Sucedimos casi por casualidad con un andén como barrera y punto de encuentro.
Miré hacia el frente buscando el bus que me llevaría a casa y me encontré con un extraño con una definición de hogar en los ojos que no se encuentra en los diccionarios.
Sostenernos la mirada y olvidarnos del mundo.
Creer que todo se acabaría una vez que nos fuésemos en dirección contraria.
Memorizar tus rasgos. Calcular nuestra diferencia de estatura. Preguntarme cuál era la canción que más escuchabas entonces. Si leías a Borges. Si acaso mi sonrisa no te parecía poca cosa y mis ojos muy grandes para mi cara.
Pensar en lo pronto que te olvidarías de mí después de ese día. Si me recordarías por la noche. Si tenías novia. Si me hubieses invitado a salir en el caso de tener más de quince minutos para mirarme entre el ajetreo de maletas.
Para cuando volviste a subirte al bus ya estaba pensando en escribir sobre ti en todos los márgenes de mi libreta. Allí escribo sobre las cosas que son importantes; y es que a veces, aunque lo sean, igualmente acabamos por olvidarlas.
OPINIONES Y COMENTARIOS