El Artista

El Artista

Koty VDS

25/09/2019


Era una vez un artista, al que le costaba mucho tiempo inspirarse al momento de tinta, moldear o crear.

Siempre que salía llevaba con el una cartera con flores de diarios, manchas de pintura y de llavero un garfio azul. Dentro de esta, se encontraba un cuaderno con hojas blancas, como muchos artistas acostumbran hacer,bu cada ves que se quedaba sin hojas solo agregaba las que tenía en su casa. Tenía hojas del pago de la luz, el agua, el gas, algunas boletas, hojas que encontraba cuando caminaba, todo se usaba para crear, no importaba la perfección si no sirviera para crear.

Ese lunes salió a caminar porque debía inspirarse para crear una obra maestra. No lo noto pero se olvidó su lápiz, el cual había a usado para anotar la dirección de quien le encargo la maravillosa creación.

El artista con su gorro violeta y su pompon verde, su campera roja y tallas azules, ese pantalón que hacía juego con el gorro. Era toda una experiencia visual cuando lo veían pasar.

Camino asta llegar al parque, se sentó y puf, hay en frente de él estaba, veía belleza, fuerza y agonía en un mismo lugar.

Que veía, en frente de su obra maestra, se encontraba una niña llorando, gritando por su mamá que no la veía. Gritaba y gritaba pero nadie la ayudaba.

El artista busco su lápiz y sin éxito, levantó la mirada, vio un faro en la oscuridad, esa niña tenía una tiza de color amarillo. Corrió hacia ella, sacando de sus manos esa tiza, la pequeña lo vio sentarse sugetando su libro, dibujando, rallando y con su cuello que estiraba, doblando. Esa pequeña se colocó a un lado de el, tomando asiento junto a él.

Luego de un largo tiempo, su mamá le vio sentada junto a él. Corrió a ella y cuando llegó vio a si hija feliz porque el dibujo del artista era hermoso, un poco raro como el pero hermoso. Le devolvió la tiza a la pequeña y le agradeció preguntándole por su nombre, esa bella nena contestó que su nombre era Dora.

El artista explicó porque ese árbol del cual colgaban unas hojas, estaba torcido y sin vida a su alrededor, pero con una sonrisa, la misma de la pequeña niña. Todos quién la miraban podían sentir la felicidad del artista por crear esa obra maestra y la felicidad de la nena porque el hombre de esta belleza era el de Dora y su tiza amarilla.

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