
CORREGIR TEXTOS
Al llegar la hora de corregir los textos, pienso si merece la pena tanto esfuerzo. Analizarlos, observarlos, cambiarlos, leerlos en voz alta, volver a corregir, volver a leer, volver a cambiar… Añadir sugerencias, verificar errores, buscar esos adjetivos que expresan inseguridad o sirven de apoyo innecesario y eliminarlos, si es posible.
Eliminar los adverbios terminados en -mente, porque no me gustan, y vigilar siempre esos puñeteros gerundios. Revisar el estilo, sus recursos, los tópicos, las frases hechas y las expresiones desgastadas por el uso y el abuso del lenguaje. Repasar la ortografía y la sintaxis. Prestar atención a las repeticiones, las redundancias, lo burdo, lo trivial y lo cursi. Escuchar el ritmo.
Ante todo, tratar de contar las cosas con claridad y ser directo, no irme por las ramas. Comprobar que cada relato tenga continuidad, que la historia esté bien estructurada y avance con fluidez. Ver si soy capaz de llamar la atención del lector y despertar su interés por seguir leyendo. No defraudar sus expectativas.
Observar las elipsis, las anáforas y las anticipaciones. No destruir el clima de tensión, si es que he conseguido crearlo. Revisar los diálogos, comprobar si funcionan y cuidar que el narrador no se entrometa más de la cuenta.
Buscar el equilibrio y el ritmo fónico, sintáctico y narrativo. Confiar en mi intuición para encontrar la cadencia, dar continuidad al relato y evitar las cacofonías, que siguen siendo uno de mis errores más clásicos. Deshacer las frases laberínticas sin convertirlas en telegramas.
Tratar de encontrar el compás adecuado para cada historia: la velocidad de los acontecimientos, la intensidad de los diálogos, el peso de las descripciones. Distinguir las voces del narrador y de los personajes, cuidar sus tonos y evitar que nada distraiga al lector ni lo saque de la narración.
Procurar, en todo momento, que cuando el lector vuelva atrás sea para disfrutar de nuevo, no para intentar entender lo que he querido decir.
Revisar la construcción de cada frase y de cada párrafo, su extensión, su puntuación. Arriesgar cuanto pueda.
No tengo brújula, pero buscaré sin descanso el norte del equilibrio y la fuerza del relato.
Y después de todo esto, tal vez el resultado sea algo muy distinto de lo que ahora tengo. Pero hay que hacerlo. Porque, a lo peor, después de tanto esfuerzo, luego a nadie le interesa.
Pero sé bien que corregir hasta la perfección es una forma estupenda de no terminar nunca.
Aurelio García
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