Diálogo mexicano

— ¿Recuerdas ese caso tan sonado? Sí, toda la colonia se enteró. ¿No lo recuerdas? Si todo mundo lo supo… Bueno a mí me lo contó doña Lola, ya ves que ella siempre está bien enterada de todo… Ora verás, te lo voy a contar pa’que me entiendas de qué te estoy hablando.

Estaba Juana la de los tamales y la Lupe, la de los cafés, que eran muy amigas ¿Te acuerdas que siempre andaban juntas? Bueno, algunos dicen que no eran tan amigas, porque ¡Híjole, esa Lupe! ¡qué va! Y la Juana no se queda atrás ¡Eh! Pero, se hablaban bien, y así… Entonces, de repente comenzaron a discutir quien sabe por qué y se decían que esto y que lo otro y manoteaban, y que tú y que yo, total que no llegaron a nada. Sin en cambio, dicen que ese día el lugar estaba tranquilo, había muchas personas y todo eso, pero no así como siempre. Y así continuaron un buen rato, bueno, tú ya sabes cómo son. Juana le decía a la Lupe: “que no sé qué y que no sé qué”. Y la Lupe terminó diciéndole: “¡tú eres bien quién sabe cómo!”. Entonces la Juana le dijo a la Lupe: “que sí, y que no sé qué, y que no sé qué, pero tú shalalá y shalalá”. Y la Juana agarró el dese que tenía en la desa y casi le da. Total que estuvieron un buen rato así y blablablá, blablablá. Hasta que llegó el marido de la Lupe y que le dice a la Juana: “no y que sí y que no”. Y tal cual como es, así le gritó y se llevó a jalones a la Lupe. ¡Fíjate! ¿Cómo la ves? Y por eso ya no venden tamales en la esquina.

— ¿Pero no son doña Lencha y su hija las que venden tamales en la esquina?

— No, en esa esquina no, en la otra, la que está mas allá. ¡Ay, ya me hiciste enojar! Tú nunca me entiendes, por eso ya no te voy a contar nada.

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