Los Demonios. El peligro de la negación.

Los Demonios. El peligro de la negación.

juanca47

22/10/2026

Los
demonios, y sé que existen, no necesitan cuernos ni alas para
paralizarnos. Les basta con instalarse en lo que nos falta.
Son
esa sombra que repta por la pared cuando se apaga la luz, dando forma
a todo lo que nos callamos. Son el eco terco de un error antiguo o
una promesa rota en mitad del silencio; esa voz afilada que nos
despierta a las tres de la mañana para recordarnos que la noche no
olvida
Anoche
me detuve otra vez frente al espejo del pasillo. Con la luz
encendida. Mantuve la mirada fija en mi propio reflejo y sentí ese
vértigo frío en el estómago.
Al
otro lado del cristal me esperaba mi propia sombra: esa parte salvaje
que nos enseñan a nombrar con miedo, pero que también guarda todo
el fuego que nos negamos a sentir. 

Pegué
la palma de la mano al vidrio helado:
—No
voy a expulsarte —dije en voz baja—. Pero tampoco voy a
obedecerte.
—Si
me dejas pasar —murmuró desde el cristal—, te vas a quemar.
—Que
arda lo que tenga que arder —respondí—. Prefiero el fuego a la
costumbre de vivir a medias.

En
ese momento, la frontera se deshizo. Sin estruendo ni cristales
rotos. La sombra no desapareció: simplemente ocupó el lugar que
siempre le había pertenecido.
Sentí
el peso de mis miedos, el pulso de mis deseos y la incomodidad de mis
zonas más oscuras. Ya no eran veneno; eran sangre viva corriendo por
mis venas.
Entendí
entonces que no se trata de llegar a un lugar donde los demonios no
existan, sino de aprender a sentarse a la mesa con ellos sin
entregarles el control.
El
cristal volvió a ser solo vidrio gastado. Pero al dar la vuelta, el
pasillo ya no se sentía tan estrecho.
Y
es que el verdadero crecimiento personal nunca nos exime del dolor ni
de la frustración; nos exige mirarlos de frente, habitar el proceso
y convertirlos en sabiduría. No se trata de volver a estar intactos,
sino de aprender a vivir completos.

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