Me parece, entonces, que ya debo irme… Será esta la última vez que voy a escribirle, como un símbolo de rendición, como si alzara la bandera blanca en medio de una derrota inminente… Como si tuviera que elegir entre la muerte o un sufrimiento agonizante que no me deja apreciar lo bueno de la vida. 

Mi más íntimo, me parece que lo he intentado… Pero esta vez, ya no tengo nada qué ofrecer. He perdido la esperanza, mi reflejo en el espejo se distorsiona, pierdo el alma, me pongo ante un altar como sacrificio para que salga impune de  sus pecados, me he castigado por mi apariencia dejándome cicatrices en la piel, y hago una lista diaria en mis adentros sobre lo que me falta para evitar que esto siga pasando. Entiendo, entonces, que no es suficiente y llego a la desgarradora conclusión de que no basta mi amor ni mi apariencia, que ya no distingo porque dejó de tener importancia… Solo sé que no debería ser así… Tan pequeña. 

Pero, he percibido en mí, dentro de toda la oscura tristeza, una luz que entra por un agujero de mi roto ser, un alivio de volver a la soledad y sentirme libre… Me genera cosquillas la curiosidad, me río mientras suelto el llanto, le recuerdo como si usted solo hubiese sido parte de un plan para alcanzar aquella cúspide, habitar en la calma y en la resiliencia. 

Me parece, entonces, que debo irme… Debo buscarme de nuevo en las artes, debo empezar a reconocerme en mis escritos, debo volver a dejarme llevar por la sensibilidad de mi alma, debo observar mi reflejo hasta que sea claro y pueda distinguirme, debo sentir la brisa cuando me mueva, debo contemplar aquella fuente que llevo adentro que hace que todo se renueve. 

Mi más íntimo, me voy con la tranquilidad de que lo intenté, pero esta vez ya no tengo nada que ofrecer; solo mi ausencia envuelta de buenos deseos, y la seguridad de que lo amé, lo amé… lo amé. 

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS