Cuando encontraron mi cadáver no pudieron entender en qué circunstancias morí.

Evidentes señales de asfixia mecánica en mi cuello, sin arma homicida. Solo marcas de manos en la palidecida piel.

Alguien me ahorcó, eso era obvio. Pero los oficiales forenses no entendían quién pudo hacerlo. Puertas y ventanas cerradas desde adentro, sin señales de forcejeo. Eso demostraba que el asesino debía estar adentro del lugar.

Al fin y al cabo la única persona que vivía conmigo era mi compañero de departamento, quién llevaba semanas descomponiéndose debajo de mi cama.

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS