter para reclamar, suficiente energías para reclamar lastima, suficiente furia para reclamar. Si estas tan derrotado, porque te preocupas por tales detalles. Más bien pareciera que estas molesto. Si es así, bien, el ingrediente que falta para salir del agujero. Y sobre seguir luchando preguntas, desde cuando es necesario luchar para vivir. Las luchas solo se libran si hay algo al frente del cual cuidarse, o más bien, evadir. Si además no asistes dicho enfrentamiento solo habrá habido la emoción de líbrate de ello.”
  • “Tu estas reprimido por que deseas que te dé respuestas – exclama Anavi a su golpeado oyente – eso quiere decir que si te golpeo solo buscas devolver la piedra. Te aconsejo algo muy sencillo: olvídate de tus sentimientos de fracaso ya que ellos estarán ahí hasta que tú lo digas, y preocúpate por lo que deberías poseer, ser o hacer para ser feliz. Tan fácil como eso y veras que aquello jamás se te negara y si dura su tiempo en aparecer es para que disfrutes no solo la meta de ello sino el proceso que te llevo a disfrutarlo”
  • “Si te concentras en lo que no quieres perderás tu vida evadiendo aquello que no deseas. Si te enfocas en lo que deseas sin mirar alrededor tuyo, vivirás sin tener motivación para disfrutarlo. Si buscas las respuestas en el fondo del océano vivirás expuesto a que tus metas pasen frente a ti y no las veas. Sin embargo si vez hacia el horizonte podrás apreciar todo lo que a tus costados se desliza, y con sabiduría habrás de escoger lo que te guste. Recuera que duele más perder un regalo por ignorancia que una fiesta sin regalos. Las grandes cosas que te da la vida se toman el trabajo de acercarse a ti para que puedas tomarlas. No te golpearan ya que están aquí para hacerte feliz. Se deslizaran frente a ti, se acercaran, te tocaran el hombro y solo tu decidirás si la tomas o no. Y si te pegan es porque la felicidad es tan grande que no dejaran que las dejes pasar”.
  • “Anavi, recuerda esto siempre… ¿Y si mi meta fuese comer Cangrejo con Algas?” – dice con cierto sarcasmo.
  • “Bueno, ese día entonces sabré que fui el motivo de tu felicidad. Por ahora, creo que tendrás que conformarte con una búsqueda menos peligrosa para mí.”
  • “Es sencillo mi pequeño y revoltoso amigo, eso será del tamaño que tu le determines. Dime más bien si esa piedra atrás tuyo es grande o pequeña.”
  • “¿Esta?, es muy grande claro, todos estamos casi montados aquí encima.
  • “Entonces dime de qué tamaño es la piedra que tienes a tu costado – vuelve a preguntar Anavi.
  • “El pequeñín se volvió para observar la piedra en cuestión y con una mueca de burla le responde con alta seguridad – Es mínima, sin importancia.
  • Anavi le sonrió y le dijo “Y si te dijera que todas las rocas son iguales” – Anavi aseveró con algo de ironía.
  • “Pero como seria eso, claro que unas son pequeñas y otras grandes”-responde su pequeño amigo
  • “Díganme ahora, ¿la roca que tome es grande o pequeña?”
  • “Es enorme” – responden todos a la vez
  • “¿Quiere decir que los problemas son todos grandes?”-asevera el pequeñín.
  • “¿Y si es lo contrario? – replica Anavi.
  • “Si toman un gran problema, como lo llaman ustedes y se dedican a estudiarlo, entenderlo, se darán cuenta de que el gran tamaño nunca lo fue, solo es una gran cosa compuesta de muchas pequeñas las cuales hay que comprender a cada una por separado, y finalmente y con tranquilidad buscar la verdad y saber qué es lo que está frente a ustedes, así entenderán que al igual que esta montaña de piedra nunca fue un problema grande, sino algo que puedes desarmar, deshacer, moler o quebrar en pedacitos y así resolver una piedra a la vez y al final aquello habrá perdido la fuerza para causarles miedo o desesperación”.
  • “Díganme ahora, ¿De qué tamaño son estas piedras?” – pregunta el anciano Anavi.
  • “Son pequeñas, muy pequeñas Anavi”- responden todos en coro.
  • “¿Y si les dijera que estas pequeñas piedras son tan grandes como ese montículo en el cual están todos reunidos?- asevero con cierto misterio.
  • “Imposible, son más pequeñas, son diferentes” –aclararon al mismo tiempo aquellos pequeños peces.
  • “¿Y no es acaso ese montículo parte de esta gran roca que seguro desprendió hace ya su tiempo y llego hasta aquí sirviendo ahora de apoyo para ustedes? ¿Entonces no son solo una gran roca pequeña al lado de esta gran montaña? Si es así, entonces ya no es una gran roca, sino parte de algo más grande y que finalmente es parte del gran océano.
  • “ Hola, ¿Estas despierta?- pregunto Ballenita
  • “Claro que sí, estoy viéndote desde hace rato, es más, te vi cuando estabas dejando aquel cuerpo que finalmente se hundió para perderse en el fondo”- explico aquella estrellita roja.
  • “¿Cómo es posible? Yo estuve aquí como dices, pero no estabas, no pude verte.”-remarcó Ballenita.
  • “Exacto, no pudiste verme, eso no significa que no estaba aquí. Eres como los demás, solo ven lo que les interesa, y muchas veces ni siquiera saben lo que quieren.”-vuelve a responder la estrellita.
  • “Dime exactamente a que te refieres, porque no te entiendo”-pregunto Ballenita
  • “Tú sabes a que me refiero. Estas buscando respuestas a cosas que no has preguntado. Debes primero preguntar y después encontrar la respuesta. Y estoy seguro que aquello que deseas encontrar es muy posible que ya lo tengas frente a ti”-respondió Estrellita.
  • “Bueno mis intenciones es siempre aprender y siento que aquí las respuestas no serán suficientes. Es como estar estancada en un lugar sin poder salir y sin embargo nadie me detiene”-define Ballenita ante su nueva amiga.
  • “Mira, dime algo interesante que te haya sucedido y así yo te digo si realmente es importante para ti”
  • “Interesante no sé, importante algunas cosas. Como podrías tu saber si algo es o no importante para mí. No me conoces”
  • “Es simple. Todo tiene un grado de importancia, y eso dependerá de ti. Pero todo es interesante por igual. Por lo tanto deberías saber que todo es por naturaleza interesante, y dependerá de ti cuán importante seria. – responde Estrellita.
  • “Entonces solo te puedo decir que el ave que traje hace un rato tenia gran importancia, pero no sabría sobre el interés en eso. Es difícil decirlo. Me interesaba entender lo que sucedía, saber por qué era yo la que debía cargarlo o simplemente porque sucedía. Fue importante, mas no entendí.”
  • “Mira qué curioso, le hiciste el mejor de los favores a una criatura lista para cerrar su ciclo y aun no sabes ni siquiera lo que hiciste, y es más, te enfocas solo en buscar una respuesta que fue dada justo cuando decidiste traerla. Por preguntar tanto y no simplemente entender la buena acción de haber buscado con quien dejarla, o tal vez solo haberle hecho pasar el mejor de los paseos aunque fuese el último. No entiendes que estaba cansada al punto de caer y tú le diste el aliento final de seguridad. Su cuerpo no aguantó pero te puedo asegurar que su espíritu revivió cuando decidiste cargarle en tu lomo”- expresó la roja criatura.
  • “Solo deseaba buscarle un lugar donde pudiese ella descansar. Pero no logré hallar ningún lugar. “
  • “Amiguita, solo hiciste lo que tu corazón te indico. Pero te distrajo la formula de encontrar siempre una respuesta, donde no la había, ya que solo necesitabas llegar aquí.”
  • “¿Aquí?, ¿tú crees que es aquí donde puedo encontrar una respuesta?-preguntó Ballenita.
  • “Mira, no insisto mas en el tema de preguntas y respuestas. Se vuelve aburrido y además innecesario. Dime que te trajo de vuelta aquí.”-pregunto Estrellita.
  • “Pues solo volvía a mi hogar, es todo lo que necesito por ahora. Seguir mi camino y como dice un amigo mío, seguir mi rumbo en la vida”-reflexiono Ballenita.
  • “¿Hacia dónde señalas? No juegues conmigo, solo pregunto para aprovechar el viaje. Nunca se sabe de donde provienen las respuestas.”-exclamó Ballenita.
  • “Hacia donde, hacia donde, es todo lo que se te ocurre preguntar”- dice con ironía Estrellita.
  • “Si pues dime, si vas a responder por qué no hacerlo directamente”.
  • “Y quien dice que no lo he hecho, o acaso debo ser más evidente”. –Finaliza Estrellita.,
  • “! Ballenita, Ballenita, mira estoy aquí donde puedes verme, mírame.”
  • “Ballenita, mírame estoy aquí, mírame”-volvía a gritar aquella figura que por supuesto por sus agitadas tenazas ya se podían dibujar en la mente de Ballenita y entendiendo que era su amigo Anavi desde una roca saliente.
  • “Anavi, hola, porque tanto grito, apenas podía saber dónde estabas. Ahora si dime que sucede ya que llegue y por tus gritos pensé que era una emergencia.”-exclamó la azul y cansada Ballenita.
  • “Mira lo que conseguí, observa, es algo que desde hace mucho tiempo he buscado sin desear encontrarlo.”- aseveró Anavi.
  • “No entiendo, deseabas no encontrarlo y asimismo deseabas encontrar, explícate”.
  • “Si claro es confuso. Es fácil, para encontrarlo era necesario las malas intenciones de los que no saben nadar y por ello que lo desecharan y claro lo dejaran aquí en nuestro hogar, aunque para ellos siento que es más un lugar para botar lo que no usan antes que un lugar lleno de vida.”- volvió a explicar Anavi
  • “Bueno entiendo a medias, pero mejor explícame que es y porque me lo deseas mostrar”-volvió a insistir Ballenita.
  • “Mira es una imagen, un dibujo que pintan sobre estas superficies, es algo extraño pero igual de curioso e interesante, son figuras que tal vez no entiendas pero que algún día sabrás porque es importante saber y conocerlas.”
  • “Ballenita, pon cuidado, estas son seres que no pueden nadar. Viven donde el fondo del océano sube y así continua seco y sin el océano a su alrededor. He oído que se comunican como nosotros pero con un lenguaje algo más confuso. Sus lugares donde viven son grandes y extraños, pero como te dije todo fuera de este océano. Es más, es por ellos que aprendí a decirle así a nuestro hogar. Recuerda que nosotros no le teníamos un nombre hasta que yo lo empecé a llamar así… nuestro océano”-explico Anavi
  • “Mira, esto que esta al fondo de la imagen, atrás de todo, esas cosas son en lo que estas personas usan para poder cursar este océano y ya que no pueden recorrerlo como nosotros, ellos usan estas grandes cuevas flotantes. No estoy seguro como se les llama pero sé que suena a algo como Burpes o algo así.”
  • “Vaya y además de ser extraño, claro que si, ¿por qué me lo muestras?-volvió a preguntar Ballenita.
  • “Ballenita bella, uno de estos Burpes se llevó a tus padres”
  • “Ballenita, sabía que este momento debía llegar y mis intenciones eran que pudieses recordar este momento no como un castigo o que tu tristeza abarcara tu vida, sino que tuvieses un día donde la mayor pregunta de tu vida había sido respondida”.
  • “Pero no todo está respondido. Sé cómo pero no el porqué. Y asumo que tu no lo sabes, ¿cierto?”
  • “Así es mi pequeña amiguita, lo ignoro aunque no fueron los únicos. Estas llamadas personas solo buscan a nuestros amigos y nuestra especie para fines aun no entendidos. Pero te aseguro que ellos no son tan diferentes a nosotros en algunas cosas. Solo que no tengo respuesta a cuáles son esas cosas.”
  • “¿Pero en que podrían asemejarse? no hay nada en ellos similar a nosotros… ¡nada!”
  • Burpes, Burpes…es así como recuerdo aquel nombre, ya que sin saber porque siempre lo tengo fijo en la cabeza, en cada pensamiento. Todo es confuso pero igual siento que aquello es importante, sin necesidad de buscar respuestas, siempre surge la pregunta… ¿Por qué un Burpes se llevaría a mis padres y para qué? ¿Cuál sería la razón de todo ello?
  • “Ballenita estás enorme, la tina apenas alcanza para contenerte. Debemos buscar algo más grande pero no se me ocurre nada”. – asegura Joan sin dudar.
  • “Vamos a tener que hacerle una gran tina o una pecera más grande o que se yo”- responde su hermano.
  • “Hey, mira… nos está observando. ¿Acaso esta sonriendo?- Rodrigo pregunta y al mismo tiempo sonríe buscando una razón por la cual no abrir una carcajada casi incontrolable. Sus pensamientos están al borde de una conclusión y eso lo llena de alegría, casi de increíble júbilo.
  • “Si, definitivamente nos está sonriendo… es como si supiese la solución… ¿es así?”- Joan dibuja una sonrisa y casi sin tiempo a responder aquel gesto vuelve la vista a su hermano y juntos al fin comprenden lo que está sucediendo.¨
  • “Mira, Ballenita aquí es donde estas tu y aquí es a dónde vas”- señalaba Anavi son su tenaza reposándola sobre la arena en el centro del circulo, y dirigiendo una mirada hacia Ballenita. Anavi buscaba la manera de como ella pudiese responderse a si misma y así poder entender sin necesidad de sus propias palabras. Mas era imposible que Ballenita en su ímpetu de innumerables y continuas preguntas pudiese tener una sola respuesta y si aquel círculo en la arena demostraba un resultado sólido ella solo respondía con lo que usualmente denominaba la espiral. Eso era dibujar en el agua un circulo ascendente el cual extendía con sus aletas hacia la misma superficie como si de un remolino se tratase y así con el baile circular desaparecía y con un movimiento de adiós, se alejaba como decepcionada de aquel momento.
  • “Mantén quieta la tina, cuidado que no se mueva demasiado, arriba cuento hasta tres y la subimos. ¡Uno, dos, tres, ahora!, arriba, vamos sobre la carreta”- Rodrigo con un usual y firme tono de voz ha enviado una mirada penetrante a Joan para que el pequeño hermano se olvidara por un momento de su tamaño y así recordarle que había momentos de debilidad y otros de fortaleza. No existía en esos instantes posibilidad de errores. “Sostenla, sujétala, amárrala bien de tu lado y yo de este, que quede firme, y con cuidado dije”- las instrucciones eran tan exactas como cuando estivaba los grandes contenedores en el puerto donde trabajaba.
  • “Cuidado, cuidado pinchas una llanta, que solo eso nos faltaba”- Rodrigo reclama con preocupación que ese evento sería el peor de todos y que si habían llegado hasta este punto ya habrían solo de pasar una frontera mas.

Joan de forma instantánea quedo paralizado en aquel instante, cuando seguido de aquellas palabras de saludo dichas por él surgió en respuesta una voz procedente de aquel fenómeno de luz y como si el viento fuese cómplice, este se detuvo logrando crear una quietud absoluta alrededor de él y un susurro tan pasivo pero claro se logro oír a través de una voz que dirigiéndose al niño, exclamo con curiosidad y dulzura:

-¡Hola!- ¿cómo te llamas?

LA DUDA

Ya han pasado varios días desde que aquel encuentro que marcara el comienzo de una inolvidable amistad. Ballenita había encontrado un amigo que a diferencia de sus otros y húmedos conocidos, este estaba ansioso de su inagotable energía y entusiasmo. Era muy fácil tener un amigo en aquel océano inmenso lleno de vida, pero un compañero que tuviese las mismas necesidades que ella era bastante inusual. La preciosa criaturita azul daba a entender con sus constante revoloteo en el agua, lo feliz que le había hecho aquel encuentro, y sin embargo de vez en cuando como congelada por el tiempo, se detenía, como si observara hacia el exterior desde su burbuja de cristal, su mirada apuntaba sin rumbo y aunque no hubiese nada al frente que fuese objetivo de su interés, seguía en la misma posición. Surgía entonces desde su redondeada cabecita una pregunta y algo que no lograba entender, ¿Qué los unía a ambos?, ¿Qué necesidad tenían en común? ¿Qué querían encontrar? ¿Por qué estaba ella ahí?

La duda permanecía constante pero no lo suficiente como para quitarle horas de felicidad al lado de aquel moreno de escaso metro y veinte de altura.

Todos los días ballenita bailaba su ritual durante las primeras horas del día. Cada madrugada a la misma hora, diez minutos antes de que se cumplieran las cinco, Ballenita empezaba su danza del chapoteo. El ruido dentro de la pequeña pecera se escuchaba hasta donde dormía, a escaso tres pasos de ella y era suficiente para hacer que el niño con responsabilidad de adulto abriera sus ojos a un nuevo día.

Joan, con ojos de cariño la observaba y reía. El lugar donde ella bailaba había resultado ser una buena idea. Esa burbuja de cristal en la que había decidido colocarla era un frasco de vidrio de escasos centímetros de anchura, pero suficiente para que ella pudiese moverse con mucha facilidad. Había sido buena idea haber ido ese día al Valle de los Tesoros como él conocía aquel lugar, y como todo niño, no importando si era en realidad un basurero comunal, disfrutaba con entusiasmo la visitas a aquel lugar.

Eran unos meses antes de la temporada navideña cuando a Joan se le ocurrió hacer una visita a un lugar donde las cosas más extrañas se reunían con algo en común. Nadie las quería. Y es por eso que el basurero comunal o Valle de los Tesoros se hizo famoso dentro de la comunidad donde él vive, justo atrás del cerro que los divide físicamente pero que en su momento, los aromas que cruzan hacia el otro extremo les recuerda a todos en la zona que el depósito esta donde siempre ha estado, a las espaldas de sus patios traseros y un poco más allá. Ese día con el sol casi en su cabeza dirigió su caminata hacia ese lugar esperando encontrar cualquier cosa que le hiciera variar la rutina diaria. No paso mucho tiempo cuando en una loma de viejas neveras y largos barriles de metal, vio algo que le llamó la atención. Luego de una caminata cuidadosa, cubriendo sus pies bajo la mirada atenta de cualquier vidrio o elemento filoso que fuese a herirlo, logro llegar a su destino y con ojos casi del tamaño de su asombro observó aquel objeto. Redondo, transparente y sin rasguño había sobrevivido a aquel lugar de caos e irresponsabilidad de cuidados básicos aquella bola de cristal. No era algo simple sino mágico, no existía el menor ruido, sino el de sus pensamientos, no había una sola distracción sino el resplandor de aquel objeto casi perfecto si no fuese porque debía tomarlo sin que nadie lo viese y así evitar que se lo hurtaran de sus propias manos. Al agarrar aquel objeto tan puro dentro de aquella zona de desastre, se dio cuenta que no era una bola completa, sino con un agujero, el cual apuntaba hacia abajo y que por consiguiente había un objeto no solo mágico sino que útil. Lo tomo entres sus manos y como abrazando un niño recién nacido lo apretó hacia su pecho y caminando seguro y sin volver la vista hacia ningún extremo, enrumbo hacia su hogar. Ese día había sido la prueba que las constantes visitas sin éxito a aquel lugar tenían que dar frutos en algún momento y que si antes no había pruebas de que el apodo de aquella zona estaba justificado, hoy daba por hecho que había sido bautizado correctamente. El mismo era a partir de hoy el abanderado que defendería tal nombre a aquel Valle de los Tesoros.

Levantando su pequeño cuerpo de la cama y poniéndose de pie con los ojos aun envueltos en somnolienta mirada, volvió su vista a su nueva amiga y con voz algo inquieta se pregunto en voz alta:

Sin pausa entre frases, ella con voz dulce y una pequeña sonrisa dibujada en su azul rostro, respondió de forma instantánea, sin dejar ningún silencio entre ambos.

Durante la jornada diaria Joan rotaba en una rutina de quehaceres hogareños. Lavaba, limpiaba y cocinaba, al son de alguna melodía pegajosa. Sus estudios los realizaría después del mediodía, justo terminado el almuerzo. Con el estomago recién comido, ya habría energías de sentarse y aprender algo más cada día, según las enseñanzas de su hermano. Aunque no estuviese para acompañarlo durante el mediodía, Joan se las arreglaba para mantenerle la comida fresca hasta su llegada durante cada atardecer de cada día. El acuerdo entre ambos era sencillo. El traería el dinero para que entonces pudiese hacerse cargo su hermano menor de las cosas en la casa.

Después de varias horas de limpieza y danza durante la labor, disponía de algún descanso solo para mantener las fuerzas necesarias para continuar. Cuando el almuerzo hubiese acabado de preparar, volvía su vista hacia la repisa de madera y muebles de uso variado para extraer algún libro de texto escolar y sin importar cual nivel, disponía a abrirlo y aprender cualquier cosa. No era importante si primero aprendía a decir palabras en inglés antes de sumar o restar. El orden de los factores, según él aprendió en una lección de multiplicación, no alteraba el producto final. De todas maneras, los textos eran de diferente procedencia, tanto del Valle, algún amigo generoso del hermano o simplemente de algún basurero.

Lo que diferenciaba en estos días la rutina de aquel moreno era la novedad y curioso encuentro que había sucedido algunos días atrás. Las horas pasaban con maravillosa rapidez. Las conversaciones con Ballenita eran a cada momento más interesantes y más intrigantes. Todas las preguntas que él le hacía eran respondidas con el cuidado de que el pudiese analizar y buscar lógica y aprendizaje. Sin embargo en cada conversación siempre quedaba latente una pregunta sin respuesta, ya que la misma no se planteaba sino que quedaba flotando dentro los pensamientos de ambos personajes.

EL CAMINO

Fueron diez días al menos que Ballenita había quedado estacionada sobre un montículo de piedra apenas sobresaliente de la superficie del inmenso océano. Varios días habían pasado y muchos de sus amigos casuales como ella solía llamarlos se paseaban y jugaban alrededor de ella. Sus amigos variaban en tamaño, forma y color. Sin embargo todos tenían algo en común en ese momento. Sin dudar todos se extrañaban de la actitud pensativa de su amiga azul y del como su mirada se había perdido en el horizonte. Constantes preguntas le hacían y esto solo para saciar su curiosidad y sin embargo ella solo les respondía con una cándida sonrisa y sin ninguna palabra que surgiera de su pequeña boca.

Tras muchas horas de estar quieta y sin respuesta, algunos de sus compañeros de juego que habían insistido tanto en preguntarle qué era lo que le sucedía, y temiendo algún mal sobre aquella bella azul amiga, llamaron a uno de los ya viejos y sabios habitantes del mar.

Anavi era un cangrejo de aspecto curioso. Su confuso lenguaje, su apariencia y modo de andar no daba crédito a la sabiduría del cual era merecedor y después de tantos años sobre aquellas aguas su reputación era incuestionable. Ya sus consejos eran legendarios ayudando a todos aquellos que se acercaran a despejar una o varias dudas, poniendo en orden aquellas cabezas donde había confusión, y dejando paz donde había caos. Mas si alguno tenía dudas o hacia alguna pregunta irónica que pudiese poner en duda sus conocimientos e historias antiguas, siempre respondía con un ligero ademán moviendo una de sus tenazas mas grandes hacia arriba y apuntando al cielo y la otra hacia su espalada y hacia abajo diciendo: “Si camino hacia atrás no es porque mis pasos retroceda, sino porque reviso los pasos equivocados que tú ya has dado”.

El viejo Anavi puso su pequeña tenaza sobre el lomo de aquella criatura azul y dejo que la reseca textura rosara aquella superficie escamosa. Su tacto fue más que suficiente para hacerle entender a Ballenita lo preocupado que estaban todos en su colonia y más aun, el mismo, ya que desde que era acaso una criatura de escasos centímetros, ya conocía aquella mirada que se perdía en la profundidad de los ojos de quien la miraba. Por lo que en ese momento no le pregunto nada, sino que sin que ella pudiese siquiera expresarse, el mismo le contesto…

Ella sin vacilar agito su aleta mayor trasera enrumbó hacia donde el sol nacía, justo opuesto hacia donde estaba dirigiendo su mirada ya varios días atrás. Entonces Anavi puso sus ojos saltones hacia el horizonte adonde ella se estaba dirigiendo y con un profundo respiro le dedico unas últimas palabras:

Antes de profundizarse en aquél océano de un salto, aquello amigos que le habían solicitado su intervención, se volvieron a ver y se preguntaron qué significaba aquella frase. No hubo respuesta de parte del viejo cangrejo que pudiese satisfacer aquellos incrédulos. Solo un chapuzón al agua de aquel anciano fue lo que recibieron como respuesta a sus preguntas.

Habían pasado varias lunas desde que aquel consejo de Anavi había hecho que Ballenita surcara el océano sin un rumbo establecido. Lo único que surgía en su mente como plan para continuar era el que en algún momento de aquella jornada encontraría la respuesta. Sin embargo, y aunque sonara contradictorio, cómo iba a conseguir una respuesta donde no había claridad en la pregunta. Si bien era cierto, su gran consternación en la que había estado consumida varios días era más que una preocupación sino un sentimiento de vacío. Aquella sensación había abarcado más que un punto en su corazón, para convertirse en una gran mancha de ansiedad y tristeza que podía recorrer todo su cuerpo y aun así no cesar su malestar. Lo que hacía que su viaje fuese alimentado con alguna alegría y olvidase por momentos la culpa de no haber empezado antes, en un futuro ella juzgaría como un ser que empezó y concluyo, o al menos lo intentó. Menos pesados eran sus pensamientos cuando veía hacia atrás y observaba lo que hasta ese momento había logrado recorrer, que si algún consuelo existía en su corazón era que la titánica acción de empezar el viaje había sido una realidad al fin.

Ella, en sus momentos de descanso y viendo hacia aquel horizonte donde había dado inicio su camino, sus pensamientos recorrían el tiempo y con una sensación que mezclaba miedo y angustia pensaba:

Había pospuesto por tanto tiempo su decisión de tomar acción que las excusas se poseían más importantes y peor aún, tomaban prioridad en su vida. El dolor que le causaba aquella sensación se desvanecía cuando siquiera se le ocurría el temible pensamiento de aún estar sentada esperando a tomar acción. Pero era solo ya un recuerdo, ya que haber comenzado era suficiente para mantener su espíritu en alto, y que con gran orgullo su vacío, poco a poco, se iba llenando con algo que desconocía, pero que en sencillas palabras la hacían sentir muy bien.

Era el atardece de cualquier día, un paisaje lleno de luces y movimientos de donde surgía una algarabía y tal vez hasta emociones que estaría pronto de descubrir. A lo lejos solo podía divisar algunas manchas blancas producidas por el romper de las olas sobre algunas embarcaciones y piedras que se recostaban sobre la orilla de la playa que se extendía a lo largo de su vista. Era hacia ambos lados de su vista podía solo observar tanto movimiento y sin embargo no lograba distinguir bien que significaba eso. También pudo observar muchas “rocas flotantes”. Sabía desde hace mucho tiempo que las grandes rocas flotantes, como ella llamaba a los buques, eran grandes contenedores de aquellos que no podían respirar bajo el agua. Ni siquiera Anavi había podido explicarle porque aquellas criaturas sin ninguna razón clara, se tomaban la necesidad de recorrer las aguas donde no podían respirar y que solo creaban confusión y hasta dolor en alguna de aquellas visitas, cuando sin ninguna razón que tuviese sentido, lanzaban al océano enormes pieles con agujeros, que lograban extraer de su hogar muchos de sus compañeros, que aunque de diferente color y tamaño, ella los considerado sus iguales. Sin mayor explicación que la que su corazón le indicaba, solía solo respirar profundo y esperar poder volver a ver a algunos de esos amigos extraídos del agua. En este caso solo observaba como aquellas cosas solo estaban quietas en aquel vasto océano y que sin ninguna aparente razón estaban simplemente quietas.

Ella decidió entonces seguir avanzando y estar cada vez más cerca de aquella cortina de luces que observaba a lo lejos y tratar de pasar lo más lejos posible de aquellas rocas flotantes. Conforme se iba acercando, el movimiento del agua se hacía mayor y de alguna forma se sentía un poco asustada. Ya había experimentado algunos de los grande movimientos del agua, ya que donde vivía era usual que cada cierto número de ciclos, el océano reclamaba su autoridad y con grandes oleajes les recordaba a todos que el lugar donde vivían era solo un préstamo, que sin importar el tamaño o fuerza de habitante, el lo era mucho más. Son varios ciclos los que ella había surcado el océano desde que se separo de Anavi, tiempo que era determinado por la salida y puesta de la bola amarilla, de forma inmediata cuando la bola oscura hacia su presencia, sin importar su forma. Fue un día especial cuando su amigo Anavi con voz suave y clara le explico algo que ella ya necesitaría comprender algún día para poder entender un poco más los caprichos del tiempo. Su pregunta era clara: ¿porque había más bolas oscuras y con tantas formas y solo una bola de fuego? Sin mucho que esperar, Anavi abrió sus tenazas, se puso frente a ella y con una mirada fija se dispuso a responder.

Ya habían pasado varios instantes cuando se dio cuenta que la marea la había llevado casi al frente de aquella gran orilla y que las piedras flotantes se quedaban atrás. Sin embargo tenía que tener mucho cuidado ya que las olas estaban algo furiosas y de alguna forma sentía que un descuido podía hacerla llegar muy rápido a aquella zona sin agua y que de ninguna manera querría experimentar eso. Sus aletas estuvieron quietas igual que su mente, viendo fijamente a aquel lugar frente a ella. Era un cuadro difícil de explicar, ya que la pared que se encontraba justo donde terminaba la zona plana se levantaba sin parar hasta un punto arriba donde se veían más criaturas, luces y movimiento. Era una gran pared como la que ella conocía de donde venia, solo que en su caso, ella las conocía desde arriba cuando se sumergía y las observaba y poco a poco, descendía hasta tocar el fondo junto con ellas. Aquí el mundo estaba de cabezas, ya que era como si ella se encontrara en el fondo de aquel lugar y no entendía cómo hacer para escalarlo sin agua que la impulsara o trepar de otra forma si eso jamás lo había hecho. Sin embargo alguna vez oyó otro consejo procedente de alguien muy querido:

Su mente se detuvo, y todo su cuerpo igualmente se congelo como si el tiempo no existiese. Sus ojos se entrecerraron y su cuerpo azul dejo de agitarse para mantenerse a flote. Esto era casi increíble porque al estar en quietud total, era de suponerse que su cuerpo se hundiría, pero no sucedió. Más aun, ella podía sentir una pequeña sensación como si algo en ella flotara. En esos momentos entendió que debía acudir a lo que su especia había llamado por miles de ciclos “El Fenómeno”.

Se preparaba para hacer algo increíble y sin ninguna nota de advertencia que pudiese ver para detenerla. Aquel Fenómeno era solo conocido como un evento que muy pocos lo habían visto y casi ninguno que pudiese recordar y que haya vuelto para contarlo. Lo había oído decir de alguien, que a su vez oyó de otro y así sucesivamente hasta que un día llego a convertirse en una leyenda marina. Solo era algo que se realizaba en momentos donde debías creer antes de ver, y la fuerza con la que la realizabas obviaba cualquier pregunta o respuesta, cualquier duda. En su mente existía algo que no lo podía explicar y simplemente la mantenía fija en su idea de lograr aquello y algo invisible le indicaba la dirección como si fuese empujada o atraída a ello y así llegar a su destino. Toda su mente y cuerpo le estaban indicando adonde ir, o al menos, por donde continuar. Estaba frente a esa gran montaña de piedra que se erguía solida y vertical, sin ninguna piedra que sobresaliera, como si una gran aleta filosa la hubiese cortado desde abajo hasta donde terminaba allá arriba. Entonces finalmente cerró sus ojos, dejo que su cuerpo le indicara cual era el siguiente paso. En ese momento eran solo ella y el océano como si desapareciera, poco a poco, todos los eventos a su alrededor, ni su preocupación por las piedras flotantes, ni el golpetear de las olas, ni las aves que de vez en cuando la circulaban por los aires estaban ya presentes en el mundo de Ballenita. Segundos después empezó a sentir que solo era ella lo único que existía, ya que el océano había desaparecido como parte de su viaje, y finalmente el silencio invadió todo su ser. El Fenómeno había dado inicio y su mente se había vuelto un lugar de sueños y paz. Aun cuando la marea y el oleaje la hacían mecerse hacia arriba y abajo sin parar, y la olas al caer sobre el agua se hacían cada vez mas fuertes todo esto no hacía más que llevarla más y más cerca de aquel lugar donde sus más bellas fantasías y hermosos pensamientos se abrían hasta estar sumergida en un increíble y brillante lugar. Más allá de este sitio solo existía el paraíso de donde todas las criaturas estarían dispuestas a ir cuando sus ciclos se hubiesen cumplido y cuando aquel océano lleno vida se volviese tan solo como una gota de agua comparado con aquel maravilloso paisaje. El Fenómeno era solo…su gran océano interior.

UN PEQUEÑO OCEANO

Era tal vez la sacudida lo que hizo que los ojos de ballenita se abrieran sin percibir donde se encontraba. Su cuerpo húmedo seguía moviéndose, como si buscara donde posarse pero sin rumbo establecido. Sin embargo, sus movimientos eran inútiles, ya que permanecía en aquella superficie blanda y cálida. Finalmente sus ojos se entreabrieron y logro ver unas pequeñas esferas cafés, de pequeño tamaño, pero de ternura inigualable. Aquella fue la primera vez que miraba a un ser de los que no podían respirar bajo el agua tan cerca y hasta poder sentir aquella brisa cálida que surgía de aquel rostro. Su maravilloso encuentro pudo ser al principio una mezcla de duda y temor y hasta sorpresa agradable, más ella sabía que si aquella dulce cara con tierna mirada que estaba frente a ella era quien la sostenía y con tanto cariño, la realidad era sencilla y podía sin otra alternativa confiar en la seguridad que le brindaba aquel encuentro. Las respuestas de cómo llego hasta las manos del moreno con ojos achinados, era un misterio que en su momento podría develar y comprender con total satisfacción. Ahora solo quedaba la quietud y la sombra que producía aquel ser que se erigía sobre sus pies y tapaba la luz directa del sol dando posibilidad de que ambos pudiesen ver detenidamente sin perder detalle. El camino hacia donde fuese que la llevaba aquel de mirada dulce era suave y de poco recorrido, ya que fue de forma casi inmediata que logro sentir de nuevo el profundo placer de estar rodeada de agua y respirando en un océano más pequeño, sencillo y de alguna manera limitante. Lo que ella no entendía era porqué estaba ahí, cómo había llegado y lo más intrigante, quien era ese de ojos rasgados. Sin más que unas superficies lisas que le impedían salir, solo miraba detenidamente el movimiento sin control del ser que ya anteriormente había saludado y que aun no recibiría respuesta.

Fueron varias lunas que habían estado en ese lugar, y sin ningún cambio que ella pudiese entender. Si bien la comida venia directo de arriba, ella acostumbraba a encontrarlo en diferentes lugares. Aquí ella solo tenía que esperar y de forma curiosa surgía desde la parte superior de aquel océano limitado, por una superficie transparente, lisa y sin color. Aún su interés por encontrar respuestas era lo que la había llevado hasta ahí, no dejaba de pensar en sus amigos y sus constantes aventuras viajando a donde su curiosidad los llevara. El viejo Anavi que dentro de su excéntrica cobertura, escondía una gran sabiduría, contaba de vez en cuando historias que lograban que aquel grupo de aventureros decidieran oírlo por horas y así olvidarse de cualquier odisea por recorrer. También el golpetear de olas sobre algunas piedras que surgían hasta la superficie podía ser un buen punto de observación y establecer algún punto de referencia para poder ir aún más lejos. Pero todo era tan curiosamente diferente. Tan impresionantemente opuesto a lo que se había imaginado. Su mente solo podía analizar lo que en sus recuerdos existía y de alguna forma poder darle una descripción creíble a todo aquello. Cómo podía definir algo si no tenía punto de comparación. Ni siquiera podría hablar con nadie, ya que era la única en ese lugar de estrecho espacio.

Un día, sin mayor diferencia con otros, se levanto de su sueño agitada por un movimiento igual de fuerte que surgía del exterior. Toda el agua se agitaba a su alrededor y así siguió hasta que sintió que la tomaban desde sus entrañas con suavidad, pero firmeza. Miró con desconcierto como aquel pequeño hogar donde había permanecido desde su llegada a este nuevo mundo se estaba alejando y se hacía cada vez más pequeño, y como su extraña superficie transparente era lo que mantenía aquellas aguas contendidas en aquel pequeño mundo de brillo y contraste, algo así como una concha transparente. Conforme se alejaba y sin entender cómo podía estar sucediendo eso, se elevaba cada vez más hacia un vuelo increíble y fue cuando pudo observar como aquel vaso se iba vaciando mientras el agua caía hacia un abismo sin fin. Fue cuando su mente se quedó en blanco y entendió que si así era como el gran océano de donde ella provenía vaciaba así sus aguas, podía entonces entender porqué de vez en cuando la furia de sus aguas convertían un lugar apacible en grandes olas y masas de agua que se batían de un lado a otro conocidas como océano del cielo, o como ella aprendería a llamarlo: tormenta. Anavi nunca le pudo explicar porqué era que sucedía aquellos eventos que solo podían escaparse de ello, sumergiéndose muy profundamente y esperar a que aquel vaivén se aquietara. Su respuesta al porque de las tormentas pudo ser algo intimidante, ya que pudo comparar el tamaño de su concha transparente con el del gran océano. Se imaginaba entonces el tamaño incalculable que debía tener un lugar donde se vaciarían las aguas del gran océano y por supuesto volver a llenarse de forma inmediata. Esto porque lo que siguió después de aquel evento fue justamente el llenado de su pequeña casa tan rápido que solo fue un instante lo que pudo sentir que había pasado de tiempo y que de nuevo podía estar en aguas tranquilas de forma curiosa, la superficie lisa era aún más transparente. La razón de aquel evento y porque el agua la hacían correr hacia un abismo y después volver a llenar su recipiente de otras aguas era aún un misterio. Sin embargo su curiosidad la había llevado hasta ahí y ahora debía aprender todo lo que en su vida aparecería. Sin saber ni estar segura cuanto tiempo transcurriría hasta poder volver a ver a sus viejos amigos, se hizo una promesa que la llevaría a una determinación poco usual, pero necesaria. Su ser debía aprender de cómo y porqué llego allí. Pero más importante era entender que si había una respuesta debía hacerle honor a la misma y entender por completo su enseñanza por venir. Debía además asegurarse de que aquel viaje seria especial y así poder transmitir todo aquello que de una u otra forma habría de cambiar toda su vida. El cambio era bueno, tal vez algo agitado y hasta peligroso, pero todo había hecho camino desde su corazón hasta su mente y la habían colocado en una situación propia de un buscador y finalmente lograr un encuentro con las posibles y futuras respuestas. Claro estaba que temía que no pudiese identificar cual sería el resultado y tampoco la razón principal de toda aquella aventura, pero tenía algo claro, su función por ahora era aprender y durante el camino entender. El proceso había comenzado y ya tenía algo que aplicar en su vida y eso era: “Nunca pienses que el tamaño de tu vida depende de lo que observes a tu alrededor, sino que el tamaño de tus pasos determinen lo grandioso de tu vida”.

PROMESAS

Ya habían transcurrido muchos días desde que Ballenita había conocido a aquel nuevo amigo Joan. También había sido testigo de cómo vaciaban su pequeño océano y vuelto a llenar con agua más suave y limpia. Ha sido un tiempo donde ha conocido cosas totalmente nuevas y ha encontrado respuestas de preguntas que no había formulado. La simple observación de este medio ambiente y de las nuevas experiencias de este mundo ha creado todo una nueva imagen de lo que la rodea y de lo que hasta ahora ha conocido. Solo observar la alegría con la que Joan enfrenta el día a día con su acostumbrado esmero en sus labores caseras y en espera de su recompensa final cuando se reúne con su hermano al final de la tarde, es suficiente para que Ballenita entienda que no importa cuánto esfuerzo o trabajo te impongas, siempre será una carga mínima si te entregas con amor a ella. Su hermano, el cual entra en su habitación apenas llega a la casa, dibuja una gran sonrisa acompañado de un hermoso abrazo y un cariñoso beso. De vez en cuando surge de su mano un pequeño presente que se lo entrega acompañado de un masaje suave en la cabecita del moreno logrando despeinarlo. Las risas se cruzan y envuelven aquella habitación, no sin antes una pequeña canción que según Joan les fue enseñado por su propia madre cuando estaba con vida.

Su madre había sido la persona más amable y sabia que ha vivido en aquella zona. De negra piel y contextura mediana, había sido la guía ideal y perfecta todos esos años. Su hijo mayor fue un estudiante muy prometedor y que con la orientación de su madre, sus notas siempre fueron las mejores. Aunque los tres eran una familia de recursos limitados, el amor que surgía del núcleo era lo que hacía que fuesen los más dichosos. Los cantos y recuerdos, historias y anécdotas que compartían en la hora de la cena, mantenían a este núcleo unido y con la expectativa siempre de mantenerse juntos en buenos y malos tiempos. Fue una familia que con poco esfuerzo lograba mantener, día a día, la alegría y entusiasmo de vivir y que con seguridad sabían que el futuro era solo el resultado del presente. Todas las mañanas los dos hermanos se despertaban para cumplir con su rutina diaria de escuela, casa y estudio. Eran tiempos donde las promesas eran el postre de todos los días, y cumplirlas era solo proponérselos. Su madre les había enseñado de muy jóvenes la técnica perfecta para cumplirlas y era algo muy sencillo. Desde muy niños ella les pedía que prometieran algo, tan pequeño y sencillo como fuese posible. Por ejemplo, Joan en su hermosa inocencia había prometido un día limpiar una alfombra vieja que servía de adorno en una pared y al mismo tiempo, cubría algunas grietas en la misma. Ella, en su infinita bondad le respondió que porque no prometía algo menor y así no era necesario que se ocupara de aquella prenda que al menos podía pesar el doble que aquel niño. Entonces le dijo con mucho amor:

El pequeño mulato la observo y con cierta picardía le sonrió, respondiéndole:

Sin necesidad de hacer más, su madre había cumplido su cometido. Lograr que su hijo comprendiera lo importante que una promesa significa y que la ajustara a una realidad, sin tener que olvidar el resultado deseado. Una promesa podía ser muy honorable, pero sin cumplirla serian solo palabras, y usualmente eso sucede cuando la misma es más grande que el esfuerzo que haces para poder cumplirla. En cambio, un resultado dividido en varias promesas era la mejor opción para lograr los objetivos. Cumplir con promesas pequeñas para lograr una mayor daba al final un mejor resultado, y así cumplías y obtendrías lo fijado.

Igual había sucedido con el hermano mayor, el cual en su innata preocupación por los estudios siempre entendía con mucha anticipación, lo que su madre decía aunque la experiencia se anteponía a cualquier literatura. En muchas ocasiones la madre le dirigía algunas palabras aleccionadoras y que de alguna manera fuera de provecho para aquel hijo mayor. En cierta ocasión le dispuso una tarea la cual le dijo que sería algo difícil que cumpliera, pero que confiaba en la astucia de aquel y que conforme pasara el tiempo podría ir viendo sus logros. El hijo mayor se dispuso a oír aquella tarea con atención y disposición. Pronto sabría que lo que su madre le pediría le tomaría más tiempo del que él podría imaginar.

Sin más que sus grandes y abiertos ojos negros para probar lo interesado que estaba en aquello, de su boca solo surgió una sonrisa y de inmediato su madre dispuso a indicarle aquella misteriosa tarea a ejecutar. Sin más que un aliento fresco que surgiera de su boca, la morena de contextura mediana dijo:

Aquellas palabras solo habían sido un eco de constantes preguntas que en su mente se empezaron a crear, y sin descanso el muchacho solo lograba confundirse, pero aun así, sabía que su madre lo había pedido por algo y aunque reglas de las matemáticas y de la vida eran algo que no podían romperse, sabía lo maravilloso que sería iniciar aquella travesía sin un rumbo establecido, un camino que no tenia avisos o señas para indicarle el correcto rumbo o al menos el norte. Pero algo que su madre habría enseñado de igual forma, era que una lista de prioridades le daba como resultado un final conocido o mejor. Entonces se fijo una pequeña tarea antes de iniciar la otra pedida por su madre. Establecer justamente algunas prioridades que le definirían un orden y eso al mismo tiempo le daría tiempo para reposar ideas y formulas que necesitaba para ejecutar su deber. Lo primero era definir lo que significaba igualar edades y lo segundo la experiencia. Todo aquello era dominio de las leyes básicas de las matemáticas. Algo que existe de acuerdo a un tiempo de vida estará afectado igualmente por lo que aprende en ese lapso, por lo que olvidando por un momento lo posible o no de aquello, aquel muchacho dispuso en su mente a resolver, paso a paso, aquel acertijo impuesto como tarea de su madre y que al final sabría que la recompensa seria haberlo logrado.

Fueron días muy bellos, y de alguna forma solo reunía más y más a su familia. Joan y su hermano tardaban horas hablando fuera en la entrada de su casa y de vez en cuando sentados en la acera, su madre se acercaba y les señalaba el horizonte, donde el sol se cubría con el manto húmedo del océano. Allí donde nunca terminan las ideas de surgir, donde la mente siempre esta lista a encontrar respuestas, más allá de donde los sueños se hacen realidad, era donde el dedo de su madre apuntaba y con una fuerte y firme voz exclama:

De alguna manera, ambos entendían su entusiasmo para decir aquellas bellas palabras, pero sin duda, no lograban explicar todo el contexto de lo que significaba. Suerte eran los que con ojos de aprobación podían comprenderlas y aplicarlas. Era el sueño de ambos hijos, logra que un día todas las enseñanzas de su madre fueran efectivas y poder con ellas crear un gran presente en aquel futuro momento.

Era una gran mujer, confidente y principalmente sabia madre que aunque no tuviese siempre las respuestas era inevitablemente que en algún momento tuviese las respuestas.

Fue un día soleado cuando sin ningún aviso, los muchachos fueron llevados a un hospital donde su madre yacía en una cama y que sin explicación solo podían ver lo vulnerable que era, y que atada a unas maquinas desde su cama, podían observar como la vida se le estaba acabando y sin nada que pudiesen hacer. La explicación que tuvieron proveniente de un viejo amigo era que dentro de un tiempo solo podrían recordarla ya que la muerte era inevitable. Ella había logrado esconder el dolor que la llevo a ese lugar. Aun sabiendo que su mal no tenia cura, nunca demostró dicha molestia a sus hijos. Hasta el último de sus días, ella sonrió, les mostraba paz y tranquilidad, y como, no importando las circunstancias, ellos debían vivir en paz y seguir los buenos pasos que ella les había enseñando. Las últimas palabras que surgieron de aquella voz femenina entro en las mentes de sus hijos la cual acariciándolos levemente en sus rostros y con una dulce mirada su vida fue cerrando sus ojos hasta que su vida se apago. Con una mirada neutral y sin rumbo, aquellos muchachos se volvieron a ver uno al otro tomando algunas lágrimas de dolor y aún sabiendo que de la muerte era difícil regresar encontraron alivio en aquel eco que en sus mentes oían, repitiendo una y otra vez aquellas preciosas palabras que su madre había pronunciado y que como todo lo que ella les enseñaba, tenía un motivo que tarde o temprano pondrían en práctica y si sabían hacerlo el resultado siempre sería el mejor. Su madre había dado su última lección en aquel momento y aquello era algo a lo que siempre le estarían agradecidos. Aquella sencilla pero profunda oración decía:

Fue una leve brisa de verano lo que surgió de la boca de aquella madre, y recordarían aquel momento cada día de sus vidas como si las estuviesen oyendo en ese instante.

El amor había llegado al límite de su expresión en ese instante cuando aquella madre había decidido expresar su amor con una última lección. Habría podido decirles cuanto los amaba y cuan orgullosa estaba, pero en su eterna entrega a sus hijos solo pudo dirigir una oración cubierta de amor y confianza, omitiendo así lo que usualmente podría esperarse de alguien que está a las puertas de la muerte y frente a lo más querido en este mundo.

Esta había sido su última lección, la mejor, y para que sus más adorados y preciados tesoros tuviesen unas herramientas para enfrentar a la vida que ya se les venía encima y sin avisar. Aquella tarde sus hijos pudieron ver como su madre dejaba éste mundo, no sin antes y con gran fervor grabar en la mente de sus hijos una última y más importante lección: La responsabilidad.

LLORAR DE ALEGRIA

Se había puesto el sol y como brillo deslumbrante abandonaba las pequeñas rendijas que el cuarto tenia, tras muchos pequeños parches, tipo tablitas que se habían estado acumulando en la pared de Joan para que éste lograra tapar algunos agujeros en la pared. El brillo que se colaba era cada vez era menor y el sol dejaba de ser protagonista en aquella habitación. La pared llena de agujeros solo demostraban cuan inquieto era su propietario. Aquellos hoyos eran solo testigos silenciosos de algunos intentos fallidos de insertar clavos para sostener viejos cuadros, que según la edad iban variando de calidad y tema. El cuarto solo reflejaba lo que el pequeño moreno expresaba con su mente y esto era siempre variar el paisaje interno para que los recuerdos fuesen cada mañana un evento nuevo. Sus recuerdos eran el fondo de todo aquel mundo en el cual se refugiaba cuando la tarde caía y después de que la noche fuese más oscura, el sueño vencía a aquel niño y disponía sus últimos alientos a hablar con su nueva amiga.

Después de varias semanas que ambos han compartido este dormitorio de apariencia muy juvenil y algo temprana o tal vez de niñez madura, las conversaciones se han vuelto ligeramente más puntuales y con temas de mayor relevancia a las que Joan siempre comparte y atiende con efusivo interés. Es común que él le comente algunas anécdotas e historias con algo de alegría y otras con un poco de tristeza. Si bien el moreno ha aprendido en el transcurso de su vida que las experiencias son para enaltecerlas y no para llorarlas, es común verlo de vez en cuando como en su mirada se traduce un poco de dolor y tal vez, porque no, inconformidad por no haber tenido mejores oportunidades para una mejor vida. No es su costumbre quejarse por lo que no tiene, sino, buscar obtener respuestas, porque no las ha obtenido. Es por eso que las palabras de Ballenita han empezado a ser un faro en su vida. La luz que va guiando al moreno en cada conversación a un nuevo entendimiento de porque algunas circunstancias toman cursos tan diferentes como impredecibles. Durante las conversaciones y tras oír algún consejo de su amiga o alguna enseñanza envuelta en un breve relato anecdótico por parte de ella, Joan traslada aquellas palabras y las traduce en enseñanza. De alguna forma su mente logra captar aquella información y así aplicar la lección para un futuro cercano, dejando que los errores cometidos solo sean alimento para un nuevo relato que regresara con nuevos conocimientos y al fin convertir momentos dolorosos del pasado en hermosas enseñanzas en el presente. Todas las experiencias que hayan vivido hasta el momento al fin podrán ser motivo de reflexión, curiosidad y comprensión y no un simple amargo recuerdo. Pero todas estas grandes pláticas con su amiga la Ballenita son para él como un refrescante vaso de agua al más sediento, ya que con cada enseñanza, Joan envuelve el dormitorio con la alegría propia del moreno, que con saltos y brincos, natural en él, llena el espacio de alegría y euforia. Esto hace que la conversación se envuelva en algarabía cuando su mente entiende que no fueron errores al azar sino una cadena de acontecimientos que lograron que su presente fuera mejor, que su vida se alimentara de oportunidades y que su llanto en algunos momentos lo hicieran más sensible a la vida. Alegría era lo que Joan reflejaba en su mirada sabiendo que su pasado solo era parte de su vida y no un intruso con intensiones de hacer daño. Un aire refrescante envolvía su corazón en ese momento, y solicitaba con gran entusiasmo poder seguir conversando y agregar hermosos sentimientos que iban sustituyendo, poco a poco, viejos remordimientos sin sentido ahora. Todo lo vivido había sido necesario para ser lo que era ahora. Su cabeza rodaba y rodaba sin parar volviendo a aquellos recuerdos que en algún momento fueron de pesar y ahora podía verlos con mayor claridad, que si poder tuviese para retroceder el tiempo, pediría vivir lo mismo, pero con mayor alegría y optimismo. Sin embargo sus ojos se abrían aún más hasta donde no podían extenderse, cuando se miraba y podía entonces decirse a sí mismo.

Sus saltos iban de esquina a esquina cuando se daba cuenta de lo que tenía capacidad de realizar. Todos los días podía empezar de nuevo. Su vida se había transformado de recuerdos amargos a experiencias aleccionantes. Qué hermoso regalo le habían dado, cuan agradecido podía estar y al fin hacer que cada día solo fuese un papel en blanco para llenarlo de alegría.

Ha sido un largo día de trabajo usual en la casa y Joan se toma algunos minutos para descansar sobre su cama, siempre de frente a su amiga color azul oscuro y con algunos brillos sobre su lomo que hacen que el color tome movimiento. Sin mucho tiempo para haber descansado, Ballenita se voltea hacia el y realiza una pregunta sencilla y directa:

Con gran interés y sabiendo que no le interesaba un número en sí, sino una respuesta más elaborada, el moreno responde con algo de altanería y orgullo.

Ella se llena de curiosidad y con sus ojos casi abiertos le replica.

Con algo de lástima y un poco de consideración, propia de ella, pero firme en su expresión le dice:

Joan no pudo dejar de mirar aquella criatura que no dejaba de verlo y con gran pena flotaba frente a él. Su corazón latió algo fuerte pensando que su respuesta había sido poco atinada pero con determinación se propuso enmendar aquel error.

Entonces aquella criatura volvió sus ojos hacia el pequeño mulato y con una expresión de esperanza lo miro a sus ojos y le pregunta:

Sin dejarle responder y con la boca abierta casi vocalizando alguna palabra, Joan oye la segunda pregunta prometida:

Joan sin aliento no logro entender una pregunta que parecía volver de las cenizas, ya que según él, la primera respuesta había cubierto lo necesario para entender que habían sido tantas veces como el océano gotas tiene, y que recordar las razones de aquellos eventos lograría poner de nuevo húmedos sus ojos, y que al final solo dejarían una pregunta sin respuesta. Fue sin esperar más que unos segundos que Ballenita volvió elaborar la pregunta pero esta vez con un gesto de severidad y seriedad. Ella quería su respuesta del porqué había llorado, la razón principal, y sabiendo que contradecía el hecho de que habían sido millones de veces según Joan, deseaba que él, sin darse cuenta descubriera la respuesta correcta.

Ballenita con un gran salto, salpicando a su alrededor, rió y nado rápidamente en círculos hasta que sus aletas por cansancio dejaron de moverse por tanta alegría y algarabía. Su boca seguía dibujando una sonrisa abierta cuando expreso:

Sin dejar que el moreno continuara con otra pregunta continuó sin darle tiempo a ninguna réplica:

Joan con poco aliento entiende las palabras que ella ha dicho y con una mirada casi sonriente logra esbozar el eco en su sonrisa casi dibujada en su rostro y por permanecer ahí por mucho tiempo a partir de ahora. Ballenita continúa su relato casi sin detenerse para no perder el hilo de su pensamiento.

“¿Acaso es importante cuanto duras tú en llenar mi pecera como la llamas y que finalmente mi hogar queda preparada para yo vivir? Lo importante es que al final está lleno y listo. Solo se llora por una razón y eso se llama: aprender, llenar el vacío, acumular experiencias para entonces poder vivir, como yo lo hago aquí. Cierto que es a veces doloroso y tal vez muchas lágrimas has derramado por cada lección pero recuerda, cada vez has llenado un poquito más tu corazón y cuanto antes logres olvidar la experiencia que te hizo llorar y enfocarte en la enseñanza que has logrado obtener y que van llenando tu alma, más rápido tu dolor cesará y serán sustituidas por sentimientos de amor. Es cuando entiendes que llorar es parte del proceso, no un resultado. Nunca dejes de llorar, pero de felicidad ya que eso manifiesta tus deseos de aprender, y acéptalo tal como es y busca tu lección detrás de ello.”

La lección había sido muy gratificante, y con una mirada de picardía, y habiendo entendido todo el proceso que lo había llevado hasta ese punto de la conversación, Joan formulo una pregunta con algún tipo de doble sentido haber si su amiga podía de nuevo ofrecerle un mayor ejemplo de sabiduría. Con la mirada de un niño travieso, vuelve su vista hacia arriba, donde el techo muestra la pintura de la aventura pirata y sin más que un levantado de cejas, le pregunta a su amiga:

Con la naturalidad que es propia de alguien que conoce bien el terreno que pisa, Ballenita con una pequeña sonrisa en su carita azul, lo observa y responde con una sencilla pregunta:

Joan con su inevitable felicidad empezó a bailar, y sin parar llenó de danza aquella habitación. Una enorme algarabía cubrió toda la casa extendiéndose con mayor entusiasmo hasta la calle. La pregunta había sido la respuesta. Si el llorar según el solo era para hacer daño, entonces como era posible que cuando la alegría fuese incontenible las lágrimas surgieran sin cesar en las mejillas del moreno. Claramente en momentos como esos las lágrimas saltan por la extrema felicidad y sentimientos de profundo amor y simpatía ante su vida. Este resultado era la prueba de que la lección de la experiencia habría sido entendida y aceptada, eran una en sí misma y motivo para la celebración. La razón de llorar ya habría sido contestada y que con alegría, risa y las lagrimas todas eran parte de la hermosa sinfonía de la absoluta felicidad.

PIRATAS EN EL CIELO

Han pasado varios días desde que los bailes son ya una tradición en aquel cuarto donde ambos personajes se instalan a hablar por horas y así cada uno va alternando experiencias y al mismo tiempo preguntas que serán manifestadas en el transcurso de las historias. Sin dejar la danza, Joan oye como la puerta de la casa retumba al chocar contra la pared, sonido que explica que la entrada ha sido abierta de forma violenta, situación que era poco común, excepto algún viento la empujase por estar solo entreabierta, error de alguno de ellos al no asegurarla antes o después de cruzar la entrada de su casa. Sin buscar razones lógicas solo busca como llegar corriendo hacia la puerta y evitar que algún animal sea de cuatro patas o de dos pudiese alterar la armonía de aquel hogar. Con ojos bien abiertos, el mulato exclama un suspiro cuando ve a su hermano mayor en la sala donde yace sentado sin ninguna expresión excepto la boca entreabierta como si estuviese a punto de decir algo o de lo contrario, acababa de decir alguna palabra y no fuese oída por nadie. Sin otra cosa lógica que preguntar, el hermano menor alza la voz asegurándose que su hermano pudiese oírlo:

Joan sin mucho que decir, sabía que eso significaba un motivo de preocupación. Si bien no conocía a aquel hombre como para que le doliera, entendía que aquello podía causar posibles problemas en la casa. El jefe era alguien muy querido en el pueblo y definitivamente había logrado darle trabajo a muchos que como a su hermano, los tenía como persona de confianza y aun sus estudios fuesen limitados, eran suficientes para mantenerlo en el puesto. Pero ahora con esta situación y con el posible cambio de jefe, no sabría que podría pasar.

Si alguna vez el pequeño Joan había estado confundido, no habría de compararse en aquel momento. Si no era por trabajo, por cambio de jefe o el peligro que corría en su trabajo, cual entonces lo tenía así.

Solo podía esbozar una expresión de duda y de ignorancia al rascarse la cabeza y no saber qué sucedía en realidad. Nada coincidía con lo que estaba sucediendo y no quería preguntarle nada, ya que por obvia razón, sin saber lo que realmente pasaba por la cabeza de aquel hombre, lo único que podía resultar era empeorar algo que solo habría que darle tiempo para que las aguas volvieran a su nivel normal.

Pasaron varias horas antes de que la cena estuviese lista y no hubo palabras que cruzar. El silencio había envuelto el cuarto convirtiéndolo en solo un cuadro de madera lleno de muebles y dos amigos esperando que el aire se llenara de respuestas. Al término de la tarde ya había logrado aquella cocina ablandar la carne que por su naturaleza y precio sobraba de sabor, pero carecía de suavidad. Con el acostumbrado ánimo, Joan buscaba las herramientas para la mesa del comedor y hacer el servicio con dedicación. Aún haya sido un día agitado, o al menos con la sorpresa de un evento de naturaleza inusual, dispuso a servir la comida y para aliviar algo el momento de silencio logro añadir algunas salsas en la mesa preparadas por el mismo. Si bien, todo aquel manjar era preparado de forma exquisita, algunos sabores extras podían generar una conversación diferente y lograr algunas respuestas.

Con una mirada casi perdida y volviendo hacia el frente de la mesa, sus ojos se posaron sobre la ventana que conectaba al pequeño patio trasero y expreso:

El pequeño hermano solo pudo encontrar más preguntas que respuestas en aquellas palabras que cruzaban el recinto de un extremo al otro hasta subir por las escaleras para terminar en el cuarto de Joan. Allí Ballenita ya había oído lo suficiente y claramente había comprendido todo. Las razón era solo una excusa, el camino un motivo y el resultado el comienzo. Sin embargo, ella sabía que aquello que revelaba la pregunta solo podía ser entregado cuando el que busca solicita y así se le será dado y no antes. Todo estaba tan claro como el agua donde nadaba, pero que con tiempo se enturbiaba motivo por el cual debía ser cambiada. Igual son las respuestas, si no son entregadas en un tiempo prudencial, se enturbian y dejan de ser tan puras como cuando nacieron. Toda enseñanza debía llegar a quien busca respuestas en el momento preciso y ella sabía que no era mucho lo que había que esperar para que eso sucediera y así lograr el cometido.

Sin mucho que esperar la cena termino tan rápido como comenzó. Toda la cena había transcurrido con suficiente paz y regular tranquilidad. La noche se acercaba cada vez más, y los sonidos de los últimos vehículos cruzaban la calle del frente, no sin antes oír alguna sirena de algún barco acercándose a puerto, llevando suficiente espacio vacío para asegurar trabajo a su hermano en la fábrica, donde el pescado se procesaba para ser embarcado en aquellos reyes de los océanos.

Dormía ya en su cama hecha con maderas torcidas, pero trabajadas con tanta delicadeza que cualquier rey podría envidiarle aquel mueble de curiosa apariencia. El sueño se había apoderado de su cuerpo y dejándolo caer había colocado su cabeza sobre su pequeña almohada hecha de diferentes telas recogidas de viejos ropajes y algunas sabanas que perdían color con el tiempo. El relleno de aquel soporte solía ser la misma tela que alguna vez cubrían las ventanas de su sala y que en un tiempo anterior fueron divisiones entre los cuartos. Al igual que su cama, aquella casa había sido edificada como un templo a la paciencia, donde cada habitación era el resultado de imaginación y esperanza. Las paredes eran las pizarras de un niño envuelto en sueños donde el mundo era su página en blanco y su esfuerzo el pincel que trazaría su realidad. Cada día no dejaba de ver hacia el techo donde con gran destreza había pintado un paisaje de amplio colorido y riqueza de expresión. Algunas palmeras hacían sombra sobre la ventana de Joan y así en algunas mañanas y dependiendo de la posición del planeta sobre el cosmos, las imágenes oscuras de aquella vegetación cambiaban de posición cada tarde y rebotaban sobre el cielo, las paredes y piso de aquel recinto lleno de color. Aquellos momentos coincidían con algunos sonidos propios de la zona y el mar a una distancia propicia lograba engalanar dicho escenario como un coro de miles de voces que surcaban el cielo hasta llegar a la habitación y culminar en aquella escena pintada por Joan sobre aquel cielo de madera de la habitación que podría observar con paciencia cuando posaba su cabeza sobre la almohada; brillantes mares azules surcado por grandes barcos calavera, marinos en búsqueda de aventuras en alta mar luchando contra otros iguales, llegando a costas lejanas buscando grandes tesoros y riquezas, significado de libertad y poder en aquellos días, seguridad y poder hoy por hoy. El paisaje corría por toda el techo hasta chocar con la pared que pronto estaba a su lado izquierdo mientras dormía con la cara hacia las estrellas. La pared era testigo de la efusión con que aquel moreno pintaba, dejando que el cielo del cuarto no fuese un límite para su excursión artística y manteniendo el balance dentro de aquel lienzo. No era más ni menos, sino lo necesario para que su mirada sin voltear la cabeza, pudiese ver todo el espectáculo dibujado. La pared solo hacia recordar que para todo sueño era necesario un cambio y que el dolor del pasado solo era motivo de regocijo ya que hacia atrás podías solo observar de donde venias, que plan habías plasmado y cuales movimientos debías hacer para lograrlo. Que mejor que ver hacia atrás y observar el camino logrado, incluso si aquel recorrido solo haya sido de prueba y de algunos altibajos dignos de todo aventurero. Que pirata de aquellas aguas podía decir no haberse equivocado ante una aventura en alguna isla perdida y encontrarse con la sorpresa de no haber hallado ningún tesoro, excepto el de su experiencia, y así, con el orgullo de conocer esa isla, entonces ésta sea parte de su pasado y que en las cartas de navegación se escriba que sus pasos ya dejaron huella en aquellas playas arenosas de húmedo aspecto y continuar entonces donde el océano y su intuición le indique la ruta de algún tesoro que se haya propuesto encontrar, resultado que significaba zarpar de nuevo hacia nuevos rumbos. La duda no era parte del repertorio de decisiones. Solo había un norte que seguir, y no porque las brújulas estén diseñadas para ello, sino porque aun perfecto sea aquel instrumento de orientación, jamás podrían por si solo empezar una travesía. Es el capitán el que emprende el camino que ha trazado de antemano. Es la tripulación la que honra esa decisión con trabajo y esfuerzo poniendo el barco en curso y es la nave la que los lleva a todos hacia una dirección ya trazada. Los vientos serán su motor y el símbolo en su bandera en los cielos los que han aprobado aquel emprendimiento. Todo está en armonía, y entre mas avanzan más seguros están que esta vez lograran sus metas. Entonces, de donde surge una duda capaz de ensombrecer tal acontecimiento, cuáles podrían ser los motivos por los que un capitán detenga todo aquello para olvidarse de su meta. Por supuesto que solo existirían dos posibles causas. La primera que es tan natural como el nacimiento y es la misma muerte que llega sin avisar, que con gran simpleza toma a los que han cumplido su misión y con gran elegancia deja vacante un espacio en nuestra tierra. El otro motivo es más ingenuo, ya que se cubre de sabiduría y conocimientos. Ambos surgen de las experiencias y sus consecuencias, de segundas oportunidades y análisis introspectivos. Este es el que con tanto empeño llamamos: La excusa. Esta se envuelve con otro ropaje lo cual logra disfrazar su verdadera cara y es bautizado como “decisiones pospuestas”. Sin embargo, algo que su madre había puesto como bandera en su vida era que si bien debías analizar tu recorrido antes de ir, solo cruzándolo era que podías aprender. Sin aquella experiencia solo cabrías incursionar sobre “posibles” y el resultado sería lo mismo que nada. Había una pregunta que surcaba aquel cuadro que tanto Joan como Ballenita observaban con tanta paciencia. Todos los que han emprendido una aventura habrían de tener de forma definitiva un resultado y eso a su vez una cicatriz o una lección. Si todo salía bien, su cicatriz solo iba a ser un evento sin dolor y tal vez con el disfraz del placer, pero siempre una marca que te asegure y recuerdes haber cursado aquel camino. Pero si la experiencia era contraria a tus deseos, entonces porque de forma continua solía salir mal algunas cosas, que sin explicación su vida convertía un momento de alegría infantil en una amarga sensación de vejez. Ya que era un aprendizaje, donde ubicaría su norte y cuán seguro podría estar de no navegar siempre por aguas desconocidas, que por experiencia propia, había podido observar como algunos navegantes llegaban primero y podían disfrutar de un botín digno de reyes. Donde estaba la respuesta a una simple pregunta:

Los caminos y rumbos que se toman logran evocar tantos errores que si un avance es para aprender de aquellos eventos entonces no habría excusa de volver a comenzar. Todos los que caminamos y comenzamos un trayecto podríamos divagar y pensar que es mejor quedarse inmóviles antes la posibilidad de un dolor mayor.

Sin abrir los ojos, ballenita se acercó al vidrio que limitaba su pecera del mundo no acuático y expreso:

Las palabras volcaron de medio lado a Joan y volvió a ver a su amiga y le expreso una sonrisa. Tal vez el sueño había sido solo uno más, pero en aquel momento el lugar se lleno de amor y paz, el solo quería dormir con las últimas palabras de aquella criatura, dejando a un lado todos los pensamientos, ideas y metas, dejando caer el velo de sus ojos. Aquel día solo había sucedido una vez, pero en esos momentos sintió que toda una vida había pasado y que mañana podría volver a nacer. Ballenita pudo entender en ese momento que una vida había acabado y otra había comenzado. La muerte había sido el comienzo de la vida. Sin poder saberlo por medio de otra voz que la de su corazón, supo que aquel hombre que había tenido un accidente no habría de sobrevivir y que en consecuencia una nueva vida podía surgir. Lo que ignoraba es que aquella lección apenas estaba por comenzar.

CRECIENDO

El pequeño y azul cuerpito de Ballenita empezó a brillar y todo a su alrededor se ha teñido de color cálido, como si una sombra de origen carmín cubriese aquel recinto. Un pequeño temblor ha cruzado sus aletas y se ha percatado que el suelo de su pecera ha cambiado de tamaño. Aquellas aguas se agitan y sin saber porque sostiene la respiración por temor y ansiedad. En estos momentos no se ha dado cuenta de lo que sucedía. Ella seguía sintiendo aquella sensación de calor y que sin motivo solo sabía que era demasiado para soportarlo, por lo que cerró sus ojos y se mantuvo quieta, con algo de respiración en sus pulmones y se dispuso a concentrarse en lo que estaba sucediendo. El calor seguía subiendo y consumiendo aquellas aguas, y apenas podía moverse solo para poder golpear un poco el vidrio de su pecera. Sus aletas se agitan para sostenerse y al mismo tiempo poder ventilarse sin resultados satisfactorios. El lugar se ha vuelto una tormenta de proporciones inmensas y toda la pecera vibra sin poder controlar aquello. Las pocas gotas que han empezado a salir solo son motivo de preocupación y la sensación de miedo se ha apoderado de ella. Su pecera podía quedar vacía y así no quería que su vida terminara y mucho menos ante un acontecimiento que nunca le había sucedido. Todo se volvió más caliente y el cuarto volcó su teñido de rojo a un suave rosado que logro emparejar todas las esquinas de la habitación. Su calor sigue en crecimiento, pero el escenario es más controlado, ya que se siente como a explotar y su miedo se había convertido en curiosidad. Sus ojos siguen a aquella gama de color, que va cubriendo todo a su alrededor y el dolor que pensó que sentía lo ha entendido como una gran ansiedad por lo desconocido. Estando a punto de dejar que la naturaleza hiciera su trabajo y terminar su vida de acuerdo a lo que ella hubiese ya decidido, empezó a sentir la paz que solo había sentido una vez, y fue cuando de niña encontró una amiga ostra en aquellos inmensos mares y que con voz de gran sabiduría le había aconsejado que cuando estuviese en una situación desconocida y que por alguna razón especulara que su vida corría peligro, entonces solo pensara en las olas que se estrellan en el mar y que no importa cuán fuerte sea el golpe que la une al mar, es justamente eso lo que lo hace hermoso, ya que sin ninguna razón, aquella nace del mar y vuelve a ella. Entonces no dudes de porque estas en una situación, solo entiende que la naturaleza te ha llevado allí y que si dudas solo el dolor será la respuesta que te indique que has puesto en cuestionamiento lo que el curso de tu vida lleva y que si lo aceptas el dolor se convierte en curiosidad. Entonces llevas a tu mente al estado perfecto de aprendizaje y olvidas el dolor de la duda.

Aquellas palabras volvieron a su mente y como si aquello hubiese sido un sueño, sus ojos se cerraron, pero no sin antes sentir que algo había cambiado y que la sensación de seguridad que usualmente la envolvía se mantenía, pero con una variante. Algo había sucedido y no lo entendía. Sentía que estaba en otro lugar y sin embargo era la misma esfera con su pequeño océano. Y justo ahí estaba lo que más le parecía extraño. Ese océano el cual había sido su hogar por un tiempo había cambiado. La sensación de que no era el mismo no era lógica, su percepción del él solo podía compararse con cambio, y sin embargo, había cambiado, y sin embargo no encontró respuesta. Aquella experiencia estaría por dar comienzo a su nueva etapa, y es aquí donde sus respuestas empezarían a llenar el espacio vacío que las preguntas habían hecho cuando esta aventura comenzó. Su aventura había tenido un comienzo hace un tiempo cuando decidió partir hacia nuevos rumbos y a partir de ahora el inicio de la comprensión estaba por poner a prueba su fortaleza. Sin haberse dado cuenta, y desde su partida de aquella roca, la despedida de sus amigos, los cambios que habían sucedido e ignorante de ello su trayecto solo había sido acompañado de nuevos eventos y conocimientos, pero no se percato de lo más importante, era ella misma. Aquí en su sueño solo podía pensar que aquel evento extraño solo había pasado, y sin embargo fue el principio, algo que no entendería y que le traería nuevas preguntas, pero que las repuestas no estarían allí donde la razón explica, sino donde se esconde los motivos últimos de por qué sucede una situación u otra. Allá donde no buscas la respuestas a tus dudas, es donde al fin surgirán y cuando piensas que has encontrado el camino para entenderla es cuando se te muestra el verdadero camino que has estado cursando y por fin habrás de entender que en todo ese tiempo, habías hecho la pregunta incorrecta, y que con maravillosa paciencia se te mostrara la respuesta a una pregunta que nunca hiciste y habrás al fin comprendido que nunca fuiste abandonado y que aquella sensación de soledad por no obtener el resultado requerido era solo porque no conocías la verdadera interrogante. Entonces la respuesta habrá sido lo que antes fue creado para guiarte hasta ella y entender lo hermoso que ha sido todo este proceso y donde con amor y sabiduría habrás entendido cuán sabio es esperar que el camino se te muestre, que las respuestas serán las que te den la paz que buscas, y aunque todo aquellos que quieras saber solo era la excusa de llevarte a tu meta final. Habrás entonces entendido lo importante que es emprender un camino, no preguntar por qué y recibir respuestas que nunca fueron preguntadas. Sabrás que nunca fuiste dejado a la deriva y que tu camino al fin tendrá una razón de vida.

UN PEQUEÑO GRAN CAMBIO

Desde que había salido de su hogar, no se había percatado que por razones lógicas había crecido de tamaño. Su mundo se había convertido en una experiencia tras otra y así sin detenerse cada una de las vivencias había causado un tremendo impacto en ella. No había pasado un solo día que no hubiese aprendido un nuevo conocimiento sea para su beneficio o de otro al cual ella pudiese compartir. Eran días grandiosos y al mismo tiempo difíciles, ya que la compañía a la que estaba acostumbrada a tener era tan diferente como variada. Cada día en aquel inmenso hogar llamado océano se desplegaban acontecimientos ante sus ojos y claro está, Anavi estaba ahí para responder cualquier pregunta, cosa que en estas vivencias no podía contar con ello y más aun, debía encontrar sus respuestas por sí misma. Aquellos días han sido realmente enriquecedores, ya que por ninguna razón cambiaria aquellas experiencias por otras. Todo era más claro conforme los días pasaban y todo en un pequeño mundo donde un niño moreno le había mostrado cualidades que desconocía completamente como la angustia, preocupación y temor. Pero no eran estos sentimientos los que desconocía sino las razones por las que crecían en su interior y con tan poca edad. Aun su madre no estaba para recibir consejos de ella, si podía entender que las mareas en el océano también son parte de este mundo y que igual que ellas solo es cuestión de entenderlas y así aprovecharlas y no alejarse evadiéndolas. Eso al final de cuentas no era posible ya que si bien podías evitar el embate de su fuerza, era imposible no ser parte de ella. Una marea esta tanto adentro como afuera, es parte de tu ser ya que vives en ella y por ella. Si no fuese por la marea entonces solo flotarías y la vida no sería una realidad en el océano. Tu solo participas de su movimiento lo quieras o no.

Nada de lo que ella observaba durante el día parecía lógico y sin embargo todo tenía sentido. Las situaciones felices que Joan celebraba con una danza o aquellas molestas que resolvía solo agachando la cabeza y continuando con su diario vivir le enseñaban que lo importante para aquellas personas eran los resultados y vivir de acuerdo a ellos, y no, amar el momento y ver el final como la sorpresa del proceso les brindaba felicidad. Eran personas dedicadas a vivir por una meta, y eso los llevaba a deprimirse y entristecer los más bellos momentos, atardeceres rojos y anaranjados como la piel de algunos amigos que como ella, el brillo de aquella bola de fuego reflejaba en su piel y por ello los colores no solo cambiaban sino danzaban. Cuando se disponía a comprender algo, surgía otro evento y así uno tras otro y sin respuestas que pudiesen enriquecer su enseñanza. Otra cosa que le resultaba complicado era que sus momentos más felices era cuando adquirían algo que finalmente colocaban sobre una superficie en la pared o en el piso o lo usaban para rodearse de ella como su propia piel. Ella solo tenía una y estaba orgullosa de los colores que poseía. Aquellas “ropas” como aprendió a decirles eran motivo de alegría y de alguna forma representaban si estaban felices o tristes. Ella se frotaba contra aquella pared transparente para darle brillo a su pequeño hogar, no para rascarse o sentirse sucia. Solo entendía que su vida era muy simple y era feliz por ello. Pero para Joan aquella simplicidad la traducía como aburrida cuando surgía una pregunta tal como:

Sus ojos no podían sino abrirse y cerrarse seguidamente como si esperara a que la pregunta terminara y sin embargo no llegar sino hasta ahí y ver como los ojitos rasgados de aquel moreno y los suyos se cruzaban. Ella no entendía como la vida podía ser aburrida si cada segundo solo era mejor que el anterior. Y fue cuando un día sin mucho esperar después del hermoso amanecer Joan abrió la puerta de su habitación y corrió ante ella para mostrarle lo que había adquirido. Era un objeto lleno de colores y con muchas cosas que brillaban. También tenía una forma algo brusca porque terminaba y empezaba como si fuese una gran ostra, pero con paredes mas lisas. Sin embargo parecido a algunas de las que Joan llamaba “gavetas” donde usualmente guardaba cosas de diferentes tamaños. Aun no sabía que podría ser, pero logro entender algo que él dijo antes de ponerla sobre su cama y correr hacia fuera de su cuarto.

No entendía, pero era algo que lo hacía muy feliz y con ello ella era feliz. Saltaba de alegría cuando eso sucedía y aquel moreno bailaba por toda la habitación. Se suponía que eso le causaba tanta felicidad que ella debía compartirla y así lo hacía, aun si no entendía para qué era aquel artefacto. Sin embargo era un día hermoso y su felicidad por ello era tan grande que abrigaría cualquier otro motivo aunque no sería necesario, ya que ella disfrutaba cada momento.

Eran casi momento de su comida cuando empezó a ver diferentes movimientos a su alrededor. Era como si se estuviesen moviendo cosas y al mismo tiempo todo cambiaba de lugar y volvía a su lugar de nuevo, cosa que le confundía.

Joan abrió los ojos en aquella mañana y vio como algo que sus días hasta ese momento no podían darle explicación. Algunas historias de mar contadas por algún viejo del pueblo podía dar alguna luz sobre ese asunto, pero igual su mente no podía procesar aquello tan extraño que antes sus ojos se mostraba. Aquella visión sobre su amiga era algo que no podía simplemente creer. Fue cuando decidió moverse con cuidado y sin movimientos bruscos que la fuesen a despertar. Lentamente se fue acercando y sin casi ruido perceptible se inclino hacia debajo de la pecera y con los ojos tan abiertos como le eran posibles inspecciono aquella imagen. También dio algún vistazo por encima para estar seguro que cada ángulo estaba cubierto y de igual forma que no fuese simplemente un espejismo. Sus manos rascaban sus ojos y de alguna forma cubría su rostro como limpiándola de alguna mascara mágica o velo invisible que le estuviese jugando una broma pero claro solo eran reflejos por los pocos minutos que había vuelto del mundo de los sueños. Ya seguro de que aquello era real, se dispuso a entenderlo y ponerlo en palabras para que sus oídos fuesen testigos de lo que estaba observando y al mismo tiempo estar seguro, cien por ciento, que no era un sueño. De sus labios surgió aquel comentario o pregunta que por el tono era imposible distinguir:

Si bien era cierto que los animales crecían y que desde que la encontró también había aumentado de tamaño, no era ese el momento para definir eso como natural. Era más bien algo realmente increíble y poco convencional. Cuanto posible era el crecimiento de cualquier animal si era necesario cambiarlo de inmediato de lugar para evitar que el espacio que usualmente cubría y le daba vida pudiera convertirse en su motivo de muerte. Aquella pecera de cristal donde Ballenita danzaba y se movía con cierta agilidad solo era en ese momento un lugar que apenas sus aletas podían moverse y que si eso había pasado en una noche, la posibilidad que volviese a pasar era algo que no iba a preguntárselo dos veces. Debía resolver aquella situación consiguiendo algo más grande. Y eso era rápido.

Joan corría de un extremo al otro del cuarto limpiando y saltando, volviendo con ojos de asombro a su amiga que por alguna razón le sonreía conforme pasaba frente a su hogar transparente. Fue cuando de repente sintió que era movida de su lugar, pero con tanto cuidado que todo el cristal se movía con ella. No había entendido aun nada de lo que sucedía, pero algo era cierto, los cambios que estaban sucediendo eran suficientes para preguntar y esperar alguna respuesta loca o que le causara mucha risa. Viendo hacia arriba las manos de Joan se acercaron y con el amor usual con el que solía hacer aquel ejercicio, la tomo y la puso en un lugar que ella conocía como la caja de las sorpresas, ya que cada vez que era metida ahí, salía y veía como su hogar estaba brillando con algunas rocas nuevas en la parte de abajo. Aunque ella no entendía para que fueran colocadas, asumía que eso era un presente de su amigo y lo aceptaba como tal.

Era muy pronto cuando sintió que volvían a tomarla desde su pequeño cuerpo, pero con un cuidado aun mayor. Su cuerpo de alguna forma lo sentía distinto pero no porque ella se percatara por sí sola, sino porque el movimiento de las manos de Joan se volvía más toscas y los dedos del moreno la recorrían de forma diferente como si la estuviese conociendo ese día. Con algunas caricias llenas de amor la seguía masajeando y eso la hacía sentir muy bien, pero algo no entendía, y eso era que las manos de aquel niño tardaban más en aquél movimiento y no fue hasta que vio su hogar de cristal a un lado vacio que empezó a preocuparse. Ella solo observaba como aquél lugar se alejaba y no era la dirección que ella pensaría que tomaría Joan para volverla a su hogar temporal. Más bien se alejo de ella y siguió hasta donde usualmente ponía su esfera, para que entonces ella viese un aquél artefacto que le había mostrado con anterioridad, pero con llena de agua y con otras cosas que no entendía. Sintió como ella fue colocada ahí adentro y sin tardar más que un momento vio los ojos de Joan posarse en el puro frente de ella, tras la usual transparente superficie que los dividía de mundo y con una enorme sonrisa. Sin embargo aun no podía entender porque estaba sucediendo eso. Qué diferencia existía entre el día anterior y ese que significara hacer el cambio. Ella entonces entendió algo que tal vez podía darle explicación a aquél evento. Las cosas que Joan conseguirá le daban felicidad y aun fuese de diferente forma y tamaño podía disfrutarlo igual que su anterior hogar. Eso era algo que consiguió y por lo tanto era algo para agradecer.

Era casi ya momento de ser alimentada cuando Joan llego y le mostro a su hermano algo sobre ella o al menos sus dedos la señalaban. El hermano, que había llegado más temprano ese día, entro en el cuarto junto con el niño y juntos se agacharon para observarla y solo pudo oír de nuevo unas palabras similares a las de la mañana:

Ella no entendía en su totalidad el porqué del comentario pero si se dispuso a hacer la mirada que acostumbraba para resolver algún misterio o simplemente encontrar respuestas. Joan entendió aquél gesto y para no asustar a su hermano oyendo como ballenita hablaría con él, entonces espero que la curiosidad del hermano cediera y entonces saliera del cuarto para seguir con lo que restaba del día.

Joan se arrodillo suavemente y la miro con ojos de alegría. La respuesta no le llevo mayor asombro por lo que significaban, sino por haber sido ya repetidas dos veces.

Ella no comprendió porque aquello causaba tanto asombro, pero si le intrigaba un detalle en aquella frase, y era “mucho” el término que no lograba encajar.

Ella no entendía como esas palabras pudiesen ser posibles o que le causaran algún daño. Pero igual dispuso a preguntarle de nuevo:

Entonces Joan entendió que solo mostrándole de forma irrebatible aquél evento, es que ella podía entender. Con mucho cuidado le acerco la antigua esfera de cristal y se la puso a un lado. Ella con algo de ingenuidad la miro, pero pensó que aun estaba lejos para ver cuál era lo que Joan quería mostrarle. Por lo que se arrimó lo más posible a la pared transparente y le hizo señas de que acercara más aquella esfera. Joan con mucho cuidado solo hizo que ambas paredes se tocaran sin arriesgar romperse y fue cuando Ballenita vio con absoluto asombro cuanto aquella bola de vidrio había cambiado de alguna forma que no le era fácilmente entender. La veía, sabía que era la misma pero de alguna forma se había encogido. ¡O no!

Joan la vio con ojos de ternura y le dijo que no se preocupara, que por ello le había encontrado aquél nuevo hogar. Diferente, pero igual de seguro.

Todo lo anterior había pasado tan rápido que solo se mostro ingenua ante aquél evento que había consumido todo el día y que por la misma razón había olvidado conversar con Joan sobre lo que pensaba de aquel accidente sucedido a una persona que estaba involucrado con su hermano. Aquel que por un accidente ella sabía que había muerto y que era su hermano el que se relacionaría con ello. Sabía que aquella situación era lo que su hermano necesitaba entender, comprender en su totalidad para que al menos por ahora se sintiera bien. Pero por supuesto, la muerte de una persona era algo que lamentar, y por ello debía haber alguna forma de transmitir eso a su amigo moreno y entonces a su hermano mayor. Tremenda misión habría que comenzar para que aquello fuese una realidad y sin embargo, debía hacerse lo antes posible. Lo que ella no sabía era que ambos acontecimientos, la muerte de aquella persona y su crecimiento estaban ligados, y por el momento ella no podría concebir la razón. Todo tenía una explicación y la respuesta sería la más sencilla de todas y eso era parte solo de una gran y bellísima totalidad.

RODRIGO

Es evidente que todo lo que ha sucedido ha sido una cadena de eventos que parecieran separados por naturaleza y diferentes en concepto. Aquello que ha vivido ballenita no ha sido más que un efecto que solo ella puede entender como algo inconcluso. Nada tiene mucho sentido si esta disgregado, pero al unir sus piezas es cuando ves el cuadro completo. Aquello que es accidente solo es percibido así por lo aislado de su acción, no por sus lazos invisibles al menos por el momento. Ha ocurrido muchas circunstancias y aun Joan no ha encontrado una razón necesaria para explicar cada una. Para él solo son situaciones diarias que observa y maravilla en unas y espanta en otras. Por otro lado el hermano mayor esta dedicado a no perder su trabajo ya que su mentor habría muerto en un accidente laboral. Ballenita por otro lado podría ser solo la distracción con su nuevo tamaño. Y finalmente, todo junto en una tarde de bello celaje solo podría ser excusa para salir un momento al parque, hablar entre hermanos y cambiar así un poco el ambiente rutinario de la cena. En esos momentos es cuando el silencio de aquella casa es solo testigo de los múltiples pensamientos de Ballenita que con un suspiro ha de entender, poco a poco, las circunstancias que la han llevado hasta ahí, pero aun no logra encerrar en una respuesta ni siquiera mínima en concepto o comprensión. Es una tarde bella y sin embargo la noche ha de esperar para que Joan y ella se unan en una conversación y que al final de ella pueda convertirse en una misión necesaria para el pequeño. Pero eso seria solo el inicio. Mirando hacia arriba puede observar el cuadro de piratas que el moreno ha pintado y completado por mucho tiempo. Aquel cuadro donde un barco pirata se enfrenta a otro en eterna lucha sin cesar y sin vencedores. Algún vistazo al fondo del cuadro da la sensación de nostalgia cuando es la costa la que se puede divisar haciendo fachada a una isla muy lejana. Pero la imaginación va más allá de donde estos dos buques están en franca confrontación. Unas aves circulan aquella batalla, siendo solo muestra que el corazón atormentado de Joan siempre busca un momento de paz y alegría, cuando ha dibujado tantas gaviotas revoloteando en círculos y siendo evidencia que la costa en aquella isla está llena de vida, aún la haya pintado muy lejana.

Han pasado mucho tiempo hasta que la puerta del cuarto se abre con lentitud y el pequeño se acerca a su cama con algo de somnolencia. Es así como cae rendido en la cama después de una tarde muy emotiva, siendo el hermano el protagonista de aquel encuentro. Ellos han conversado mucho rato sobre la vida, la muerte y hasta el futuro, han encontrado caminos comunes y también algunos que los alejaran uno del otro. Pero todavía ha de pasar mucho tiempo para que algún suceso de esta índole vaya a causar tristeza en ambos. Los pies sucios le demuestran a Ballenita que han estado corriendo, tal vez en algún juego de hermanos, pero que evidentemente ha sido suficiente para llevar al muchacho al mundo perfecto de los sueños.

Ha pasado ya varias horas y con un suspiro que eleva algunas burbujas sobre el agua, Ballenita observa los ojos de su amigo el cual apenas se han abierto y con algún bostezo celebra su despertar. Ha sido un sueño de algunas horas suficientes para recuperar al muchacho y expresar una enorme sonrisa. El hermano mayor hace algún ruido en la cocina, muestra que hoy tal vez sea el mismo el que se encargue de la comida. Joan con algo de curiosidad vuelve a ver a su amiga y suspira con algo de incredulidad ya que el tamaño crecido de ella es extraño en su habitación. Todo está en su lugar y hasta ha sido excusa para conseguirle una nueva pecera, algo que ella misma no entiende. Con ánimos se levanta y la ve a los ojos preguntándose quién podría ser ella y porque está ahí con él. En su pequeño mundo piensa que algo mágico ha sucedido, pero sabe por su experiencia que aquello solo sería fantasía. Ya lo habría probado con la muerte de su madre y al no dar resultado los rezos fueron lo único que ha sobrevivido en el alma y conciencia de Joan.

La conversación se ve interrumpida por un momento mientras Joan se dirige al baño y cierra la puerta de esta. Ballenita solo se sigue preguntando qué significa todo esto que ha sucedido pero deja a un lado todos sus pensamientos y se concentra en algo que ha esperado más de un día para poder exponérselo a Joan. Son pocos los minutos que el moreno ha durado en su zona privada para salir y volver a sentarse en la cama y seguir con la conversación. Acostado sobre su cama y volviendo su vista hacia arriba, observa de nuevo su pintura que constantemente contempla y se imagina a el mismo como una gaviota traviesa sobrevolando aquellas aguas observando algún nuevo marino en una nueva labor. Ballenita lo ve asombrada de lo rápido que se adapta a cualquier momento y sin replicar solo toma el instante como viene. Perfil algo diferente del hermano que si bien no ha sido su compañero de cuarto ni de conversación, ha notado en los comentarios que escucha que suele quejarse de su pasado o de un futuro que nunca llega. Sin embargo, y con algo de incredulidad, el hermano mayor obtiene sus respuestas de profundas meditaciones que logra presenciar cuando por medio de la ventana de la habitación, lo ha observado sentado en una silla pequeña sobre el jardín delantero de la casa, con un vaso de liquido caramelo y una mirada al cielo sin ningún punto en especial. Aun así, y como algo común, la mirada del hermano cuando entra a su casa expresa dudas y claramente poca alegría.

Joan con algo de duda e intriga se dispone a desenvolver aquellas palabras en otras que fuesen mas claras. Observa con cuidado a su amiga y con una sonrisa entiende que ahora vendría alguna explicación, no antes de compenetrarse en una lección que al final, bien sabido por el, el baile seria el resultado de una enseñanza, y que con alegría debería empezar aquella conversación dejando el ego y su orgullo a un lado.

El dialogo se vuelve protagonista de este evento y surgen las palabras como el viento en alta mar, dirigiéndolos hacia un horizonte de sorpresas:

Joan- “Pues tienes razón, el no es el mismo desde que estamos solos, sin embargo ha superado muchas cosas que hemos pasado y ahora puedo decir que ha vuelto a ser el mismo”

Ballenita- “¿Seguro?”

Joan- “Claro que si, ¿Por qué lo dudas?”

Ballenita- “No es dudar, es preguntar solamente. Si bien el ha superado aquel evento donde ambos tuvieron que asumir su vida juntos y solos en este mundo, también se puede leer en su actitud que se siente aún más solo o tal vez defraudado”

Joan- “No esta solo porque esta conmigo. Defraudado tal vez porque el quería ser marinero y hasta llegar a ser capitán”

Ballenita- “Entiendo y solo para seguir con las preguntas, ¿que le ha impedido serlo”?

Joan- “Pues es lógico ¿no?, el no acepta dejarme solo en esta casa. Siente un peso de responsabilidad que yo mismo se la he quitado o al menos intentado. Le he propuesto que si eso desea que lo haga y que cada seis meses nos veríamos para ponernos al día en todo lo que haya sucedido en nuestra casa o la calle donde hemos vivido tanto tiempo.”

Ballenita- “Es curioso que aun no se haya dado cuenta que la vida le ha estado mostrado el camino para que su vacio sea cada vez menor y que llenarlo solo es cuestión de tiempo. Que cada nuevo día solo le da lo suficiente para llenar su interior.”

Joan- “Pero por qué dices eso. El solo trabaja para ganarse el dinero suficiente para poder vivir tranquilos por el tiempo que sea necesario. Eso es lo que él necesita para llenar su vacio como tú lo mencionas. Sino donde estaríamos ahora”.

Ballenita- “¿Y tú crees que eso es suficiente para él?

Joan- “¿Y tú, amiga, lo crees?

Ballenita- “En realidad no es importante lo que yo crea sino lo que el crea, y por lo que yo veo, ni tu ni yo tendríamos las respuestas. Eso es lógico ya que ni siquiera sabemos las preguntas correctas, y ni tú ni yo somos tu hermano para poder saberlas. Lo que sí es de mucha relevancia es conocer si él se las ha preguntado o simplemente va por la vida asumiendo una situación sobre otra sin ninguna razón aparente.”

Sobre la mesa de noche que está a un lado de la cama surge una pequeña criatura con algunas cuantas patitas que viene de algún punto elevado del cuarto y se dispone a encontrar el piso y seguir su camino. Joan con actitud agresiva se dispone a ponerle el pie encima y eliminar rápidamente aquel animalito. Con un sobresalto, Ballenita salpica el agua donde nada y con un grito logra evitar aquel evento. Joan, con algo de asombro aun tiene dispuesto su pie para alcanzar aquella criatura de diversos colores.

Joan con algo de ingenuidad se dispone a agarrar aquella criatura sobre su mano y contar sus pequeñitas patas, las cuales surge un número mayor al que el mismo creía. Después con mirada profunda y analítica, posa su atención sobre el cuerpo y empieza a decir los colores que ahí puede observar.

Ballenita suspiro y aquel evento se había vuelto solo una prueba más para su paciencia y probó que en cualquier momento podría mantener la calma si surgía un evento igual de agresivo.

Joan con algo de curiosidad vuelve al punto de conversación que habría interrumpido aquel evento sobre un animal de curiosa apariencia y colores diversos. La tarde había sucedido su atardecer y se disponía a cederle el campo a la Luna que de color metálico se disponía a colocarse en su puesto arriba donde la bola brillante del sol había ya desaparecido.

Joan entendió que la misión era clara. Su hermano ha tenido una vida de responsabilidades que lo incluían a él mismo. Era su único hermano y como menor debía estar siempre preocupado por su salud y bienestar. Pero aun así, y con su papel de protegido, debía proponerse lograr encontrar si su hermano había tenido alguna pregunta que a falta de respuesta, solo lo había estancado en su vida, y siendo parte del elenco de aquella película llamada vida, su papel podría convertirse de segundo a primer actor, de acompañante a guía hacia la verdad. ¿De qué modo lograría encontrar el camino hacia el corazón de su hermano y enfrentar esa nueva situación que lo pondría en posición de preguntar? Y más aun, ¿Cómo haría para tomar cartas en el asunto y asumir una actitud de consejero, si hasta el momento la única maestra había sido su pequeña amiga azul?

El hermano era una persona clara en sus sentimientos, como nunca lo había sido, al menos no antes de la muerte de su madre. Ante aquel acontecimiento había asumido su papel de cabeza familiar. En su papel de guía y con pocas palabras siempre lograba enseñar algunas cosas de la vida a Joan. Sin mucho que la vida le diera, su premio todas las tardes era pertenecer a una familia de dos más una nueva adquisición de color azul y de extraño comportamiento y habiendo crecido bruscamente en poco tiempo y en gran proporción. Sus días se contaban con los dedos de una mano al cerrarse el viernes y tomando el dinero como pago por sus labores. Cada tarde se vinculaba sus sueños con el atardecer que como guardaespaldas se posaba como paisaje de fondo, mientras se encaminaba a su casa y que con alguna vista nostálgica, solo volteaba para asegurar que la belleza de aquel evento era un premio por parte de la naturaleza por un día más en aquel duro trabajo. Su anhelo de encontrar la cerca que rodeaba la casa era suficiente para dibujar una sonrisa en su rostro marcado por el día soleado. Aun antes de llegar a su casa una figura de pequeña estatura acompañaba aquel paisaje alumbrado aún por el Sol puesto ya casi en su últimos minutos, pero suficiente para dar un abrazo a aquellos hermanos juntos siempre para terminar el día. La sinfonía de aquella tarde retumbaba en los poros donde cada gota de sudor iba siendo sustituido por el sonar del viento que terminaba de entregar al gran hermano en los brazos de Joan, que con un brinco y un abrazo de enorme energía chocaba en el cuerpo de su hermano y juntos lograban simplemente fundirse en aquella unión que solo podría describirse como el amor más puro por conocer.

La Luna era ya la protagonista donde sin sonido alguno, ni dramática aparición ya era parte del paisaje arriba a lo alto en el cielo oscurecido por falta de luz. Las sombras se habían desvanecido y solo surgían al prender alguna luz artificial sobre las habitaciones. Ya la cena había sido preparada y la cara del hermano mayor vislumbraba cansancio y pena. Eran los momentos donde ambos jóvenes se unían en un canto muy sencillo y casi sin sonido aparente. Más parecía un susurro y es cuando los pensamientos se volvían uno entre ellos. El descanso después de la cena, lavar los platos, acomodarse para una noche de quietud y la pausa antes de dormir era lo que los acompañaba en los últimos momentos del día. Sin embargo no era una rutina, el sueño muchas veces vencía a cualquiera de los dos y así dormir era la única opción. Pero hoy era diferente. Hoy era el primer día de muchos y cada día lo recordarían.

Joan baja con la pecera de su amiga, y cada paso era marcado con un sonido que solo la vibración del viento era comparable con ello. Sin ninguna advertencia la pone encima de la mesa que componía el centro de la sala de aquella casa. Las sillas puestas alrededor solo daban motivo de entender que era algo que poco a poco habían ido armando y completando. Remendando y reparando era lo que aquella sala había sido como resultado del esfuerzo. La pequeña gran pecera era ahora el centro de la mesa y que con algo de curiosidad el hermano mayor solo podía observar esperando una explicación o mejor una obra de magia o teatro preparado por el pequeño moreno. Algo de lluvia empezó a sonar sobre el techo de lata de aquella vivienda. Una ligera brisa respiraban aquellos hermanos y un poco de rocío se lograba colar por las ventanas. Las pequeñas cortinas se movían rítmicamente y con el aroma de lo que la brisa traía de alta mar, la sala tomo un tono plateado donde el ambiente era casi mágico. Su visión de aquella tarde era increíblemente hermosa.

La cara del hermano mayor eran casi parecidos a los de Joan, sin embargo, algunas marcas puestas ahí por algún percance en la fabrica o alguna riña con algún compañero de trabajo, definían las líneas que solo la experiencia misma había logrado fijar en aquel rostro. Pero hoy, aquella mirada no era solo una expresión, sino el sello de la sorpresa misma. Esta tarde se pondría a prueba su duro carácter haciendo que su cabeza vuelque cualquier vieja superstición en realidad y aún más, logrando que su misma consciencia sea remojada en un balde de agua fría y con alguna sustancia que logre remover cualquier antigua coraza de incredulidad.

El silencio fue el único testigo de aquel evento, sumándose algunos grillos que con su rítmico silbido servían de fondo musical para el momento. Todo en el cuarto de sala es parte de aquel instante, como el antiguo reloj pegado a la pared, el viejo mueble donde guardan algunos libros, un baúl de excesivo color viejo, unos sillones que de alguna forma han sobrevivido el tiempo, una mesa que duplica en tiempo el valor de vida de ambos hermanos, y una viejas cortinas que por su apariencia solo reflejan respeto y madures. Aquel momento queda congelado en el tiempo y todo al mismo instante queda en absoluta quietud, hasta el grillo, autor de sus propias melodías acompaña aquel silencio deteniendo su sonar. Joan, con su rostro ondulante mostrándose al otro lado a través de la pecera sonríe y sin preaviso alguno, una voz surge de aquel contenedor de agua y con un tono dulce y firme la criatura dulce y de color azulado la cual Joan era nombrada como Ballenita exclama:

SOBRE-VIVIR

Las sombras de los muebles han sido congeladas por el tiempo y claramente los dos hermanos están más que sorprendidos donde el momento que hasta ahora era sorpresa se ha convertido en un instante de total desconcierto. Su hermano mayor, llamado Rodrigo está congelado observando como aquella criatura mueve sus pensamientos y salen voces de su pequeño ya crecido cuerpo. Joan sin mucho entusiasmo, dirige su vista a su hermano donde la vista se ha congelado esperando que él haga algún movimiento o al menos un comentario relevante y que de alguna forma rompa aquel gran silencio que ha abordado la habitación y hasta la casa completa. Ballenita con una mirada típica de ella y llena de dulzura ha logrado cautivar a ambos personajes y en su futuro inmediato a de tener grandes conversaciones entre los tres.

Rodrigo está sentado y sin movimiento que exprese cualquier intención, sigue observando sin dar una respuesta satisfactoria a sus dudas. Su mente va desde el pasado hasta el presente, buscando alguna zona de eventos increíbles o al menos de respuestas excéntricas que puedan dar alguna razón lógica de lo que está sucediendo. Los pocos recuerdos de su infancia y la escuela a la que asistía eran apenas imágenes vagas que se revolvían unas con otras y que finalmente desaparecen sin obtener de ellas ningún resultado útil. Aun las pocas revistas de ciencias que ha logrado leer podrían darle un respiro a tantas preguntas que en este momento formula. Su mente es ahora un revoltijo de dudas y es tal vez el pensamiento de locura el único parámetro que puede el aceptar como resultado de lo que sucede. Tal vez mucho trabajo, o seguro la muerte de su jefe días atrás, o simplemente un sueño del cual no ha despertado.

Sin pensarlo dos veces hace un movimiento que indica un pellizco en su brazo de tal forma que si no es por el dolor, seguro el grito podría llevarlo a abrir los ojos y recordar como en su sueño, un pececito de color azul tenue, el cual nada dentro de una pecera de apenas transparencia visible, ha hablado y aún más, saludado cortésmente a este soñador de fantasías increíbles.

La ballenita flotando entre las aguas de su pecera, fija su vista a Rodrigo, el cual no le quita la vista de encima, como esperando que aquello sea resuelto con algún aplauso de un público escondido detrás de las paredes y que por alguna razón haya olvidado algún día especial para el cual fue necesario aquella broma o tal vez acto de magia. Pero sin observar más que a su espejismo parlante, el lentamente se mueve y rodea aquella pecera, haciendo que ballenita también gire sobre su cuerpo solo para mantener la vista directamente enlazada con el moreno de alto semblante. Ambos están más que conectados, están enraizados en una comunicación visual casi irrompible donde ni siquiera el sonido del exterior, o los sentimientos de confusión podrían quebrantar.

Con una mirada tal vez melancólica y un poco triste, Ballenita ha logrado entender que aquel hombre ha confundido lo hermoso de su vida con lo trágico de sus conclusiones. Es como tener un gran premio y mal interpretar la envoltura. Para ella era claro que su nuevo amigo estaba dolido por estar mojado al vivir en las aguas de la vida más que por las bondades del océano. Para él la vida había sido transformada de un pasaje de experiencias a un túnel de pruebas. Y ahora debía ella encontrar el por qué de ese cambio.

Para Ballenita era claro que no había llegado a ese lugar para responder preguntas, ya que ella era la que usualmente tenía las interrogantes necesarias para que un día completo pudiese responder al menos algunas de ellas. Pero cuando ella elaboraba una consulta o tenía una duda que aclarar, era Joan con sus respuestas las que le devolvían otra pregunta la cual ella finalmente contestaba sabiamente. No estaba segura si era la respuesta que ella buscaba o simplemente era otro el que se beneficiaba con sus conclusiones. De cualquier forma, ambos terminaban saltando y felices por estar cada día más juntos en alma y pensamientos, y que ambos habían logrado sembrar una gran amistad y que la cosecha de ello sería aun desconocido pero muy bueno.

Como ya era normal ella volvió a preguntar sin pestañear, y de forma clara expresa su pregunta de nuevo, entrelazándose en un dialogo rápido y cruzado:

La mirada de Ballenita solo tenía una respuesta a aquella gran interrogante, y era que el mundo que veía al frente de ella era como una gran tormenta, donde los vientos te mueven de un lado a otro, las olas rugen y rompen, las criaturas se mueven y buscan refugio, pero que todo aquello es solo eso, la mezcla temporal de varios elementos que por sus características solo son algo confusas. Al final todo es lo mismo, viento y agua. Aquí sin embargo la tormenta contiene a la vida y al mundo, solo que estos habían sido mal interpretados y que de alguna forma habían confundido sus elementos formando tormentas que solo existen en la mente de estos seres. El escenario era claro, la vida para ellos no era para vivirla sino para superarla. La gran pregunta que estaba en el aire era: ¿superarla con respecto a qué?

LA PREGUNTA CORRECTA

No es de esperar que Rodrigo entendiera tantas preguntas. Es más, solo el hecho de que Ballenita fuese un pez que le estuviese hablando ya era demasiado, sin embargo por alguna razón este evento había sido catalogado como secundario y lo único relevante en este momento era que él se sentía confundido tal vez más que la propia criatura de color azul mar. Sus preguntas iban en dirección de que ella entendiera sus respuestas pero como era usual, las respuestas no serian dirigidas a ella, sino al que ella tuviese en frente, volviendo de nuevo a preguntarse por qué antes sus dudas, los demás son bombardeados con más preguntas y finalmente la respuesta va en otra dirección. Su curiosidad no solo era puntual en algún evento, sino que deseaba respuestas. Lo mágico en todo esto es que de alguna forma, sus interrogantes hacían que el otro buscara en sus memorias situaciones, que por razón aparente habían sido motivo para desbloquear alguna calza que hacía que no por mucho tiempo no se moviese de su lugar y que con aquella pregunta lanzada hacia que se removieran recuerdos, situaciones confusas y finalmente soltar aquello atrapado en la confusión y retraso. Sus constantes preguntas no solo eran contestadas, sino que clarificaban un camino. Sin embargo lo único que quería ella saber era “el por qué” de algunas cosas, sin saber que la respuesta desempolvaría astillas en los corazones de los demás.

Fue una tarde como hoy cuando Rodrigo había estado en búsqueda de unos cuadernos de la escuela. Su hermano había ya encontrado los suyos y dispuestos a buscar la salida de su casa, su hermano mayor debía encontrar aun los suyos. Esa tarde todo era como normalmente sucedía antes de ir a la escuela. Los días que se acercaban al fin de semana eran más felices ya que podrían correr por la playa la cual accedían por unas escaleras de gran tamaño ubicadas al final de la calle. Allí, y como balcón de primera fila, podían observar hasta la infinita luz que se filtraba al fondo del horizonte haciendo evidente lo enorme de la ciudad que se levantaba al fondo de sus miradas. Sus memorias iban hasta el pasado posible de sus recuerdos en este lugar. Su madre siempre atenta a sus acciones, les recomendaba siempre mantener una actitud de calma y ecuanimidad. Los accidentes solían pasar siempre segundos antes ante los ojos de las personas y así Dios podía darles una pequeña advertencia antes de cometer cualquier estupidez que los llevara a lamentarlo después. Estas enseñanzas eran todos los días, y claro está, en la selva infantil de concreto donde estudiaban los muchachos podían evidenciar y probar esta maternal teoría. Les encantaba ver como otros niños podían ver hacia el océano y no apreciar lo increíble del lugar. Un gigantesco agujero lleno de agua listo para ser visitado. Los demás solo veían mucha agua, y hasta un freno para poder aventurarse en otras tierras. Ellos miraban lo que en sus mentes solo podía llamarse como “El Gran Misterio”.

Rodrigo aun buscaba sus cuadernos cuando de repente una criatura de aspecto peligroso surgió de un rincón de la mesa donde sus cuadernos solían estar. Un grito fue el que marco la pauta en ese momento y como salidos de las sombras su madre y hermano ya estaba ahí cuando su grito logro cesar. Una pequeña araña de aspecto colorido pero de gran temperamento había sido interrumpida en sus labores cotidianas del quehacer. Si bien tenía en sus puntas de patas afilada uña, su actitud era solo de defensa. El pequeño muchacho, hermano menor, se acerco y sin ninguna actitud violenta volvió a cerrar la gaveta, lugar donde hubo el encuentro. El momento era confuso, pero de igual forma su madre sonrió y sin ninguna razón aparente rio con algo de sarcasmo.

Ya eran más del tiempo necesario para ir a la escuela y ambos muchachos decidieron sentarse en la playa y hacer una travesura que su madre debía ignorar por mucho tiempo. Ellos lo llamaban, día de educación natural. Ya era algo usual, pero no tan seguido para que ella no sospechara. Sentados en la playa, lugar donde la arena era algo oscura, miraban hacia el fondo y se imaginaban algo como un dios que pudiese ir hacia el fondo del océano y decidir que criatura crearía y cual desecharía. El océano ya tenía suficientes criaturas para agregar una más. Entre habladurías y discusiones infantiles se disponían a decidir cuál era innecesaria y cual debían formar, dándole algún nombre y claro apariencia novedosa.

Ambos hermanos se han levantado de la arena oscura y aun pegada en algunos de sus piernas deciden limpiarse con agua dulce la cual circula por una cascada que cae cerca de la calle donde están, proveniente de las entrañas de la montaña. Si bien los pies son los que circulan sobre la arena, no habría motivo para que sus traseros tuviesen aquella marca y menos ambos hermanos. Su madre, aun siendo una persona alegre y tranquila seria la poseedora de un discurso que al menos la tarde y la noche no serian suficiente para terminarla y tener a sus dos hijos de pie oyendo aquella reprimenda. Ese día había sido testigo de un momento mágico, el nacimiento de una criatura que haría que Joan tuviese la mejor de las infancias, y aunque iba a estar guardado en los pensamientos de ambos por algún tiempo, de alguna forma aquel moreno había hecho una solicitud al océano, y en su momento se haría realidad.

Ballenita tenia la mirada algo perdida mientras Joan la tomaba desde la base de su pecera para volverla al espacio donde había vivido desde que llego a esta casa. Sus pequeños brazos se inclinaron para tomar la pecera y con el cuidado necesario, subirlo hacia su dormitorio teniendo cuidado de no regar el agua contenida en su mundo de cristal.

Joan con algo de seriedad y un poco más de sorpresa no deja de sostener la pecera antes de colocarla encima de la mesita donde estaba. Sintió que tal vez su amiga quedaba en un lugar muy vulnerable y casi inseguro. Amigos, parientes o solo un extraño podría entrar y hacer de este tesoro una tragedia. No era cualquier pez, era ella, la que respondía preguntas. Sin titubear, volvió su vista en dirección a su hermano y sin vacilar expreso su pensamiento, sin pena ni vergüenza, y tal vez con un poco de autoridad: -“Esto no es cualquier cosa, es nuestra amiga, así que tengas cualquier excusa, no lo aceptare. Tendrás que cuidar de ella y cuando termines y le permitas dormir la iras a dejar arriba, ¿está bien?”

El dialogo había terminado y sin posibilidad de reclamo o respuesta, Joan se dirige a su habitación convencido que sería una larga noche, ya que había quedado claro su posición sabía a ciencia cierta que cualquier equivocación o evento inesperado tendría que resolverlo personalmente y aún su hermano tuviese la franqueza de aceptar cualquier error, no tendría más que sus palabras y disculpas para acompañar la pena resultante. Así que supo que no dormiría hasta lograr tener a su amiga otra vez en su habitación. Esto significaría que tendría obligadamente que oír la conversación de Rodrigo con Ballenita, pero eso tendría un peso en su consciencia ya que su madre siempre le dijo:

  • “Deberás aprender y saber de muchas cosas, otras no serán tan necesarias y hasta serán peligrosas, sin embargo por razones diferentes llegaras a conocerlas. Aprovecha y aprende de todas, pero siempre trata de saber poco de lo que no te conviene, así nunca estarás tentado a actuar de acuerdo a ellas. No quiero que ignores los peligros, pero si ignoras su naturaleza estarás en manos del Dios misericordioso y no tendrás que combatir contra lo que ignoras”.

Estas palabras eran al principio confusas, pero con el tiempo entendió que muchas veces es mejor ignorar algo que abusar de este. Si lo sabes, es porque así debe ser, si lo ignoras espera tu momento. No fuerces llegar al puerto cuando la marea tiene su propio ritmo. Si nadas para apurarte llegaras antes, pero a un precio muy alto, y si es que llegas. Entonces Joan tenía claro que saber de más no era tan importante como saber qué hacer con la información. Pero en este momento no podía dejar que su hermano cometiera errores y mucho menos dejarle la responsabilidad de Ballenita acabando de conocerla. Si bien le impresiono que no se volviera histérico oyendo a su nueva amiga, de igual forma quería estar seguro que así seguiría toda la noche sin novedades que lamentar.

El silencio se apropio de la habitación donde se encontraban. El salón era más bien una extensión de la cocina, pero que en momentos de fiestas habían tenido que improvisar rompiendo algunas divisiones y haciéndolas removibles para que luego del evento pudiese ser una habitación como originalmente había sido creado. Las sombras ya habían desaparecido y luego de algunas cornetas de diferentes líneas de autobuses que pasan por frente de su casa, la bulla había cesado, las luces de la calle ya eran las protagonistas de la iluminación de la calle y una quietud general reinaba en la pequeña comunidad.

Ambos nuevos amigos solo se miraban y con algo de curiosidad ya habían invertido varios minutos en su pequeño dialogo. Tal vez uno y el otro esperaba alguna frase inolvidable o simplemente una queja sobre su estilo de vida. Sin embargo, Rodrigo volvió la cabeza hacia atrás y se acostó sobre el sillón. Sin dejar de observarla hizo una mueca de irreverencia y volvió su vista hacia el jardín posterior de su casa. De reojo volvió otra vez su atención hacia Ballenita y sin gesto alguno pregunto:

Sabía que una respuesta debía ser la que hiciera continuar dicha conversación. Pero sus logros hasta ahora solo daban el mismo resultado. El quería saber, no tanto porque aquella criatura azul hablaba, sino para que, cual era la razón. No tenía ninguna idea, le faltaban motivos, era algo naturalmente imposible, pero ahí estaba sucediendo y no sabía por qué, lo único que tenía en su mente eran negativas, solo desconocimiento, desconcierto y hasta impotencia. Solo carecía de lo necesario para poder dar un motivo a todo aquello. ¿Qué era lo que podía hacer con todo aquello, como podría romper el hielo o al menos dentro de su percepción empezar hablar con algo que no tenía ninguna experiencia?

Fue una luz brillante la que apreciaba desde su posición en el sillón de la sala. Esta provenía de un poste que seguido de muchos más indicaba claramente la dirección de una calle bien iluminada que dirigía a todos sus conductores hacia las afueras de su localidad. Observando aquella luz donde por las características de la estación climática era abordada por cientos de insectos nocturnos, vio y sin pestañear como esos pequeños insectos se estrellaban en las bombillas de color blanco. Esta imagen hizo que Rodrigo se congelara en el tiempo por varios minutos. Solo podía ser testigo de cómo aquellos pequeños seres se estrellaban una y otra vez sobre la luz, como si esta los pudiese recibir o abrirse ante ellos y lograr entrar al mundo desconocido detrás de aquel brillo. Pero no pasaría nunca. Solo lograrían chocar tantas veces como su cuerpo aguantase. ¿Por qué es que buscan la luz y esta los rechaza? Es como si por cada golpe insistieran en lo mismo sin tener respuesta. Acaso no se daban cuenta que la misma acción daba la misma respuesta. Si solo se volvieran hacia atrás y observasen el mundo que no ven.

Sus ojos se congelaron mientras con un movimiento suave, su cabeza gira hacia su nueva amiga Ballenita y con una mirada fija y con un ligero movimiento Rodrigo se pone sobre sus pies, con una mirada penetrante vuelve su vista hacia la pecera e inclinándose hacia ella ve como sus ojos se reflejaban en los vidriosos ojos de su amiga azul. Sin parpadear su rostro dibuja una sonrisa y con una mirada de absoluta satisfacción se agacha y se posa sobre sus rodillas en el suelo y sin ninguna duda toma aire, respira profundo y dirigiéndose a Ballenita dice:

Con una sonrisa igual de satisfacción y sin quitarle la vista de encima a su amigo Ballenita responde:

-“Esa, Rodrigo, es la pregunta correcta.”

AQUELLA MADRUGADA

Más que pensamientos eran dudas punzantes lo que tenia Rodrigo en mente. Su cabeza era una sopa de interrogantes que se volcaban de un lado a otro como bola de billar en mesa desnivelada. Su búsqueda de la verdad nunca había sido tan decidida, y en este caso no sería en vano su determinación de encontrarla. Más aun, su meta era ahora tener las preguntas correctas en el momento correcto para que cada minuto fuese de máximo provecho para él y quién sabe, para ambos. Las verdades de la vida circulaban en una calle de dos vías, donde tanto el interrogador como el interrogado recibirían siempre su premio al final del camino. Su imagen de un santo sobre un repisa diciéndole lo que debe o no hacer era cosa del pasado. Si bien consideraba la religión algo de respetar no significaba que tuviese razón en cosas que por naturaleza las niega o peor las evita.

En esta madrugada de poca luz, se podía observar algunos pequeños brillos apenas por encima de las hojas del árbol localizado sobre el patio posterior y el cual dejaba filtrar aquellos efectos curiosos dejando a la imaginación cualquier razón para que aquello ocurriese. Suspiros eran los que se dejaban oír ante cada caminata de Rodrigo sobre aquella sala, que por su estado permanentemente limpio podría leerse la firma de Joan en cada esquina del dormitorio.

Su razón de estar en esa sala era evidente, sus intenciones aun mas, y su estado de ánimo no podía ser más ansioso. Pero la incomodidad de lo inevitable era su actual compañera de juicio. Sabía que en algún instante debía abrir la boca, expresar una idea o pregunta y debía estar a la altura de aquello que por casualidades de la naturaleza hablaba con él. O tal vez solo coincidencias o fenómeno natural. Pero que debía estar preparado para cualquier cosa. Otro elemento que no estaba seguro de cómo manejar era la ingenuidad. Si bien sabía muchas cosas de la escuela, aunque solo había llegado principios del ciclo medio, también sabia cosas de la vida y la experiencia que esto acarreaba. No era cualquiera el que podía decir que criaba a un hermano menor, trabajaba todo el día y además podía dar seguridad y amor al mismo tiempo. Era un hombre, no una madre y sin embargo tuvo de la suya la mejor enseñanza posible. Su padre el cual no había sido el protagonista de sus vidas, ya había partido en algún buque buscando fortuna y seguridad para su familia. Seguro había muerto como la misma madre había asegurado siempre, una teoría justa para mantener las mentes sanas de venganza u odio ante un villano innecesario de recordar. La muerte además era la mejor excusa para esfumar como el viento cualquier intención de mantener en sus mentes sentimientos acerca de alguien que ya había desaparecido por razones indiferentes ahora. Además era una inversión de sentimientos y tiempo a largo plazo, ya que así no perderían la mitad de sus vidas buscando respuestas a lo que no lo tiene.

Por seguro que pareciera, Rodrigo había logrado mantener la atención de Ballenita a pesar de él. Si bien tenía claro que debía ser sabio en su comportamiento, el espectador de color azul no dejaba que su cuerpo y mente se comportasen de forma espontanea. Parecía como si fuese guiado por un maestro del teatro, que cuando la dirección lo indicaba el frenaba su caminata y volví sus ojos a su maestra que juzga sus movimientos, siguiéndolos con sus ojos de tamaño mediano y observándolo como si midiese cada centímetro de su esbelto cuerpo. Mirando de arriba abajo y fijando su vista de vez en cuando, Ballenita analizaba cada movimiento que podría observar. Sobre la mesa había una herramienta algo curiosa, la cual Ballenita aún no entendía. Claro eran muchas las que a ella le parecían totalmente novedosas. Pero en especial esta, ya que no tenía ni siquiera un lugar de donde aquellos hombre altos podían agarrar y tomar para realizar alguna tarea. En su momento habría de preguntar, pero con la experiencia que con cada pregunta que ella hiciera para tener respuestas, serian los que responden los que se verían al final respuestas… Curiosa situación, ¿cierto?

Fue para ambos un momento fácil de entender. Alguien debía preguntar y otro responder. Al final ambos serian los que se beneficiarían. Aunque en este caso, era otro observador el que obtendría los resultados.

Sentado sobre una pequeña grada que apenas su pequeño cuerpo podría reposar, Joan observaba aquella imagen donde un hombre de estatura mediana y una criatura que cabría en ambas manos se entrelazaban como la luz entrante en el océano dejando claro que cada uno es independiente al otro, pero que solo ese momento de unión puede ser tan mágico como solo ellos podrían lograr. El caso era que su visión solo contemplaba aquellos seres cada uno en su lugar. Aquí no había espejismos ni distorsiones. Solo dos seres unidos por una sola razón; conocerse. Más todos los demás elementos dignos de poder darle más color y armonía al momento eran innecesarios. Tanto Rodrigo con su característica pose para enfrentar la vida, como su pequeña amiga lista para responder desde su húmedo hogar, ambos podían observarse como actores de una obra que aún no podría definirse como drama o comedia. Pero lo que si quedaba claro era que ambos sabían su posición, sus dudas y claro, su búsqueda por resultados.

Ambos personajes estaban al fin, frente a frente, esperando a que alguno dijera la primera palabra, y sin embargo ninguno se atrevía a ello. Tal vez por miedo o solo por precaución, pero en definitiva la conversación aún no empezaba. Los suspiros contagiosos eran parte del sonido de fondo de aquel salón y aunque no era incomoda la situación ya que era como un acuerdo entre líneas, el que comenzara con la primera palabra seria el responsable de lo que en las siguientes horas resultara de todo eso. Sosteniendo un vaso de agua a la altura de sus ojos, Rodrigo observaba a través de este a Ballenita, viendo como se distorsionaba la imagen de su cuerpo azul, moviéndose sinuosamente a través de la pecera. El vaso estaba medio lleno, lo que lo obligaba a moverlo de un lado al otro para mantener en la mira a su pequeña amiga azul. Por fin, Rodrigo logro capturar un momento donde ella haciendo círculos casi perfectos en su pequeño hogar de cristal, su imagen se alargo y casi de inmediato se acorto. Esto logro que Rodrigo entendiera algo que en ese momento fue muy claro. Con su mirada profunda, y con la mano firme, coloco el vaso sobre la mesa que estaba frente a él y aun sentado y erguido su voz expreso algo rápido y sin ningún temor a crítica:

La mirada de Rodrigo decía más de lo que podía expresar. En ese momento Ballenita había apoyado su pensamiento contradiciéndolo totalmente en su esencia por lo que no sabía si seguir el tema o si era una burla por parte de ella. Este sarcasmo era o muy elegante para mantenerlo vivo o simplemente algo que iba mas allá de la simple conversación.

Ballenita detuvo su danza de círculos perfectos en la pecera y con una mirada de jocosidad le explica:

Rodrigo escucha y entiende. Sabiendo que su replica podría simplemente desahogarse con un comentario, igual lo expresa sin temor y esperando compasión de aquella voz.

Con estas palabras Rodrigo recorrió su cabeza de un lado al otro y solo pudo sonreír dándole a Ballenita su aprobación a aquel comentario. Cada final de párrafo era mejor que el otro y entendió que su mundo solo había estado cargado de cientos de experiencias y que por falta de una orientación adecuada estos los había dejado pasar sin darle importancia a la enseñanza tras de ellas. Habiendo comprendido esto y con una mirada de ecuanimidad, y con mucha paciencia tras haber oído tantas palabras en su lugar correcto, decidió entonces hacer una última pregunta:

Bajo aquella reflexión, Ballenita entendió que tal vez solo era un poco de confusión lo que aquel hombre expresaba. Era tan sencillo y al mismo tiempo tan real su declaración que decidió seguir con el mismo tono para no cortarlo con alguna corta respuesta que lo hiciera sentir burlado. Entonces cierra un momento los ojos y sin titubear toma aire y expone con hermosa elocuencia:

Rodrigo logro entender al menos una cosa, si algo era cierto es que no importa cuán grande o pequeño te sientas, eres único, y eso era suficiente para entender que el tamaño de tu ser no existía sino el hecho de ser y lograr entender eso tal vez era lo más fácil, lo crucial era, poder vivirlo y sentirlo. La alegría o tristeza eran solo un ejemplo de todo aquel campo de posibilidades que se extendían ante él y que para esa noche debía de cualquier manera, entenderlo o sino serian noches largas con grandes dudas, y ello causaría insomnio innecesario, afectando sus labores en su trabajo.

Su cara logro entonar una sonrisa que poco antes solo era una expresión fría y algo de disgusto, no por estar enfadado, sino porque ya era costumbre en el convocar pensamientos poco agradables antes de ir a dormir como soldado preparado a una batalla que nunca llegaba. Tal vez eso era lo más irónico de su vida, preparaba un terreno que jamás pisaba y con ello aseguraba algo de frustración por cada día aburrido que vivía.

Su expresión mejoró y con ello algunos de sus pensamientos, ya que en toda esta conversación que apenas tendría algunas horas, estaba naciendo el entendimiento que lo llevaba de un extremo a otro recordando y ajustando momentos de su vida que con gran realismo los mantenía frescos en su mente aun ya fuesen tan antiguos como su edad o tan gastados como las calles de su vecindario. Se dio cuenta que algo estaba sucediendo en su mente, y que a pesar de aquella avalancha de ideas que usualmente lo invadían a esas horas, hoy era diferente. Todos aquellos pensamientos no lo estaban atacando sino más bien como soldados frente a una revisión militar, se posaron frente a él y con gran detenimiento iba revisando, uno a uno, mientras cada recuerdo iba haciéndose cada vez más transparente como si una visión de rayos X los estuviera auscultando. Como la fuga por la válvula de un tanque de gas, su mente sin darse cuenta sintió como iba desasiéndose poco a poco de algo que el mismo no entendía. Era como si la liviandad lo poseyera y su cuerpo empezara a flotar. Aquellos grandes pensamientos de remordimiento, queja, frustración, y hasta sentimientos de venganza se iban diluyendo como el aire en las manos. Ya no había represión en su mirada, sino holgura y soltura en su cara. Su mente había logrado al menos colocar un nuevo título en su encabezado de aquella noche y con casi milagrosa sonrisa, Rodrigo volvió a ver a Ballenita y con una casi risa y euforia contenida dijo a su amiga:

Ballenita interrumpió para darle la oportunidad de que tomase aire y que su mente se aliviara con un pequeño respiro:

De forma inmediata Rodrigo retoma la conversación sin antes dejar una mirada de retrospección ante la cara de su amiga:

Qué podría ser mas relajante que una noche donde aquel hombre había entendido que su vida no había sido un error, sino simplemente estaba esperando a que despertara y tomara el timón y decidiera vivir con alegría y satisfacción, una cosa a la vez y con mucha alegría por solo entenderlo. Hoy era un gran día, y lo mejor estaba por venir. Una gran noche, un sueño esperándolo para que al fin sus ojos lograran ver hacia delante y no atrás como cada noche de rebelión. Y al final de esto una mañana, que con el sol se abrirían sus ojos no para emprender una lucha, un castigo o algo por lo cual quejarse más tarde, sino lo contrario a ello, levantarse para al fin decir y sentir aquellas bellas palabras que como credo le repetía su hermano menor cada mañana haciendo referencia al momento pero sin darse cuenta que era más que eso, que si ponía atención su saludo abarcaba un universo mayor.

UNA MAÑANA MÁS

“Con mirada de tranquilidad, Joan entiende… Es necesario cambiarle el recipiente por uno más grande.”

Son si acaso parte del amanecer cuando Joan se levanta para preparar algún desayuno y claro entablar alguna conversación con su hermano mayor. Pero hoy era un día diferente, ya que por curioso que parezca, esta mañana ya no eran dos los que comían para empezar un nuevo día, sino más bien, eran tres a la mesa. Claro que el tercer comensal estaba sobre la mesa y con usual alegría revoloteaba y jugueteaba en el agua. Ballenita era más que una invitada, parte integral de aquella familia.

Por curiosidad latente, Rodrigo observaba el baile constante de aquella amiga azul, que con su sonrisa hacia que el acostumbrado desayuno brillara como si acababan de recibir la mejor de las noticias. Sin embargo algo raro estaba sucediendo, tomando en cuenta que aquel movimiento constante del pececito ocasionaba algún salpiqueo de agua en la mesa, cosa natural y normal, pero que en proporción era mucho mayor el desahogo de líquido que salía de aquella mediana pecera resultado de los movimientos de su amiga. Con ojos de intriga, ambos hermanos pusieron atención aquel curioso evento. Rodrigo que se encontraba al opuesto de ella se coloco justo a su lado simplemente cambiando de silla y abandonando su plato de comida. Joan que por costumbre la colocaba a su lado solo inclino su cabeza para acercarse al contenedor de vidrio, hogar de Ballenita y casi tragando el ultimo bocado, dejo por igual su alimento en el plato y ambos con mirada de asombro, abrieron sus ojos y restregándoselos con sus manos volvían a ver si era solo ilusión o simplemente había de nuevo sucedido.

Y claro que el crecimiento inusual era curioso, pero el hecho de que hablara y pudiese comunicarse todavía era parte de un misterio que solo en momentos aislados, cada uno de los hermanos se tomaba el tiempo para exponerse la interrogante. Aún fuese algo ya común en ellos poder saber que podían realizar una pregunta a aquella nueva amiga, era siempre una sensación de ser únicos en el mundo por aquella situación.

Pero el crecimiento inusual e imprevisto y más aun la proporción con que iba aumentando de tamaño de alguna forma creaban un ambiente de inseguridad y misterio más allá de lo que ellos podían manejar. Sin embargo, y con toda la seriedad del caso, sabían que la promesa que se habían hecho entre ellos era irrefutable. No podían dar aviso a nadie de este acontecimiento, sino querían que sus días de tres en familia pasara a la historia y fuesen solo dos de nuevo. Obviamente si era un espejismo, los tomarían de locos, nada que sirviera a sus propósitos de crecer en un ambiente normal y sano en su propio vecindario. Por otro lado, si fuese tan cierto como ellos mismos lo sabían, la noticia seria impactante, y tendrían que despedirse de su amiga, capturada por algún laboratorio gubernamental, o peor, secuestrada por algún loco inversionista circense o simplemente codicioso. Por lo que esos escenarios no eran parte de sus ideas ni su presente, y mucho menos de su futuro. Podían manejarlo y si de sus manos no pudiesen encontrar solución, la vida se encargaría de mostrarles el camino. No en balde esto estaba sucediendo, así que estaban seguros de que lo vendría adelante sería mucho mejor, así que no valía la pena preocuparse.

Por un momento ambos cruzaron miradas de aterradora realidad. Si bien era imposible su aseveración, también era imposible que ellos hablaran con su amiga. Pero sucedía y sin duda alguna no era ni había sido un sueño ni una ilusión todo aquello. Estaban viviendo una realidad y eso no era la gran pregunta ahora. Así en estos momentos estaban casi en éxtasis imaginándose aquel evento y que sin parar, no sabían que idea podía explicar o mejor aun resolver el misterio. Pero ahora estaban mucho mas intrigados y hasta asustados por la idea que surgió en sus mentes. Aquella idea podía responder la interrogante y dar clara solución a todo eso, pero las consecuencias no eran de su gusto.

Interrumpiendo el alegato de su pequeño hermano, Rodrigo lo ve con dulzura y le vuelve a plantear la mayor de las interrogantes.

Con mirada de tranquilidad, Joan entiende que todo lo que piensen es solo especulación y que lo importante es resolver ahora el problema directo. Es necesario cambiarle el recipiente por uno más grande.

Después de salir rápido de su casa, y luego de haber cumplido con una llamada telefónica por parte de Rodrigo a su lugar de trabajo excusándose por su ausencia, ambos cruzaron la calle para dirigirse al valle de los tesoros para tal vez encontrar el objeto que podría ser el hogar de su amiguita azul y claro está, resolver el asunto del misterioso crecimiento como segundo paso.

Eran las horas de la tarde cuando volvieron a su casa luego de haber logrado encontrar el objeto en cuestión. Su búsqueda había sido profunda y extensa, luego de varias horas lograron su cometido. Rodrigo había insistido en ir a una tienda en el centro comercial en el centro de la ciudad, pero Joan había logrado convencerlo de no gastar dinero innecesariamente. Si bien también lo convenció de que no era tacañería o infame avaro en la búsqueda del hogar de su amiga, era importante para el que su hermano entendiera sus sinceras intenciones en encontrar aquel objeto en un lugar abierto y sin restricciones. Sus mayores encuentros habían sido en aquel valle de los tesoros y no era momento de cambiar de curso.

Entrando a su casa, volvieron su vista hacia el patio. Rápidamente encontraron un lugar donde lavar y desinfectar aquel elemento donde pondrían a vivir por un tiempo más a su amiga azul. Ya relucía el cristal azulado transparente de una gran pecera tamaño familiar. Seguro algún iluso se deshizo de ella pensando lo inútil de tal tamaño, o seguro había sido el nido de hormigas de algún joven travieso. Pero finalmente el tamaño satisfacía las exigencias del momento y Ballenita tendría de nuevo su hogar limpio y ahora con mayores extensiones para bailar y saltar.

Sin mirar hacia atrás, pero habiendo tenido mucho cuidado con dejar la gran pecera en el piso sin que se rompiera, Joan corre hacia el segundo piso donde aguardaba su hermano. Con ojos casi salidos de su cara, entra a su habitación, único lugar habitable que existía en dicho nivel. Entro a su habitación y no encontrando a su hermano dirigió su vista al baño donde la sombra de su alto hermano permanecía estática y de pie sin ningún rastro de movimiento. Se dirigió hacia donde él estaba y casi flotando camino hacia donde Rodrigo aún permanecía sin moverse. Lentamente entro al pequeño baño y girando su cabeza hacia la izquierda volvió su cabeza y casi en cámara lenta su mente simplemente se convirtió en un lienzo en blanco. Sus pensamientos no eran más que imágenes fuera de sí y como en un parque de juegos, todo en su mente daba vueltas y sin ningún orden en especial. Sin embargo, todo su cuerpo permanecía impávido ante lo que sus ojos estaban ofreciéndole como espectáculo. Las mentes de ambos hermanos estaban casi sincronizados al unísono, donde cada uno podía casi leer los pensamientos del otro, era como si una lluvia de cosas imposibles habrían llevado a ambos a un mundo de improbables e imposibles. Su vida tendría un vuelco más allá de lo imaginado y ahora no podrían sino pensar como uno solo, dejando a un lado edades, problemas o visiones. Sus metas se habían vuelto humo y sus temores habían sido reemplazados por increíble que parezca por una ansiedad casi imposible de medir. Sus ojos estaban dirigidos a un solo objetivo, su mente solo podía procesar una idea y su corazón, era en si un solo motor, listo para salirse del cuerpo y justo antes de que pudiesen decir o pensar otra cosa, vieron como aquella visión se volvía hacia ellos y con dulce tono de voz exclama y pregunta:

Habían terminado de desayunar cuando ya asombrados por el crecimiento de Ballenita, su misión ese día había sido convertida de un día normal de trabajo en el muelle y la propia casa a una aventura de búsqueda. Más que una aventura ellos podrían haberlo definido como una misión, donde la meta era resolver primero donde colocar a su amiga ya que el crecimiento inusual había hecho de aquella pecera algo poco útil y práctico. Como cualquier dueño de casa, Rodrigo y Joan se dispusieron a cerrar las puertas de su vivienda para protegerla de algunos merodeadores externos que sin ninguna pena entrarían a robar cualquier cosa que creyeran útil, aunque al final sabrían que para recuperarlo solo tendrían que movilizarse al mismo lugar donde se dirigirían en pocos minutos, y ese lugar denominado valle de los tesoros era casi siempre el final de muchos artículos que sean robados o no, terminarían sus días lanzados sin pena ni culpa a alguna de las tantas montañas de cosas perdidas que abundaban allí.

Por otro lado necesitaban asegurarse que el evento de crecimiento que su Ballenita reflejaba no fuese a sorprenderlos más tarde. Así que con astucia pensaron que sin necesidad de incomodarla por mucho tiempo le propusieron que podrían instalarla temporalmente en la vieja y desteñida tina de baño que se encontraba en el cuarto de Joan. Dicho artículo era de poco uso, y si bien no tenía fisuras, Joan no tenía la costumbre de llenarla de agua para su diaria limpieza. Sin embargo la mantenía limpia simplemente, porque así se veía mejor. Rodrigo tampoco la deseaba ya que para él su tiempo para bañarse era limitado, y si bien durante la mañana el tenia ya predispuesto su plan para bañarse, vestirse y desayunar, divertirse en una tina no estaba en los planes de su día.

Ya limpio y claramente llena de agua pura, la colocaron con muchísimo cuidado suponiendo que su temporal vivienda blanca y sin rocas, ni ningún objeto que pudiese ella investigar iba a ser algo aburrida o tal vez simplemente grande. Pero por si las dudas, preferían no colocarle en ningún otro envase cercano al tamaño de su vivienda anterior. Podría crecer un poco más y quedarse limitada de movimientos libres por algunas horas, mientras ellos volvieran. Mejor que se sintiera sobrada en aquella gran tina y así disfrutar abiertamente de la amplitud de esta. Se aseguraron que el desagüe estuviese perfectamente tapado y sin ningún riesgo a que se vaciara en el transcurso de la mañana. También se aseguraron que no hubiese ningún liquido embotellado cerca de la tina, aun estuviese bien cerrado. Los temblores aun poco usuales, podían causar la caída de estos y poner en riesgo la vida de su amiga, un riesgo innecesario. Ya todo en su lugar y protegido dieron varias vueltas al baño para asegurarse de que todo estaría bien. Ya preparados, cerraron todas las puertas y ventanas y con algo de ironía cómica y algo de sarcasmo se despidieron de su amiga sin antes darle una pequeña instrucción:

Eran casi las horas del almuerzo cuando volvieron. Su búsqueda triunfante era el motivo por el cual la alegría en sus rostros era evidente. Ahora era simplemente llevarle el regalo a su amiga. Todo parecía perfecto.

Eran las horas finales de la tarde, localizados en el baño de Joan, sus cuerpos estaban paralizados, sus mentes en total bloqueo y sus vidas parte del mayor misterio que alguien pudiese imaginar. Ahora eran parte de algo increíble y solo sabían una cosa de forma certera, debían encontrar un lugar más grande para su amiga La Ballena.

EN EL CENTRO DEL OCEANO

“Si agitas tu mente, no resuelves. Si agitas tu corazón no vives. Necesitas tu mente y tu vida para estar siempre en ritmo con todo lo que nos rodea.”

Con respuesta inmediata, Anavi salto de donde buscaba hace rato algún alimento y sonrió casi con una mirada igual de afectiva. Sobre su lomo siempre algunos pequeños moluscos que de alguna manera podría explicar la naturaleza de forma convincente la razón de ello. Pero la realidad era otra. Anavi era un consejero sabio y antiguo que donde fuera tenia publico suficiente para envolver una roca llena de curiosos, todos en busca de respuestas. Algunos ya tenían sus preguntas escritas en alguna parte de su mente, otros solo esperaban aprender de lo que en el momento sucediera.

Aquellas criaturas siempre estarían alrededor de este anciano habitante del mar que durante sus horas de sueño solo podía esperar crear algún tipo de mundo apenas para sostener el descanso y olvidar que sus visiones eran solo parte de su inevitable realidad. Por mucho tiempo este gran Cangrejo de mar dio casi con todas las explicaciones y fenómenos que podían causar confusión entre los habitantes de su vida, pero las respuestas solo eran resultado de una gran comprensión del mundo mesclado con una dosis de sabiduría. Al final, las visiones complementaban aquellas respuestas ya que podía ver dentro del corazón de sus cuestionadores lo que realmente necesitaba saber y la razón de ello y no solo despejar una duda por extraña que fuese.

Ballenita era tal vez una de las pocas amigas que podía decirse así. No solo era una incansable pensadora, sino una analista de corazón y alma, que durante cualquier conversación con Anavi, ella lograba aprender con cada respuesta. Las preguntas se volvían teorías y todas al final encontrándose en un punto para que las respuestas a aquella búsqueda terminaran en una grandiosa verdad lista para ser escuchada. Si bien todos los habitantes de aquella zona eran conocidos por su forma de vida, aquí la vida dependía más que nada de lo singular de las vivencias de cada día. Todos los que aquí llegaban se quedaban y aunque de vez en cuando desaparecían, no era de extrañar que volviesen con gran necesidad de aprender y vivir de nuevo las grandes aventuras nacidas de grandes respuestas y originadas por grandes y curiosas preguntas.

Hacia la mañana Ballenita había buscado durante toda la mañana a un antiguo amigo que por su nombre solo se le podía imaginar como un amigo de juegos y aventuras. Escarbo era el nombre como se le conocía y claramente definía su actividad favorita. Sin embargo, y para no causar molestias su constante actividad de escarbar era realizada lejos de curiosos y aunque no era discreto a la hora de realizarlo se aseguraba de que sus movimientos fuesen rítmicos, precisos y rápidos. Una pequeñísima pausa era suficiente tiempo para detener su movimiento de escarbado, echar una rápida ojeada alrededor, y memorizar cada esquina de aquella fotográfica imagen grabada en su mente. Si algún cambio sucediera, él lo sabría y así sin necesidad de ver directamente a algún curioso el cambio de aquel escenario sería suficiente prueba para saber que no estaba solo y así detener su búsqueda insaciable. Si por su nombre se le conocía, por su nombre se le ubicaría. El fondo del océano era el lugar indicado para que sus tesoros encontrados fuesen todos los días aumentando y así su gran cueva fuese cada vez más pequeña, excusa necesaria para mudarse y encontrar otra más grande y espaciosa, así por consecuencia estar en otra zona lista para ser descubierta.

– Anavi – vuelve a gritar ballenita.

– Dime amiga azul de gran sonrisa- responde de forma compleja su amigo el Cangrejo Anavi.

– ¿Has visto a Escarbo?- Solicita Ballenita.

– Pues no, la verdad no he visto el fondo más claro desde que se vino la gran sequia de viento.- vuelve a responder Anavi.

Con un rostro de pregunta por surgir de aquella mente ansiosa de respuesta, Ballenita le sonríe buscando que su amigo le responda sin necesidad de realizar la pregunta.

– Te refieres a eso que se vio hace años donde el océano no respiraba supongo. Esos días fueron de lo más curioso y gracias a Escarbo creo que nuestro hogar permanecía con algo de movimiento. Digamos que no era tan aburrido- Explica de forma igual de elaborada.

– Ballenita – continua Anavi – El océano siempre respira, lo único que sucede es que para resolver algún gran problema debe detener sus aguas para ver claramente el fondo del problema. Si agitas tu mente, no resuelves. Si agitas tu corazón no vives. Necesitas tu mente y tu vida para estar siempre en ritmo con todo lo que nos rodea.

– Pero por qué seria que dejo de moverse. Cuál sería el problema que causo aquello y cuál fue la respuesta.- volvió a replicar ballenita.

– El problema – Dice Anavi – no es cual fue el problema, sino lo rápido que lo soluciono. No fue mucho tiempo lo que nuestro gran océano dejo de moverse. Más bien, por su tamaño podríamos decir que nomas se detuvo toda su gran extensión volvió a moverse y así seguir con su ritmo constante de vida. Tal vez solo fue un pensamiento que no logro entender, y que con la quietud que nos regalo ese día, encontró el camino para su respuesta. Los problemas no son lo que nos quita nuestra paz, sino las respuestas que no hemos logrado tener. La pregunta por sí sola no es suficiente, ni tiene necesaria energía para quitarnos la paz. Es la búsqueda de la respuesta la que ocupa nuestra mente, y su escondite se vuelve nuestro pesar que al poderla descubrir la paz y tranquilidad vuelve a nuestra vida y así sin importar si nos gusta o no ya podremos seguir con la siguiente búsqueda.

– Sí, lo recuerdo, fue casi como si nos acariciara con solo verla y aunque todos los días estamos envueltos en ella no notamos lo hermoso que es estar aquí.

– Ballenita, recuerda nuestras respuestas son solo preguntas con otro cuerpo. En si todas tiene la solución en si misma, ya que solo existen porque tiene respuestas. Es imposible preguntar algo que no tenga final, no sería algo de nuestro universo.

– ¿Quiere decir que si te pregunto donde esta Escarbo, sabré donde localizarlo? – consulta Ballenita con gran sentido.

– Exacto – responde inmediatamente Anavi – La respuesta puedes verla ante ti, y no solo porque sabes donde esta, sino que si no lo ves aquí, donde podría estar entonces.

– ¿Escarbo? – Pregunta Ballenita – Pues en el fondo, donde no lo vi y por ello pensé que podría estar afuera. Mas si en el horizonte no lo veo, es claro saber que no está aquí. No me imagino a mi gran amigo revoltoso tomándose un baño de sol. Y si analizo mas, si no está abajo, esta alrededor, solo debo encontrar su rastro, lo que me lleva a porque te llame para preguntar por él, sino es para hablar contigo.

– ¡jajajaja! –Ríe agudamente su viejo amigo- es por eso que le llamamos respuestas, no porque nos soluciona una pregunta sino porque nos resuelve el «Porque» preguntamos. – Asevera Anavi agitando las tenazas con gran orgullo.

El océano ya se ha empezado a movilizar hacia algún extremo de aquel gran vasto horizonte azul, y por ello las grandes zonas blancas en el cielo se han vuelto algo oscuras siendo espejos de su mismo color azul oscuro. Esto sucede cuando el gran hogar del inmenso mundo azul se vuelve agitado y contrario a la sequia de viento, soplaran grandes montañas de brisa y lograran que se conviertan en aquellas montañas de agua que si no es por estar bajo el brazo protector del océano, la vida sería mucho más agitada. La vida aquí es de verdad de gran movimiento y todos los días sus habitantes agradecen tener al océano como el gran hogar azul.

Anavi vuelve al fondo, y su amiga Ballenita se sonríe observando el horizonte donde ya el Océano demuestra su carácter. Ballenita entonces decide sumergirse antes de que ella y aquella gran masa de agua a gran velocidad puedan toparse y con gran entusiasmo realiza un pequeño salto, con gran precisión dirige su pequeño cuerpo azul hacia el fondo evadiendo así esa gran demostración de poder y energía, y con gran velocidad se pierde en el fondo del interior del gran Océano.

ANAVI

“El sabor de esta y cualquier vida se disfruta cuando se vive, no cuando te lo cuentan.”

El fondo del océano se extendía hasta donde ya los ojos de sus habitantes no podían divisar no importando cuan claro fuese el día, o cuan tranquila sus aguas. Los vientos de vez en cuando recordaban a sus criaturas que el océano no era el único que podía tener mal carácter y sin saberlo algunas veces habría que cobrar algunas vidas ya sea por descuido o por atrevimiento. Esos eventos eran parte de relatos que surgían ante alguna reunión entre amigos o una convención de ancianos dispuestos a crear un ambiente de sabiduría, para que los más jóvenes pudiesen ir creciendo con historias y anécdotas pedagógicas.

En esos momento el viejo Cangrejo puso su mirada por encima del que estaba preguntando. Apenas veía una sombra detrás de aquella criatura y como ignorando dicha intervención siguió observando hacia atrás del interrogador pesimista.

El pesimista caballito de mar volvió hacia atrás y no vio más que las sombras producidas por las algas que se mecían al son de las corrientes del océano. De vez en cuando alguna de ellas se entrelazaba en otras algas volviéndose inútil o tal vez simplemente ignorada por los demás. Otras sombras eran producidas por corales muy bien decorados, listos para ser parte de un gran paisaje marino, el cual con toda su belleza, solo podía dar gracias a tanta exuberancia allí abajo en las profundidades.

Antes de que pasaran alguna distancia suficiente para dejarse de ver, Anavi toma una pequeña piedra y con puntería más que perfecta lanza el proyectil a cierta velocidad suficiente para alcanzar a pesimista derrotado y pegándole en la pequeña espalda curva.

Para Anavi, las preguntas sobre vida, filosofía y motivación solo eran excusas para oír a otro individuo justificando con teorías lo malo que podías sentirte. O más bien, encontrar en aquellas palabras alguna excusa para cometer los mismos errores. Por ello intentaba siempre dar a entender una simple definición y esta era: “No vivas pensando en qué debes hacer para realizar tu felicidad, sino, busca realizar tu felicidad y así vivirla.” A simple vista podía ser motivo de confusión ya que sabía que sonaba aquella expresión similar entre sí, pero el claramente aclaraba diciendo: Lo que quiero decir es: “Busca lo que te haga feliz, sin importar lo que estás viviendo, y después vive de acuerdo a lo que haga que mantengas dicha felicidad en frente tuyo”.

El caballito solo pudo ver hacia la arena en el fondo del océano y con una mirada penetrante y con la cara casi petrificada, solo observaba el suelo sin moverse. Casi inmediatamente una roca cayó cerca de él, rodando casi hacia donde estaba ella y posándose cerca de su sombra. Caballito volvió su mirada hacia arriba y dirigió su vista hacia Anavi. Este solo puso una tenaza sobre el suelo arenoso y la otra sobre una gran roca a su lado. Caballito volvió la mirada hacia la roca en el suelo y vio que era más grande que la anterior. Un golpe de esta hubiese sido mucho más doloroso.

Caballito tomo una piedra y con una mirada penetrante observo a su anciano consejero y se acercó lentamente, agilizando cada vez un poco más el movimiento y con un acercamiento casi dramático se acercó casi tocándose uno al otro murmurando:

Anavi lo miro y con sus ojos saltones miro hacia la espalda de este y con igual ironía responde:

Ambos se sonrieron entre sí y con una seña de su cola casi imperceptible Caballito se alejó lanzando la piedra hacia delante.

  • “¡Anavi!” – Gritó un pez soldadito casi del tamaño de una de las tenazas del viejo cangrejo – ¿Cuándo sabremos que un problema es muy grande o muy pequeño?

Anavi se acercó al pececito el cual sonrió con dulzura al acercarse su gracioso amigo. Caminando de medio lado alarga su tenaza y toma la pequeña piedra, con cierta danza gira un poco hacia el otro lado de la gran roca, viendo como todos los ahí presentes se acercaban y seguían los pasos junto a él. El pequeñín estaba casi pegado a la espalda de Anavi para no perder ni un solo detalle de aquel movimiento. Anavi con ligereza y exactitud tomo la pequeñita piedra y la puso en un pequeño agujero tan exacto al tamaño del piedrita que era evidente que esta se había desprendido de la mayor.

Anavi con rapidez se dirigió a un pequeño montículo de arena y piedras. Tomo unas pequeñas y dirigiéndose a su ansioso grupo preguntó:

Anavi observa entonces que la lección podría tener más exactitud si ponía el ejemplo final y aun más convincente.

Anavi observa con mucha calma y con una mirada hacia arriba señala sobre sí mismo la montaña que se alza a todo lo alto llegando hasta casi la superficie y responde:

“No es el tamaño del problema como lo llaman ustedes lo que puede causar preocupación, sino el tamaño que ustedes crean que tiene. Nada en este mundo esta suelto. Ha sido parte de algo o lo sigue siendo, suficiente para que lo vean y al mismo tiempo para que lo puedan vencer si ese es el caso. No se dejen impresionar por lo que les dicen sobre ese problema, o lo que oigan de cualquier otro evento. Sepan que todos son y serán pequeños o grandes dependiendo de su punto de vista. Si ven algo que podría lastimarlos, si creen que una situación los puede vencer, sepan que ustedes son siempre más grandes, por ello se presenta ante ustedes y deja espacio para que pueda ser resuelto. Solo la muerte es suficientemente grande para que no puedan contenerla y es una gratificación saber que dicho momento es un premio a su vida y será el día que su misión en esta vida habrá llegado a su fin. Vivan contentos, felices y realizados que todo aquello que se les presente siempre será más pequeño que ustedes. El día que eso no pase, es porque su final ha llegado y así habrán completado su ciclo de vida.”

Anavi había completado ya hace muchos años su ciclo de vida, al menos así lo veía él, ya que su vida había sido llena de satisfacciones, logros y metas realizadas, siempre con algunos retos dignos para vencerse y ser parte siempre activa de una vida variada y de sabores diferentes. Si todos eran dulces no hubiese sabido disfrutar de los salados y los agrios, los habría desconocido en su totalidad. El sabor de esta y cualquier vida se disfruta cuando se vive, no cuando te lo cuentan. Así nuestro amigo Anavi tenía ya la excusa de ser uno de los elegidos del gran remolino oceánico, el cual se haría presente cuando los días del gran anciano cangrejo llegase a su fin.

UN ÚLTIMO DESCANSO

“Todo aquello que no tenga respuesta inmediata es en sí una respuesta a tu pregunta.”

Sobre las olas del gran océano que se extendía hasta donde los ojitos de ballenita podían observar, podía siempre disfrutar de un baile que ella usualmente llamaba “el son del sueño”. Hacía mucho tiempo atrás que sus padres la habían acostumbrado a sentir ese gran movimiento que subía y bajaba y que de alguna manera la ayudaban a sentir el placer de dormir y ya cuando sus pensamientos eran tan grandes como su vida, lograba dormir hasta el otro amanecer. Todo el tiempo que pensaba en lo que sus padres le enseñaron sabia que en algún momento debía ponerlo en práctica y todos aquellos pensamientos de felicidad se esfumaban. Cuando pondría en práctica algo sino era para resolver un problema. Pero por otro lado para que servían los consejos si no podía poner en práctica las enseñanzas. Todo eso rendía un espacio en la cabecita de Ballenita que finalmente no podía sino dejar pasar y seguir pensando en su futuro. Algo que tenia seguro en su vida es que había futuro, sino, solo dejaría de existir. El secreto era no vivir en el futuro sino solo saber que existe cuando suceda y eso será cuando ya sea presente. Todo un conjunto de ideas que solo confundían a la ballenita que usualmente solo decidía si seguir pensando en ello o cambiar de idea.

Hacia el fondo del horizonte Ballenita solo se mecían al son de la marea, y esta al mismo tiempo arrullaba a la dulce criatura azul que claramente solo buscaba la mejor manera de bailar con el gran océano que de alguna forma era siempre el mejor compañero de aventuras. La marea se mecía tan rítmicamente que sus ojos tendían a cerrarse como cayendo en un pequeño sueño donde solía guardar todos sus deseos y esconder aquellos secretos que solo ella podía conocer. Historias, cuentos y anécdotas de amigos que le confiaban información que por su naturaleza debían quedar en oídos sellados a contarlos. Su vida había sido bendecida con grandes dones y entre ellos estaba el respeto hacia los demás.

El gran círculo amarillo, guardián de los cielos mientras la luz es parte de su vida, estaba ya sobre ella y como ojo vigilante observaba todos los que a su frente cursaban, y si bien Ballenita no podía ver tal brillante círculo en el cielo si sabía por su poder candente que si el calor podía sentirlo con solo extender una aletita, también podía casi oír su danza. Algunos no le creían pero ella estaba segura que si sucedía. Era como un pequeño zumbido que surcaba sus oídos pero que más los sentía en todo su cuerpo. Eso siempre le indicaba que algo sucedía o mejor aun que algo iba a suceder y por ello ponía atención a todo lo que pasaba a su alrededor, sabía que si se concentraba algo el indicaría la razón de tal zumbido. No paso más de un momento cuando el zumbido se hacía cada vez más insistente, y no era la fuerza en sí de tal sensación sino la constancia de este en su cuerpo. Como una alarma en todo su cuerpo sus ojos se volvían locos viendo a su alrededor intentando observar cada movimiento en aquel océano gigante, hogar de todos los que ahí habitaban. Sin embargo nada sucedía, consejo que hace mucho tiempo le regalo su viejo amigo Anavi, y que cuando estuviese ansiosa de una respuesta dejara que llegara a su tiempo y manera, que cualquier movimiento para apurar los eventos daba como resultado el retraso de estos. Este consejo solía contradecirse por sí mismo, ya que otros de estos sabios comentarios era que debías ir por lo que buscabas y así asegurarte los resultados. Entonces debía esperar o seguir hacia delante era la pregunta que surgía en su mente.

Hacia el frente y hacia atrás todo parecía normal, la marea era similar a la que hasta ahora había mecido su pequeño cuerpo azul. El gran vigilante amarillo seguía en su lugar y el frio del océano se mantenía típico de la zona donde ella vivía. Su ansiedad poco a poco descendía de intensidad buscando la calma en su pequeño corazón y así volver a la calma usual de su hermosa vida. Hacia lo lejos todo era normal, y sin aviso una pequeña gaviota revoloteo cerca de su cabeza como buscando un lugar donde descansar. Sus ojos se volvieron rápidamente hacia arriba cegada un poco por el brillo del cielo, pero logrando divisar un poco aquella criatura que con enorme gracia lograba algo que nunca podría ella imitar y era surcar más arriba la superficie de húmedo océano. Con insistencia busco la manera de seguirle el vuelo y sin darse cuenta aquella ave seguía un camino errante pero con algo de sentido ya que buscaba siempre orientar su dirección hacia un rumbo casi predefinido. Si bien de vez en cuando retrocedía, su rumbo volvía a su dirección con mayor fuerza y rapidez logrando abarcar mas distancia contrarrestando el pequeño retraso. Siguió así por varios momentos hasta que sin fuerza cayó hacia el océano. Ella se acercó y sin mucho que hacer solo logro sumergirse y casi debajo del ave, volvió a surgir del agua habiéndola colocado en su lomo de forma segura. El ave cansada y casi desorientada solo cerró sus ojos y sin más quedo casi sin vida imposible de resistir tal cansancio. Ballenita solo dejo que la vida continuara y junto con aquel cuerpo encima de ella descansaron juntos por un largo rato.

Los ojos de ballenita habían cerrado sus ojos rato largo atrás y con un pequeño impulso fueron abriéndose poco a poco hasta lograr humedecerse con el salpiqueo del agua. De forma casi rítmica sus ojos volvieron abrirse y volver al mundo que en sus sueños eran los reales pero que en él la realidad deseaba que fuesen sus sueños su vida real. El lomo de ballenita estaba aun con más peso del usual y ella sintió que aun estaba el ave encima de ella. Con mucho cuidado siguió nadando hacia algún punto donde podría resolver este pequeño asunto pero que por el momento solo era continuar hasta ver donde la llevaba esta situación.

Hacia la distancia sobre el horizonte el brillo aun era muy fuerte y el reflejo sobre el agua hacia difícil el camino sin ser algo errante o confuso. El gran océano se mecía y al mismo tiempo la dirigía con cierta dirección hacia algún lugar lejos de su mente y de sus ideas. Gran camino era el que estaba recorriendo sin rumbo pero sin embargo siempre consciente de que el camino ya existía. Siguió así por un largo rato hasta que al fin sus aletas algo cansadas decidieron dejarse llevar por el rumbo de la marea algo agitada hasta ese momento.

Dio por un hecho que ya había transcurrido mucho tiempo desde que aquella ave era parte de su lomo y no se había percatado de que no había oído ni un solo ruido de ella. Si era un sueño en el que ella había caído había sido el más largo y con todo el movimiento del camino era casi seguro que la vida en aquella criatura había cerrado ya su ciclo. Con algo de tristeza solo deseaba que todo ello significara algo, que su muerte no fuese solo un suceso mas y que si estaba en su lomo era por alguna razón importante. Aun así, no lograba descifrar aquello. Y así, su camino continuaba sin una razón aparente excepto buscar y seguir buscando hasta encontrar una respuesta.

Anavi había sido tal vez el mejor amigo de Ballenita y siempre atento a sus dudas propias de una criatura lista para vivir al pleno su vida. De vez en cuando surgían preguntas sin respuesta, pero hasta para ello, el sabio Anavi tenía una lógica explicación: “Todo aquello que no tenga respuesta inmediata es en sí una respuesta a tu pregunta.”- aseveraba el pequeño amigo. Eso no era muy claro para el que lo oía sin ninguna otra explicación, pero que en el momento adecuado sería entendido. Entonces hoy era un buen momento para saberlo o al menos ponerlo en práctica. Una pregunta sin respuesta era una respuesta en sí. Qué curioso era ese momento donde tal vez podría poner en práctica aquel comentario. La pregunta: ¿Por qué esta criatura llego cerca de mí para morir?, ¿Era la respuesta parte de esas palabras? Sin perder el tiempo solo cerró sus ojitos y pensó en la pregunta y la respuesta al no llegar fácilmente dio pie a que Ballenita pensara en la pregunta más y mas. La muerte, era eso lo que ahora importaba, porque aun existía el cuerpo encima de ella. O tal vez, el hecho de haber llegado a su lado con aun vida y haberle dado un lugar donde descansar. O simplemente ninguna de ellas. Rato tendría que haber pasado para que ella volviera a pensar en ello una y otra vez sin descanso y recordar otra vez los sabios consejos de no presionar sino que las cosas llegaran. Pero también surgía la pregunta de por qué entonces también decían que había que seguir tus deseos. Tal vez habría una posible respuesta previa a todo aquel acontecimiento. Analizo rápidamente, los deseos en si son para seguirlos, te marcan una dirección, y teniendo claro ello busca la manera de seguirlos pero sin correr, sino siguiendo el camino. AJA, dijo ella, el camino no lo puedes traer hacia ti, el está ahí, es imposible moverlo, solo debes seguirlo. Para que correr pensando que lo puedes aprisionar o hacerlo más rápido. Los caminos no son más o menos veloces, son solo para indicarte donde está tu dirección. Entonces estaba clara la respuesta, y era así de fácil, deberás seguir tu camino al que has buscado, eso será tu deseo al que has de seguir, pero caminaras por la vía para lograrlo esperando a que las cosas vayan apareciendo y así ellas habrán llegado a ti y al mismo tiempo tu habrás ido por ellas. Perfecta armonía, perfecta sincronización. Una clara respuesta a aquella duda que hoy había sido contestada.

Entonces la pregunta de por qué esta experiencia y la muerte habría sido su compañera por tan largo rato no era la pregunta, sino, hacia donde la llevaría, ya que su deseo fue buscar un lugar donde pudiese encontrar una respuesta y sin embargo eso le ha tomado un largo tiempo sin camino con rumbo claro. O porque tuvo que ser compañía de aquella vida la cual había llegado a su fin. Pensando en ello una y otra vez logro ver a la distancia un pequeño montículo de piedra que sobre salía del océano de aspecto suave y noble claramente fácil de llegar a ella. Nado con cierta ansiedad hasta que logro finalmente tocarla. Giro alrededor de esta varias veces y con una gran sonrisa pensó que era el segundo ingrediente de aquella nueva aventura que inicio con el encuentro entre ambos, la muerte y ella. Con algo de dificultad y aprovechando la marea del momento Ballenita alzo su lomo casi hasta la punta de aquella roca y con un delicado movimiento puso encima el emplumado cuerpo. Con algo de curiosidad volvió a ver alrededor y no vio más que océano y una gran pregunta se le vino a su mente: ¿Qué es mejor, dejarla aquí o dejarla en el océano?, ¿Qué ventaja tendría ella aquí o allá? Entonces con otro movimiento más acertado esperando que la marea la subiera de nuevo, se balanceó hacia el ave muerta y empujándola cayó de nuevo sobre el agua, donde rápidamente la volvió a tomar y dejo que descansara un momento sobre sus pequeñas aletas. Dejo que pasara un rato y vio como el cuerpo de aquella ave se sumergía lentamente hacia las profundidades del océano y con cierta tristeza solo la vio desaparecer. No era claro nada de lo que había sucedido hasta el momento. Un ave muerta, un recorrido para buscar una razón y encontrar una supuesta respuesta. Esto era tan superficial como lo que había querido evitar. Deseaba que aquel momento fuera diferente pero no paso nada. Solo había pasado y nadie había sido testigo de nada. Finalmente solo pensó que obtuvo una respuesta a una vieja pregunta pero no era justificación la muerte de alguien por ello. ¿O por qué haber sido su testigo antes de morir?

Ballenita nado largo rato hasta que el gran vigilante brillante cerró su momento dejando pasar a su amiga brillante más fría y más tranquila. Aquel gran círculo de color más suave y fácil de observar se estaba colocando como nuevo vigilante. Cuando se dio cuenta la gran piedra había desaparecido y aquellos momentos habían sido parte ya de un recuerdo. Solo había sido un recorrido solitario con algo que no había entendido. Pero en su corazón había paz, un sentimiento que irónicamente iba de la mano con la muerte de un ser, que nunca conoció pero que de alguna forma extraña admiró. Al menos, sus últimos momentos no fueron solitarios y un lomo húmedo y amable fue el mejor lugar para su último descanso.

UNA ESTRELLITA

“Hacia donde, hacia donde, es todo lo que se te ocurre preguntar,quien dice que no lo he hecho, o acaso debo ser más evidente”

Sabiendo que su rumbo habría de ser el usual hacia las profundidades del océano, Ballenita logro dejar atrás la experiencia sucedida y sin más preguntas en su cabecita decidió volver de donde habría salido hace ya su tiempo y de esa forma volver a retomar su vida y seguir adelante con su vida. Habría de tomar algo de velocidad para llegar a tiempo para descansar en su pequeña cueva donde usualmente deseaba que sus sueños fueran su cobija y sus deseos su lo que la despertaran para disfrutar de otro día mas en aquel enorme océano.

Su curso se habría cubierto de energía y felicidad mientras aleteaba a gran velocidad por medio del océano y de esa forma el viento que soplaba cada vez que salía a la superficie le recordaba lo hermoso de su vida y donde ella había nacido y crecido. Por cada chapoteo, la lluvia que resultaba de ello hacia que se creara una cinta de colores entre el agua y el cielo. El enorme sol que brillaba en el cielo era testigo de ello y así su recorrido era casi un poema escrito en el agua.

Hacia mitad de su recorrido rumbo a su hogar, encontró de nuevo la roca donde había colocado el cuerpo de aquella ave y después sumergido en el agua la había visto desaparecer en el fondo. Si bien sabia que eso era historia pasada aun hubiese sido hace apenas algunos momentos atrás, ella sabía que aun ese acontecimiento no tenía la respuesta que deseaba. Pero el haber descansado tanto física como mentalmente hacia que sus ideas estuviesen más claras y con pensamientos frescos. Sonrió por unos instantes para seguir su camino y así dejar definitivamente el asunto en el pasado. Viendo esa roca alejarse volvió a sumergirse pero instantes antes de zambullirse en el océano un pequeño brillo rojo roso su mirada haciendo que rebotara hacia la superficie de nuevo y con una mirada de total curiosidad y asombro volvió su vista de nuevo a la piedra. La manchita roja aun estaba casi borrosa por sus ojitos aun llenos de agua, pero de igual forma logro sacudirse y con claridad ver que no era un espejismo o simplemente un error en su mirada. A cuenta de un instante decidió aletear con cierta rapidez hacia aquella roca siempre con la mirada fija en su objetivo. Acercándose primero con cierta premura y después desacelerando para mantener la precaución como parte de su motivación, busco ir directo a ello pero con cautela obvia en una situación así. Dirigió sus pensamientos hacia lo que Anavi alguna vez le había comentado que la cautela era la madre de la paciencia. Solo ambos podrían tener éxitos si sabían cómo entenderse. Si bien debías satisfacer tus dudas, debías esperar al momento ideal para ello.

Si bien ya podía casi saber que era lo que su curiosidad deseaba conocer, aun así tuvo la paciencia para saber en qué momento podía acercarse más. “Una Estrellita” exclamo con asombro. La curiosa criatura estaba sobre la roca, casi tocando el océano directamente con sus dedos en punta, y algunas veces solo posaba algunos de ellos sobre el agua casi como retando a que la jalara. Pero su cuerpito habría de estar pegada a la piedra buscando ser parte de ella y casi esperando que alguna criatura la invitara a realizar algún paseo por aquellas aguas algo ya movidas para el gusto de Ballenita.

De alguna forma Ballenita sabia que esto era parte de una respuesta. Si bien no sabía ni conocía el pasado ni presente de aquella criatura, no era tonta y estaba al tanto de todo lo que sucedía alrededor. Más aun, su búsqueda diaria era siempre una respuesta a su vida. Estos momentos eran como cada día, una respuesta a sus preguntas. Como decía Anavi, siempre debes estar atento a tu vida, ella es una roca donde tallas tus vivencias y encuentras tus respuestas si realmente deseas hacerlo. Ella no era una criatura tan joven para ignorar esas palabras ni tan mayor para haberlas practicado. Las experiencias que ella había tenido a lo largo de su vida eran de alegrías y hermosas vivencias, siempre jugando, aprendiendo y explorando todo a su alrededor.

La Estrellita roja con dedos iguales, busco un reflejo delante de ella y señalo hacia el punto. Con algo de ingenuidad hizo una pequeña reflexión comentando: “Si todo el camino es igual, ¿Como sabes cual continuar?”. Claramente Ballenita no entendía el comentario pero para no quedarse atrás en aquella tertulia insistió en una respuesta y dijo: “El camino es el mismo, tus intenciones son las que cambian”. Ballenita habría de dejar una huella en aquella criatura porque si bien empezó a alejarse de ella, vio con ojos de tristeza como aquella criatura estaba destinada a estar pegada en aquella roca y no poder nadar y recorrer el océano como ella lo hacía. Por un momento tuvo lastima pero justo a continuación reflexiono y con un giro completo volvió hacia ella y le pregunto: “¿Hacia donde señalarías tu que debería ir para seguir mi camino?” La estrellita con cierta mirada de picardía y sin moverse en absoluto le respondió: “Hacia allá”.

Ballenita la vio inmóvil y por unos momentos pensó que su amiga se movería o al menos algunos de sus dedos tendrían una intención de señalar hacia alguna dirección. Sin embargo no sucedió. Ninguno de sus dedos parecía indicar alguna intención ni siquiera una pequeña señal.

Ballenita siguió su camino y conforme iba avanzando miraba de vez en cuando hacia atrás observando cómo se alejaba de aquella curiosa criatura que de alguna forma no sabría si había significado una respuesta, una lección o simplemente otra pregunta. Por ahora solo haría una cosa y era dirigirse de donde provenía y ojala no sucediera nada extraño. Ya era tiempo para volver y sin embargo no sabía si realmente había salido alguna vez de ahí.

UN OCEANO ALREVES

Recuerda que nosotros no le teníamos un nombre hasta que yo lo empecé a llamar así… nuestro océano

La pequeña criatura azul volvía a ver con todas sus fuerzas hacia donde oía la voz pero aun no podía divisar quien o de donde provenía la voz, y aun hacia todo su esfuerzo para poder acertar la dirección y poder al fin saber quien la llamaba aun no lograba su objetivo. Con una mirada casi incrédula oía la voz y no estaba segura si era alguna broma o tal vez solo su imaginación pero igual no perdía la esperanza de al fin saber quien la llamaba.

Desde lo lejos se observaban unas pequeñas tenazas que apenas se divisaban por el bamboleo de la marea y que de la forma en que las agitaba podían fácilmente confundirse con el gran océano que las rodeaba.

Ballenita con sus ojos saltones para poder captar toda la imagen y no perder ningún detalle, siguió su vista y observó aquellas figuras con detalle. Si bien entendía algo de ellas como el agua que como el océano estaba en casi toda la imagen, también veía algo increíble. El océano al revés. Observaba lo que ella conocía como el fondo pero en vez de estar allá abajo, estaba arriba y uno a la lado del otro. Como puede el océano y el fondo estar al mismo nivel. Y que podrían ser todas esas criaturas de extraña forma donde se ponían sobre el aquel ya no fondo y caminaban sobre el sin estar en el. Realmente era incomprensible.

Bien cierto eran aquellas palabras que Ballenita oía. Solo sus padres entendían porque aquel gran océano se le denominaba así. Anavi había sido siempre el consejero de Ballenita y su familia y cuando sus padres desaparecieron un día sin dar aviso, había pasado a ser como una hija. Pero nunca entendió, por qué habían desaparecido. Mas ese era otro tema, lo que importaba es que el día después que desaparecieron, Anavi con dulzura actitud acogió a Ballenita y con mucho amor logro explicarle que aquel lugar llamado océano guardaba muchos secretos y que de estos estaba lleno el mundo que conocían. Algunas mareas debían pasar antes que ella pudiese entender lo que había sucedido y eso solo el tiempo lo determinaría.

Anavi con una mirada algo asustada y con mucha tristeza en su corazón tuvo que responder algo que había esperado por tanto tiempo.

Ballenita no solía llorar pero en estos momentos solo podía ver esas imágenes y sin entender mucho de lo que Anavi decía, comprendía que aquellas cuevas flotantes habían sido la causa de que ella estuviese sola. Ahora era suficientemente mayor para saber que sus padres no la habían abandonado y que por lo tanto habían sido forzados a alejarse de ella. Sin saber porque tal cosa había sido necesaria pregunto: “¿Y por qué era tan importante alejarlos de mi? Anavi con aun la mirada entrecortada entre tristeza y compasión busco la mejor forma de explicar la trágica necesidad de aquellos seres que no pueden nadar, de llevarse a sus padres para interés aun desconocidos. Ella nunca fue la causa, mas su tristeza fue la consecuencia.

Por más que Anavi intento desenredar las dudas de su amiga, ella no salía del asombre de saber al fin que había sucedido y sin embargo en su cabecita solo sucedían un sin número de preguntas que ignorando sus respuestas, aun así dolían. Su cuerpo se entrego al letargo y busco un lugar donde descansar, ya que su mente solo rebotaba entre las sombras de sus recuerdos y las fantasías de sus deseos y anhelos. Uno de ellos poder haber abrazado a sus padres aunque sea una vez, pero nunca llegar ese momento ya que ignoraba por su naturaleza la razón de haber quedado sola.

Anavi volvió su vista al cielo y con una gran sabiduría expreso: “Amiga Ballenita, son criaturas que necesitan a ese de arriba, que brilla tanto para ellos como para nosotros. Si nosotros sabemos que por alguna razón esa gran bola amarilla nos da parte de lo que necesitamos para estar vivos, ellos también. Quien soy yo para dudarlo”. Ballenita con ojos algo incrédulos dirigió su vista con algo de esfuerzo hacia arriba y expreso: “Yo lo averiguaré”.

Sin mucho que decir, Ballenita miro hacia atrás y hacia el frente pensando en lo que su amiguita Estrellita habría respondido a aquella pregunta de adonde dirigirse y que con gran diplomacia había expresado: “Acaso no es evidente mi respuesta”. Ella entendió que aquella dirección que era tan evidente no dependía de uno de los deditos de aquella criatura roja, sino de todos. Era solo necesario tomar la decisión y dirigirse hacia donde ella creyera y sintiera necesario. No había una respuesta, sino varias y como Anavi tanto insistía, todo tiene el tamaño que desees. Así entonces estaba dicho, hacia donde iría seria decisión de ella, y que tan grande era su decisión también. Lo importante no era hacia donde sino tomarlo en sí. Y su interés era lo necesario para lograrlo. Su vida en un momento tomo un color brillante, como si hubiese de repente crecido en corazón y espíritu. Tenía el control de sus movimientos y por primera vez las preguntas no le indicaban hacia dónde dirigirse, ni siquiera la búsqueda de las respuestas. Si no, que con sus pensamientos claros y con su cabeza libre de dudas solo tomo un rumbo hacia una dirección y con gran entereza empezó a nadar. Volvió a ver hacia atrás por un momento y con gran asombro no vio a nadie. Ni siquiera a su amigo Anavi, pensando que tal vez podría intentar detenerla o preguntarle, pero todo lo contrario no pudo ver a nadie. Las cosas eran claras, debía hacerlo no para explicar nada, no para buscar reconocimiento, ni siquiera para reflejar lástima o desdén, sino simplemente por qué era su camino.

Anavi por debajo del agua, casi sin poderse observar, tenía sus ojos por encima del agua y vio como su amiga se alejaba. Sus consejos iban con ella. Sus deseos la abrigarían. Su espíritu la acompañaría. Solo quedaba una cosa y era… esperar.

BURPES

“¿Por qué otro ser se llevaría algo tuyo? Y si fuese así seria porque lo necesitaría tanto o más que el mismo Joan, así que por qué impedírselo.”

Ballenita entre el sueño y el despertar aun estaba viviendo algo de aquel pasado que recordaba y que las palabras de su viejo amigo Anavi aun recorrían sus pensamientos y que con gran entusiasmo recurría a ellas para buscar respuestas en momentos donde es casi urgente. En su imagen mental, siempre estaba el anciano cangrejo que con sus tenazas siempre señala algún detalle en el océano, en alguna roca o simplemente en su cabeza mostrando que la sabiduría va siempre de la mano con la sinceridad.

Un suspiro y una brisa proveniente de la ventana del cuarto de baño y apenas perceptible roso el rostro de la criaturita azul haciendo que ella hiciera una mezcla entre gesto y mueca. Sus ojitos fueron adornando su cara al igual que la tina donde ella estaba reposando, recordándole que por su tamaño habría que tomar la decisión de un pronto cambio de hogar para ella. Envuelta con el agua que la cubre casi hasta su cabecita podía observar a su alrededor algo maravilloso y era que las figuras que estaban impresas sobre la superficie de aquella bañera eran retratos casi idénticos de su vieja conocida Estrellita, la cual había sido parte del motivo de su viaje a estas tierras. La búsqueda siempre estuvo acompañada de una gran pregunta y era donde seria que tal recorrido terminaría. Era una interrogante que por ahora solo tenía una respuesta y esta era que estaría segura de la razón cuando la tuviese en frente.

Había ya despertado y recuperado la consciencia en su totalidad de donde estaba y volvió la vista alrededor. Aun las imágenes impresas en la pared de la tina ondeaban dándole vida aquella figura que le recordaba a su estrellita amiga y que aun no pudiese hablar con ella sabía que sus bracitos pintados aun así fuese solo una ilusión óptica le seguían recordando aquel momento, donde ella le indicaba hacia dónde ir. Los cinco brazos aun estaban respondiéndole aquella pregunta de por donde debería empezar su recorrido y que con ironía aquella volvía una y otra vez respondían en su mente: ¿Acaso no es evidente?

Burpes, Burpes solía estar repitiendo una y otra vez. Pero su mente también se ubicaba en diferentes lugares al mismo tiempo. En momentos donde la soledad la había bautizado como su hija temporal, o en donde su joven vida tendría como tutores a grandes personajes como Anavi y algunos alados amigos que vivían fuera del gran océano o al menos sobre este, revoloteando durante los días calurosos. Anavi solo pudo decirle una vez que tal nombre de Burpes había surgido de un momento casi trágico y bien dramático cuando conoció frente a frente a uno de aquellos seres que no pueden recorrer el agua como ellos. Fue una gran cosa gigantesca donde él había caído por casualidad en busca de comida. Una gran cueva de forma muy regular y que estaba hecho de material muy duro, más resistente que las mismas paredes de aquellas cuevas donde solía vivir. Además hecha como a propósito por alguien con un motivo aun desconocido. Aquella cosa que le habría descrito Anavi se semejaba mucho a todo lo que ella vivía alrededor en estos momentos. Cosas hechas por estos nuevos compañeros que igual que Joan podían tener la habilidad de construir. Cosas de formas casi exactas, sin rodeos o sin animales pegados a sus superficies. Todos lisos y sin ninguna vida. Observaba que en el lugar donde dormía Joan y sobre un agujero que existía sobre la superficie de aquel lugar el cual su amigo llamaba ventana había algo similar a aquella descripción y que alguna vez su joven amigo llamo protectores. Solo entendía que estaban ahí para impedir que el saliera a disfrutar del bello día que cada vez era tan hermoso como el anterior. Pero que con una sonrisa casi burlona, Joan le había aclarado que no había sido puesto ahí para impedir salir sino para que fuese más difícil entrar por otros. Esto fuera de responder habría de crear otro grupo de preguntas como: ¿Por qué impedir que alguien entre a tu cueva? Esta había sido una pregunta sencilla sino hubiese sido que la respuesta fuese más intrigante ya que dicho protector impedía que alguien se llevara cosas de tu cueva sin tu permiso. ¿Por qué otro ser se llevaría algo tuyo? Y si fuese así seria porque lo necesitaría tanto o más que el mismo Joan, así que por qué impedírselo. Otra pregunta sin una respuesta lógica o al menos una que no provocara otras preguntas. El diálogo sin fin era casi imposible de medir y que al final era un campo sin cosechar respuestas claras. Hasta donde seguirían las preguntas, ellos no sabían pero mantenían a ambos aprendiendo todos los días y cada hora.

Después de varios momentos de interrogantes y respuestas semillas de otras preguntas surgió la respuesta de aquella cosa donde Anavi había sido parte de un dramático momento. Una jaula para Cangrejos había sido la respuesta de Joan cuando ella logro describir aquel objeto. Después de que él le indicara para que era y las razones, ella entendió con gran horror que aquellos similares a Joan tenían la costumbre de ir al gran océano y suplir sus necesidades de alguna forma. Pero todo aun era algo confuso. Joan le contaba una y otra vez como ellos navegaban sobre grandes buques y así volvían cargados de criaturas que para Ballenita significaban amigos. Pero lo que iba mas allá de su capacidad de alegría era entender que los Burpes habían sido los responsables de su infancia sin padres y que aun sean justificados mucho de lo que Joan trataba de hacerle entender, la realidad habría sido muy diferente si Joan hubiese perdido a su hermano en aquel océano gracias a un amigo de ella o simplemente por circunstancias que involucraran al gran océano.

Anavi habría sido parte de la lista de amigos desparecidos sino hubiese sido porque por algún juego del azar uno de aquellas personas lo agarro y sin explicación lo lanzo al mar, diferente suerte de lo que a sus compañeros aun en las jaulas les tocaba vivir, ya que fuera del gran navío el observo como con algo que pareciera medirlos los clasificaban y los lanzaban dentro del gran aparato flotante. Con gran tristeza y una actitud casi de repudio, nado hacia el fondo esperando no encontrar otra de esas jaulas de nuevo.

“Burpes apúrate es hora de que pongas el ejemplo” – Grita aquel personaje con impermeable color llamativo.

“¿Dios que cansado estoy… será que ya es hora de comer?”-Piensa Burpes sobre la cubierta de aquel bote cangrejero.”

Ese fueron las últimas palabras que Anavi oyó alguna vez saliendo de la boca de aquellos hombres, y que con seguridad no buscaría jamás volverse a topar con ellos.

EL REMOLINO DE LA VIDA

“Si, definitivamente nos está sonriendo… es como si supiese la solución… ¿es así?”

Ahora sí, podrían tener una imagen real de todo lo que sucedía en esa casa. Apenas habían pasado algunas semanas desde que Joan había encontrado a su amiguita y solo había vivido un día a la vez, entendiendo una cosa a la vez, primero el encuentro y después que podía hablar con ella. Las preguntas que surgían y las respuestas eran episodios que tal vez solo podían ser similares a los que un sabio y su discípulo tendrían un día caluroso en la montaña del saber. Apenas eran momentos llenos de alegría cuando Joan tenía que esconder a su amiga ya que su hermano ignoraba aun de su pequeño y gran hallazgo. Ya cuando Rodrigo, el gran hermano mayor hubo enterarse de que Ballenita existía, creció la cosechas de preguntas y respuestas dirigidas a Ballenita y que como era normal las respuestas no le serian de gran utilidad a la criaturita azul, sino más bien una gran luz de sabiduría para el interrogador usualmente uno de los dos hermanos pueblerinos.

Ella podía observar desde este contenedor de agua que apenas la podía abrazar que además de ser ajustada estaba llena de imágenes que le recordaban su hogar. En un borde se arrinconaba una estrellita del mismo color que su amiga, un pequeño Anavi tan sonriente como su sabio amigo y otros que se extendían a lo largo de la tina. Aunque pequeña en sus dimensiones, la tina celeste llena de imágenes era como tener todo el océano acogiéndola como usualmente lo haría si ella estuviese allí. Por alguna extraña coincidencia, el agua se movía casi de la misma forma que lo hace el gran océano. Si bien no tiene la incansable espuma blanca que surge cuando esta agitado, este tenía un color similar y si batía sus aletitas lo suficiente, este también producía el mismo efecto. Algún comentario le había sacado le da duda cuando Rodrigo le comentaba a su hermano menor sobre las diferencias entre el agua salada del océano y la dulce que suele tomar en grandes cantidades cuando llega del trabajo. Sin embargo dicha situación o dudas que podían convertirse en interrogantes se desvanecieron cuando con el correr del tiempo las conversaciones se hicieron comunes y la magia habría cubierto toda la pequeña familia.

Eran ya las horas de dormir y aun no existía una solución a toda aquella compleja situación donde el tamaño vencía la lógica o al menos el crecimiento constante. Por otro lado los sentimientos de los hermanos se empezaron a entremezclar entre pesar, preocupación y desconcierto. Estas emociones habían nacido a raíz de las experiencias con Ballenita y ella sentía lo mismo hacia estos curiosos “seres que no saben nadar”.

Hacia los recuerdos que ella lograba retener y las nuevas experiencias con ellos su vida había tomado por decirlo así una pausa donde todas las dudas sobre aquellos seres se habían convertido en respuestas incompletas y que de esta forma, cuando ella realizaba alguna pregunta, sus dudas eran despejadas ofreciéndole una mayor inquietud, haciendo que al final no fuese importante la consulta sino la razón de la pregunta. Todos estos factores habían hecho que Ballenita sufriera de confusiones mientras lograba entender el mundo de estos seres que de lejos parecían unidos pero que de cerca solo veía contradicciones. No había pasado mucho tiempo cuando ella entendió que sus dudas eran justificadas, pero que al calor de la pregunta, ni siquiera ellos mismos sabían las respuestas. Era como si el océano que los cubría fuese diferente para cada cual. Como si aquel aire que respiraban fuese particular para cada uno y que si tuviesen diferentes colores cada cual guardaría el suyo como un tesoro. Pero como era posible que no se dieran cuenta que todos eran parte de lo mismo. Que sus vidas estaban juntas, entrelazadas, partes entre sí, compartidas por el mismo aire, cielo y casi imperceptible, una misma vida. Todos los días podía observar como Rodrigo salía de su hogar listo para vivir una guerra, un conflicto, un error. Como alguien podía sentirse así y salir sin volver desmotivado al finalizar su jornada. Cada día, Joan se levantaba con la misma energía, acumulada desde el día anterior y que solo podría desahogar durante el siguiente y así todos los días. No era levantarse ante un regalo diario, sino ante una deuda atrasada. Su mente era un remolino, iguales a los que podía observar en el fondo del océano, donde los amigos podían divertirse girando y girando cada vez más rápido hasta salir expulsado hacia el fondo del mar para luego volver de nuevo a la diversión. Pero aquí solo existía un remolino lejos de diversión, más bien de dolor y pesar. Un remolino listo para devorar a sus criaturas, uno que no perdonaba errores y que al final del día solo podía sentir como a cada ser se le descontaba puntos por mal comportamiento. Era tal vez la peor manera de vivir y sin embargo era la única posible.

Eran las 6 de la tarde, momento en que ella tenía que tomar una decisión. Tanto los hermanos como ella debían tomar una decisión y esta era como continuar con sus vidas. Al tiempo de que todos estuviesen de acuerdo, también que sus corazones fuesen uno. Sin importar como lo harían no podían triunfar siendo tres seres diferentes. Debían ser uno y para ello debían convertirse en amigos marinos, uno en tres y cada uno pensando como el otro. No cabria la lástima, las emociones confusas y mucho menos las dudas. Solo debían ser uno y así era como podrían continuar.

LAS CUATRO FRONTERAS

“Mira, Ballenita aquí es donde estas tu y aquí es a dónde vas”

Es para el amanecer que sonríe el sol, buscando la tierra que tanto alimenta durante el día y que dejó descansar sobre la dulce luna de la noche. Aquellos grandes seres que gobiernan el cielo son tal vez los mejores amigos de Ballenita, la cual sin pensar da sus primeros saludos cuando sus pequeños ojitos se abren al día. Mucho ha aprendido de ellos cuando sin pensar suelta una pregunta y por alguna razón mágica y en algún momento preciso la respuesta esta frente a ella sin necesidad de buscarla. Solía constantemente regalarse un tiempo de silencio tanto para sus pensamientos como para su cuerpo, con la mayor quietud posible para no hundirse hacia el fondo, y removiendo cualquier duda, pregunta o duda que la mantuviese alerta. Su ser se sumergía en un océano de nada y en ese momento era cuando sin ningún prejuicio, veredicto o intención de perfección solo dejaba que aquel momento fuese uno solo. Sin ningún atrás o cualquier adelante, sin un antes o después, sin esperar o recibir, ella dejaba de sentir hasta el mas mínimo suspiro hasta estar sin ella misma y sin nada que existiese. Anavi, con mucha delicadeza cuando la observaba en su pequeño y enorme e interminable mundo, solo podía envidiarla, y no porque él no pudiese llegar a tal nivel de paz, ya que él la había inducido a tal hermoso regalo diario, sino porque era muy diferente indicar un camino que verlo recorrer. Es claro que vivirlo y experimentarlo es mucho mejor, pero por alguna razón siempre las criaturas necesitan regresar a este mundo material y mundano para llenarse de aquello que denominamos experiencias e incertidumbres. Él le habría de responder alguna vez del por qué estar en esa dualidad de tener que vivir la hermosa neutralidad de la perfección y tener la necesidad de ensuciar aquel horizonte y valle de hermosa luz con nuestro físico presente. ¿Porque ambos mundo eran necesarios? Era una consulta de constante repetición. Claro que la respuesta habría sido muy sencilla esclarecerla, mas no era la intención del viejo amigo, sino espera que su recorrido fuese quien le diera la pauta para aquella solución. Él podría conocerla pero jamás mostrarla. Son más los que buscan que los que encuentran, y así todos al final somos parte del gran círculo del comienzo y el fin. Así cada vez que ella le preguntaba sobre el tema, solo podía hacer un gesto de bienestar y con la tenaza siempre lista a seguir sus mandatos dibujaba un circulo en el fondo del océano y sobre la arena aquella figura se iba diluyendo con el movimiento del agua.

Aun el círculo en la arena era una respuesta brillante, Ballenita sabría que cada vez que tuviese una pregunta aquel círculo era parte de la respuesta. Si bien sabia que sus dudas siempre estaban acompañadas de un mensaje y luz para su ser, el círculo solo lo podía significar un comienzo y un final y que si entendía el fondo de cualquier consulta a realizar sabría que el significado de aquella circunferencia era que: Toda pregunta era parte una misma respuesta, y que si profundizaba más aun, podría tener dicha respuesta antes que el mismo cuestionamiento. Era cuestión de tener un punto de vista flexible. Si era inteligente podría hasta jugarle bromas a sus pensamientos y con suerte ella misma ser la respuesta a toda su vida.

Había sido una amanecer de brillantes reflejos y tal vez sería algo caluroso para los que vivían fuera del agua, Ballenita ya había descansado y hasta estaba ansiosa de ver como el cielo se abría hacia el más hermoso azul. Todo hacia su alrededor se extendía como una gran pintura de aventuras, igual que las que pintaba Joan en su techo del cuarto. Era hermoso como aquellos días se habían reflejado en sus ojos y el brillo de todo lo que la cubría le aseguraba un hermoso día. El gran círculo dorado hacia el final del océano la abrazaba, el viento en sus ojitos jugueteaban con ella, algunas hojas le jugaban alguna broma y los susurros de todo aquello que adornaba este momento le dialogaban en hermosos tonos de colores.

Joan había sido el mejor amigo desde que Anavi no compartía sus días. Algunos de otros “seres que no saben nadar” eran tal vez necesarios para comprender lo hermoso de la amistad del pequeño moreno. Ella podía entenderlo y de alguna forma casi mágica podía sentir su corazón y sus pensamientos. Rodrigo de alguna manera era el reflejo de él mismo y de su hogar. Seguro hasta el próximo día, pesado desde el invierno anterior y esperanzado hasta cuando el horizonte lo alcance. Hubo alguna vez que los hermanos sin mucho más que tenerse entre ellos podían ganarle al mundo. Más la espera de un mejor mañana habría sido la cueva donde sus deseos habrían de olvidarse y sus ilusiones ya solo serian eso, espejismos. Pero hacia este día, su paciencia y amor había resultado en una llave para si bien no extraerlos de su mundo, si darles una excusa para sentir sus propias ideas, abrazar sus innumerables pesares y que fuesen cada día más intrépidos, osados, necesitados de respuestas, de encontrar un camino para que aquella cueva se convirtiese en un puente, una vía abierta al final del camino, un cielo pronto a cambiar.

Ya de vuelta con sus pensamientos en el hogar de Joan, se extendía sobre toda la zona un hermoso amanecer. En el baño de aquella pequeña casa y sumergida en una increíble sensación de amistad y alegría, aquellos hermanos la habían despertado con abrazo propio de una familia a la que se ama y se extraña. La acción a continuación solo demostraba el amor con el que ella era cuidada constantemente. Con mucho cuidado alzaron toda la tina en la cual reposaba y adornada con imágenes naturales del mar para que su pequeña amiga sintiera algo parecido a un pasado. Este último recipiente en el cual podía caber, había sido su pequeño hogar por algunas horas tal vez, no lo suficiente para sentirse acogida totalmente en ella. Sintió que la firmeza usual de aquel contenedor iba cambiando. Podía sentir que el agua donde reposaba se empezaba a inquietar, al igual que sucedía en el gran océano de donde proviene, recordatorio constante para todas las especies que ahí habitan de quién tenía el mando y quien el permiso de habitar.

Sintió como finalmente aquella cantidad de agua volvía poco a poco a la tranquilidad. Sin embargo siempre podía sentir con seguridad que todo a su alrededor era algo inestable. Además por extraño que pareciera, tenía la sensación de avanzar sin necesidad de ella aletear. Era como si su pequeño océano se moviera a la misma velocidad y viajara junto con ella, como si el agua el cual sirve para poderse ella mover, era ahora compañero de viaje. Tanto el agua como ella misma caminaban y eso generaba algo de confusión en su pequeña cabecita y ciertamente le pedía una explicación. Aunque no entendía la prisa con que se movían todo aquello, donde todo el agua a su alrededor se agitaba gracias aquel curioso evento, igual sonrió y con ojos de cariño veía a sus hermosos amigos como con algo de prisa se movían y pisaban firme sobre un camino algo irregular. Sobre ella una manta algo oscura pero siempre con algo de transparencia le cubría haciendo posible algo de visión a través de ella. Hacia adelante observaba como el camino se entretejía con el horizonte y dando una mirada hacia atrás aquel hogar donde había vivido por varios lunas se iba alejando cada vez más, viendo como aquel lugar llamado casa, donde ella apenas recordaba haber llegado y haber sido recogida por su amigo, poco a poco desaparecía tras una mirada de temprana nostalgia. Entre la transparencia de la manta observaba las caritas de Joan y Rodrigo que con gran esmero intentaban disimular la angustia y la prisa. De vez en cuando lograba asomarse sobre su cubierta, los pequeños rayos de luz surgidas del sol que se alzaban sobre el cielo, la brisa resultado del recorrido veloz rebotaba sobre su rostro, todo era parte de aquel momento. Su corazón latía y rebosaba con gran impaciencia y que sin ninguna explicación intentaba gritar por salir de su pecho. Sabía que ya no estaba en la casa donde vivió por un tiempo y que su mente estaba cerrando un capítulo y que su vida estaba por abrir otro más imponente aun. El círculo, figura que usualmente Anavi dibujaba sobre la arena respondía con claridad ese momento. No era necesario preguntar hacia donde se dirigía, ni responder tal duda. Lo importante era que entendía fácilmente que todo esto hasta ahora vivido tenía una explicación y eso solo podía sentirlo sin expresarlo con palabras.

La velocidad era casi constante tomando en cuenta algunos brincos resultados de alguna irregularidad en el camino. Podía confirmarlo cuando pasando justo al costado de algún vecino el cual saludaba con curiosidad al par de hermanos y ellos devolviendo el gesto casi por compromiso seguían con paso firme su recorrido sin fin. Su pequeño mundo de agua se volvía cada vez más estrecho pero lo curioso era que no sentía aquel camino igual que en otros momentos. En algún momento de aquel frenético viaje, ella podía observar que sus amigos la llevaban flotando sobre aquel camino. No comprendía bien lo sucedido, sin embargo algo aclaro sus pensamientos cuando en un momento mágico y de angustia para sus amigos fue sacudida como si de un tropiezo se tratase y saltando sobre el agua, pudo observar sobre el reflejo de los vidrios de las casas ubicadas sobre aquella vía, que sus hermosos amigos la habían acomodado sobre una superficie mas, que de alguna forma rodaba como las piedras de su océano cuando caían ligeramente sobre las paredes de una montaña. Cosas redondas y negras hasta donde pudo ver y que sirviendo de base pudo ver como rodaban y rodaban dándoles a sus amigos gran agilidad. Un comentario sello la duda sin necesidad de ninguna explicación más:

Rodrigo apenas había podido encender una de las máquinas para poder liberar una carreta de herramientas que se situaba al fondo de una bodega de cajas. Aquella cosa había estado casi una década sin usar y si bien podría necesitarse, buscarle sería cosa de horas y con la excusa de lo antiguo de ella, destrabarla y demás sería suficiente para justifica tiempo justo para su extracción, uso y devolución. Era perfecta, pero ahora lo primero era sacarla de ahí y llevarla a su casa. Lo demás se solucionaría en el camino. Hacia la primera prueba y rápida al mismo tiempo la caseta del vigilancia guardaba con celo un policía justo el necesario para que nada ni nadie cruzara frente a él sin merecer algún interrogatorio casi ridículo y prepotente pero que con algunas artimañas podría indicar una salida fácil e irónica. Usando dichas mismas necedades seria un plan perfecto para Rodrigo sacar la carreta y al mismo tiempo llevarlo rápido a su casa:

Con seguridad y rápida respuesta Samuel se pone los lentes y lee el artículo de una reunión sindical, a la cual por extraño que pareciera no habría sido invitado. El rojo y verde color de la invitación demostraba que era verídico y que solo algunos conocedores de aquel grupo selecto podrían dar fe de que era un documento real. Con alguna mirada de sorpresa el vigilante solo pudo ponerse la gorra y hacer una llamada. Con gran acierto volvió hacia el exterior de la cabina y le propicia una palmada en el hombro.

Sin embargo lo sencillo se confundiría con inteligencia cuando su respuesta inmediata fue: “Alguien debe cuidar la puerta y los bocadillos. Por cierto son tantos que debo llevarme esta carreta para solo hacer un viaje e incluir la mesa donde los voy a colocar.” Una sonrisa casi automática habría salido de la cara de Samuel y así surgió la muy oportuna pregunta: “Y donde están, puedo probar algo antes”. Rodrigo con clara antelación ya tenía preparado ese momento y de una bolsa le dijo que le habría apartado una bolsa de aquellas delicias. Estos habían sido parte del manjar propuesto en la cena del día anterior en la mesa de ambos hermanos. Un doble propósito para un mismo resultado. Algo así como una pequeña despedida pronta a venir bajo la sombra de un plan preconcebido para tener éxito. Pero aquella muestra de soborno más parecía estar hecho para alimentar a un batallón que lo que Samuel necesitaba para alimentarse. Esto por su acostumbrada excesiva forma de alimentarse. Pero aquel esfuerzo seria recompensado como garantía definitiva al éxito de un plan destinado a un solo fin, y este resumirse básicamente en poder sacar aquel armatoste viejo de aquellas bodegas portuarias. La primera frontera habría sido inteligentemente sorteada. La segunda era algo menos dura, mas la tercera pondría a prueba su ingenio y la cuarta solo dependería del destino.

La vía sobre la que llegaría a su casa no era la usual. Existía un camino que por mayor cercanía y empinadas escaleras usaba normalmente para llegar a su casa. Desde el nivel del mar hasta la avenida donde descansaba su casa habrían varias decenas de metros y la escalera solo ayudaba a verlo menos empinado. Mas lo era y con creces. Por ello debía tomar el camino más largo que rodeaba aquellos caseríos. Era más suave y por supuesto más plano, simulando tal vez una ligera pendiente desde su inicio hasta el punto final a los pies del mar. Este estaba tapizado con algunas piedras y agujeros propios de vías con tránsito de camiones de gran tamaño. Ese recorrido sería la segunda frontera, la vía hacia la playa, pero con un ingrediente más subjetivo pero de mayor importancia, el sentimiento de separación por venir.

El sol habría de ser su testigo… El puerto se encontraba cerca y el camino había sido tranquilo. Algunos curiosos han preguntado porque la prisa, otros interrogaban la razón sobre él porque la carreta con agua y tal vez algunos más curiosos y detallistas sobre la razón de taparlo. Todas preguntas correctas y con un solo ingrediente en común, ninguna respuesta y sonrisas por doquier. Como era normal, aquellos hermanos eran conocidos como curiosos y listos siempre para regresar a la casa con alguna cosa del Valle de los Tesoros. Pero hoy iban hacia la costa y el agua de la bañera se escurría por las orillas de aquella carreta, ya que por su agitado correr el nivel de aquel liquido iba disminuyendo dejando parte de su capacidad total por todo el camino. Algunos solo asumían una travesura de Joan, otros que mejor era no preguntar. Rodrigo era conocido por su gran humor y no sería raro que un baño de agua dulce fuera el premio al que contestara correctamente. Así que con el alba a sus pies solo tomaron el camino y con paso firme y hasta de trote ingenuo empezaron a recorrer el camino largo a la playa y hasta el momento tres de cuatro fronteras habrían de haber sido traspasadas, pasando desde el vigilante, la vía y los habitantes de aquella avenida. Ahora solo faltaría la última, una que solo ellos sabrían la respuesta cuando llegasen a ese punto y que sin más que una mirada la solución estaría en sus manos. Lo importante era saber que era lo correcto y si bien esa cuarta frontera los pondría a prueba, el resultado sea cual fuese les daría a partir de ese momento un nuevo amanecer y significado a sus vidas. El mundo era más claro hoy, la mañana un regalo y hasta donde se podría observar el final del camino, y donde el brillo del océano abarcaba todo el horizonte, los dos hermanos mantendrían su camino, esto hasta que sus pies se posaran en la arena donde el final del trayecto habría de llegar y del cual no pasarían. El océano era una visión al fin de un horizonte cada vez más cerca y que por su cercanía a este ya sentir algunas gotas sobre su rostro. La humedad empezaba a llegar a la boquita de Ballenita la cual le hacía sentir un sabor especial, si bien algo salado también menos concentrado, y que aunque el haber estado en aguas no saladas durante este tiempo no había causado daño en ella, por extraño y mágico que pareciera, igual percibía y reconocía claramente la diferencia de aquel líquido con sabor a familia. Más no era exactamente el sabor usual del agua en el que había crecido, sino de una textura menos cristalina. Sus ojitos se posaron sobre el rostro de Rodrigo y entonces pudo entender que las lágrimas que surgían de aquel rostro eran la causa de su pequeña lluvia esporádica de gotitas de amor. Joan con algo de esfuerzo mantenía controlado su ración de lágrimas el cual con su brazo intentaba limpiar el exceso que corría por sus mejillas. Ellos ya sabían que la respuesta antes de salir de su casa había sido inyectada en sus pensamientos, sin remordimiento tenían un camino que cruzar, una etapa que culminar, lamentaciones que no eran necesarias alimentar. La búsqueda de las respuestas a sus dudas siempre habían recorrido el mismo camino de las preguntas formulada. Por lo que en estos momentos ambos hermanos con el alma en sus dedos y sus corazones llenos de esperanzas, se encaminaban hacia el único lugar que delante de ellos, justo donde todo comenzó, estaría el final de aquella travesía. Era el momento de cruzar el umbral, era el momento de la verdad, era el momento de entregar lo que se les había regalado.

REGRESO

“Sin importar cuán grande seas, y cuan imponente te muestres, siempre serás parte de este océano… mi hogar”

Anavi había llegado a una roca algo áspera pero necesario para descansar sus pequeños recuerdos y un cuerpo listo para cruzar un umbral del cual ha de llegar en el momento adecuado cuando un ciclo de vida culmina. Pero con todo lo vivido sabría que faltaba aun algo en su vida antes de aquel momento final. Su paciencia había sido su bandera y la claridad de sus consejos su camino y alimento de vida.

El y Ballenita habían mantenido una amistad casi ancestral. Sus vidas se habrían entrelazado en un círculo familiar que solo podía compararse con la relación que existe entre el gran océano y sus criaturas. Él era un ser especial al igual que Ballenita. Sin poder darle una explicación más que una coincidencia casi cósmica Anavi vio como a lo lejos se empezaba a dibujar una pequeña sombra casi confundible con el mismo horizonte anaranjado pero que con gran gallardía intentaba tapar desde aquella distancia al mismísimo sol. Sus ojos además de saltones estaban casi a reventar de lo abiertos que intentaban mantenerse y en sus pensamientos solo surgió una pregunta: ¿Ballenita?… ¡Ballenita! Y como respuesta inmediata logro pronunciar casi sin aliento: “Por el gran océano donde descanso… ¡es ella!”.

Anavi observó cómo se acercaba aquella sombra y con gran alegría pudo corroborar que Ballenita era la protagonista de su visión y que no cabía duda de su suerte al ver otra vez a su más querida amiga, aprendiz y testaruda compañera de tardes anaranjadas.

Anavi no había caído en cuenta de que ella flotaba sobre el agua y eso era algo dirían imposible sin ayuda de algún movimiento de sus aletas para no resumirse en el fondo. Volvió su vista hacia el fondo y con sus tenazas intento develar el secreto de su suspensión pasándolas por debajo de ella pero sin resultados satisfactorios. Ella estaba suspendida en su sueño, en el agua y en su cielo. Espero unos momentos para darle tiempo a que despertara. Sin embargo él no sabía cuánto tiempo había estado ella ahí. Solo el tiempo que él tenía de haberla observado era su única referencia y eso lo asustaba más aun. Era imposible saber que sucedía o solo era tan posible como dejar que la respuesta fuese tan asombrosa como la pregunta misma.

Ballenita habría sus ojos con mucho cuidado ya que sin comprender que había sucedido, podía recordar todo lo sucedido. Sus hermosos amigos que había dejado atrás ya no estaban, sus amigos del océano tampoco y solo podía ella observar que su amigo Anavi estaba frente a ella descansando en una roca. Su cuerpo estaba sobre esta superficie rugosa pero sin movimiento alguno. Ella solo sabía que si lo movía podía estar cometiendo un error pero que si estaba frente a ella después de tanto tiempo sin verlo, era por alguna razón. Entre despertar de aquel sueño, no entender su lugar en ese momento, la razón de lo que acontecía y su amigo frente a ella, aquel momento era tan complejo como la ausencia de respuestas. Con leves movimientos de sus aletas los cuales la habían llevado hasta ese punto y sin recordar cómo había llegado hasta ahí sin estar consciente, su cuerpo se acercó a Anavi y con mucho cuidado le rozo una mejilla con su pequeña carita. Pero con todo este esfuerzo aun no había respuesta.

La vida había culminado con un comienzo más. Ella había estado todo este tiempo aprendiendo de quien menos se imaginaba, su amigo había permanecido como pilar de conocimientos en este océano rico en vida y amor. Pero ahora quien seria aquel a quien ella preguntaría.

Como un singular espejismo de hermosos colores, frente a ella se abría un océano claro y con brillos entre olas y espuma que se alzaba cuando el agua chocase contra la roca. Junto a este gran brillo y juego de luces una imagen propia de un ser hermoso se le acerco justo frente a sus ojos y con una gran astucia brinco hacia donde estaba ella. Volvió la vista hacia abajo y se dio cuenta con asombro que su gran amigo Anavi no estaba ya más sobre la roca, sino que era el protagonista de aquella visión, y que con gran agilidad se había colocado sobre la punta de aquella piedra. La visión era hermosa y transparente, su gran amigo y confidente de hasta los más increíbles secretos estaba frente a ella pero cubierto con un brillo poco usual. Sus miradas se entretejieron en u instante casi eterno. Tanto Ballenita como Anavi entendieron lo mágico del momento y que con gran sabiduría entendían que su lugar en ese gran océano había concluido y que su amiga frente a él sería su remplazo. Quién diría que una aleta sustituiría una tenaza. Con una risa algo bromista le mostro hacia delante una gran y enorme ola la cual se dirigía hacia ellos. Con gran agilidad brinco hacia una altura poco creíble y volvió al océano sin tocar el agua desapareciendo justo antes de tocarla y sin más que un gesto se esfumó entre la brisa y el brillo del océano. Ballenita aun con una mirada de desconcierto pero con su corazón lleno de entusiasmo y amor solo miró hacia el frente de donde provenía la gran ola la cual se acercaba a gran velocidad y con un gran movimiento de giro para sumergirse al gran océano expreso:

EPILOGO

Joan y Rodrigo sentados en el costado de una terraza que rodeaba un popular y gustoso restaurante y al borde de la misma pared que los separaba del mar, esperaban junto con unos amigos y familiares el menú de comidas del lugar, delicioso y digno de reyes. Rodrigo habría sido promovido por su incursión en el sindicato, al cual el mismo Samuel le sugirió pertenecer y que así sus largos años de trabajo al fin se verían recompensados. Joan por su lado tendría más oportunidad de estudiar y seguir sus sueños. Que la pintura en su cuarto no fuesen más la excusa de soñar y esperar sino simplemente empezar a caminarlo. Su actitud había cambiado poniendo al frente de sus prioridades el llegar tan lejos como su corazón lo desease. Así, y con todo lo vivido, ambos hermanos sabían que estos momentos eran importantes y debían celebrarlo. La familia escasa pero llena de amigos rebosaba la mesa. Un mesero propició el comienzo de aquella celebración llevando algo así como una bandeja con aperitivos típicos del mar. Un lugar tan cerca del gran océano no debería responder a otra cocina más que propias de él. Con soltura el mayor de los comensales dirigió una vista a todos y sugirió el plato fuerte, consumado en pescado y otros animales propios de las profundidades. Joan con seguridad absoluta levanto la mano y dirigió una mirada de respuesta a aquella sugerencia y si más ni más exclamo:

Rodrigo volvió a ver a su hermano y sonrió.

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