Loco lúcido

Loco lúcido

Germayed

27/10/2026

Voy por la calle, no quiero pensar, o quizá sí, pero, pensar en qué: al parecer, todo se agotó, no sé si es la sentencia del que rebusca en sí mismo, escarbando en el espíritu, las razones suficientes de sus sentimientos y pensamientos que en pretéritas ocasiones despertaron culpa, no o sé que tipo de culpa: ¿sólo por existir, quizá?

Hay un punto de parada en que el hastío calla al humano que reflexiona, porque, esas profusas reflexiones, no satisfacen sus carencias afectivas e intelectuales, sino que ahondan en el tormento de pensar, ergo, no de cualquier pensar, sino ese que aparece con claridad todos los días, que se lamenta y al mismo tiempo, acepta al pasado, no le gusta el presente, y se resigna al devenir.

La extrema lucidez del pensante empedernido,- que no es empedernido porque quiere- sino una disposición psíquica de sí, una suerte de crítica permanente a su ética y a la realidad, y al contenido que posibilita su expresión indirecta al mundo al ser participe de la realidad que es conexión con otros: humanos, animales, y objetos inanimados.

No hay descanso en la fatigable tarea de ahondar en las causas de las relaciones humanas, fenómenos naturales o espiritualidad- que unos la explican desde la religión y otros, desde una conexión íntima con la propia conciencia- variables que no son pocas, sino múltiples, sombrías, difusas.

Siempre, esas múltiples causas están esparcidas en todas partes, en tanto, es menester buscarlas, reunirlas y construir una lógica de lo que se piensa, para adaptarla, no sólo a un marco subjetivo de entendimiento, sino buscando maneras universales, no de adaptar las formas al mundo, que es diverso, sino en crear marcos de comprensión en que el todo, encuentre sentido a lo particular, es decir, a lo creado desde lo subjetivo.

De por sí, tal tarea impone al sujeto una misión que cae en el vacío, porque sabiendo que lo subjetivo, es reduccionista en entender lo universal, va por otros caminos a hacer de lo particular, entendiendo a lo general, un método abarcable a todos los marcos de comprensión, posiblemente, infinitos.

Por eso, voy por la calle tratando de comprender, y en el camino, callo, porque, no hay palabras cuando, desde la razón suficiente, se sabe todo, sin embargo, no es necesario decirlo arriba, en el mundo dual, en los reinos del imperio de la polaridad, porque los mortales no perdonan la tibieza a la que confunden con debilidad, sin embargo, no pocas veces es cautela, y pocas veces, es compresión que no justifica la amoralidad , sino busca la conciencia del por qué.

Felices los locos, en el sanatorio, porque son los embajadores de la cruda verdad que hiere, y no se perdona en boca del cuerdo. El loco es libre, porque le da igual su muerte, así como lo que crean o piensen de él u ella, la humanidad a su alrededor. Ya sangró tanto por esta tierra, que se exilió del cuerpo, abrazando solo ideas y voces de otras realidades allende la carne que reviste sus huesos.

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS