Sobre una almohada, un sueño. Y dentro del sueño, el vacío solitario. Junto a la nada, cualquier figura imaginaria, puedes suspirar debajo del agua, o posarte sobre árboles que ríen a carcajadas.
Las crestas del techo y mi cabeza se elevan y comparten una hendidura. Por ahí penetran. Bajo olas deshidratadas de pintura, persigo un pez que habla. Me dice, amigo, solo soy tu sombra y se va muy serio. Cuando estás solo todo es un sueño. Eso lo aprendí desde hace tiempo.
La nieve cae sobre el espejo; yo quiero soñarte, pero no puedo. El sueño es libre todo por dentro, solo me deja vagar sobre olas secas de cristal, azul adentro.
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