Es una noche más bajo el farol que alumbra la parada del autobús. Parpadea el bombillo que ilumina la calle y los conciudadanos que al igual que yo esperan la llegada del automotor. Rostros inermes de ancianos a mi pupila llegan. El llanto de un niño por el repentino regaño de una madre enojada. La mirada triste del celador que cuida el barrio. El ceño fruncido de un joven que seguramente reprobó un examen. Y mi mente, mi existencia, todo mi cuerpo, ocupando un espacio más en este mundo. Mi corazón manchado de tanto esperar amor. Mis manos trémulas luego de una agotadora jornada no podían más y deseaban un próximo descanso.

Mi nombre es Antonella y mi cuerpo no da más. Estoy esperando el autobús y sé que cuando llegue, las pastillas que tomé hace cinco minutos harán efecto y seré una noticia más para el amarillismo de mi país: “Se las tragó y murió”. Desde que salí del prostíbulo donde trabajo tomé esa amarga decisión. Sé que no veré más a mis hijos, pero seguramente estarán mejor sin una puta como madre. Nicole, mi hija mayor, con 3 años, es muy inteligente, me pregunta todo y temo que llegue el día en que me pregunte donde trabajo. Tiene el cabello crespo, dos pepones por ojos color ámbar, de piel blanca como la nieve y labios bermellones. La recordaré como mi gran investigadora y a donde quiera que vaya sé que yo desde la otra dimensión la acompañaré. Ángel es mi segundo hijo, inmerso en el dolor de padecer asma. Cada ataque de asma que él vive, es como si en mis entrañas estuvieran rasgando las fibras. Sufro todos los días por verlo sufrir. Ángel, con tan solo 6 meses ha estado al borde de la muerte tres veces mal contadas. Y yo, una prostituta sin remedio que vive más de lo que debería, soy la sombra de lo que fui hace 15 años. Tengo 30 y mi vida ha cambiado demasiado, mis días son una eterna rutina de depilarme toda, porque eso atrae más clientes; vestirme con escotes y minifaldas que compañeras de trabajo me han regalado. Después del maquillaje a las 8:00 am comienzo la, aparente, infinita peregrinación de hombres sedientos de carne, consuelo y placer para sosegar la ira de un mal día y los dolores de un matrimonio roto. Siento que en esa eyaculación liberan todos sus pecados para así volver con sus amadas esposas y perfectas familias. Dicha romería termina a las 11:00 pm.

Veo el bus al final de la calle y sé que cuando pare al frente mío caeré en dolorosas convulsiones hasta que mi corazón deje de latir debido a la cantidad de narcóticos que he ingerido la noche de hoy con dos clientes aproximadamente hace 30 minutos. Nicole y Ángel, son mi luz y los amaré toda la eternidad. No me olviden y espero que esta carta la lean el día justo. Quien encuentre esta carta en el bolsillo derecho de mi blue jean, por favor no la pierda y dé a mis dos amores dos besos a cada uno: uno en la frente para que controlen los deseos y las pasiones y el otro en el pecho para que me tengan en su alma.

Se acerca el bus y lo conduce la Parca. Ha llegado el momento y con mi firma me despido antes que las convulsiones no me dejen.

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