El hobre pulcro, vestido con traje negro, caminó hacia el atril y se paró enfrente agarrándo el tablero con las dos manos, entonces con sonrisa encantadora dijo:
Ciudadanos y ciudadanas… No vengo como candidato… Porque somos de izquierda… Sino como ciudadano, porque soy como ustedes… Tampoco vengo a prometer milagros, sino a estimular el diálogo franco… Diálogo franco para la reconstrucción del tejido social, que nos permita… Que nos permita hallar un marco previo, dentro de la movilidad exterior… E interior, y así, saltar la concertina… Esto para garantizar las premisas necesarias… Sí, las premisas necesarias que sirvan como facilitadoras y generadoras… ¿De qué? Pues de una democracia participativa, donde haya espacios de decisión que estimulen la fundación de una base… Una base que encamine a los planteamientos, sólidos y respetuosos, por su puesto.. ¿Hacia dónde? Hacia un órgano de dirección, el cual impulsará el protagonismo de la ciudadanía… Esto, para que, precisamente, se establezcan indicios mínimos… Que ayuden a forjar iniciativas… Iniciativas que redunden en la colectividad… Que establezcan los cimientos del desarrollo social… Donde se pueda edificar un futuro de bienestar. ¡He dicho, pueblo bueno!
Todos los asistentes, ataviados con camisas y gorras del partido, dejaron por un momento de mordisquear sus tortas de queso de puerco para gritar a coro: ¡Presidente!, ¡Presidente!, ¡Presidente!
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