Quisiera que el silencio contuviera en sus mensajes anestesia localizada en el pensamiento, o que el tamaño del pensamiento apretara mi cuello hasta ya no respirar, o que la sangre ore y clame hasta que el todo poderoso se atreva a llamar; que el soplo de la vida tenga un dejavú y se repita en la creación o en la vísperas del natalicio, donde se le olvide a la costilla del creador su idilio de amor.
Quisiera retrasar el despertar un minuto infinito, sentarme en la roca y tener el honor de preguntar: ¿por qué?, ¿para qué?, ¿cuándo? y ¿cómo?
Pensar, pensar, callar, clamar, gritar el llanto ahogado.
Quisiera que el espejo no fuera espejo y si no que su reflejo no sea el de siempre, el de nada. Quisiera que la vergüenza se fuera con el agua que remoja y, tal cual como una mopa, limpiar la suciedad.
Quisiera que el mar mantuviera su belleza sin olas, y! y que su corriente me lleve a donde el retorno es el olvido.
Quisiera poder van de manos separadas y sin querer ven entre ojos de resignación, con cálculo frío y risa pasajera, entre excusas y argumentos deputations de falacia y rimas de alegría.
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