Se requiere una locura sublime, casi divina, para transportarte, en cada fragmento de memoria, al borde mismo del abismo y al precipicio de la demencia, desafiando la cordura mientras mantengo intacta la conciencia. Es un acto de equilibrio imposible donde el alma estalla y arde con la llama efímera pero resplandeciente del fénix, consumiéndose y renaciendo en un ciclo eterno, todo por ti. Mi amor no se desvanece ni se extingue en la oscuridad; por el contrario, renace con fuerza renovada y late exclusivamente al ritmo de tu nombre, aguardando tan solo que ilumines su senda perdida. Necesito que tu luz penetre las tinieblas para fundir el grueso hielo en que se ha convertido mi ser, liberando así la pasión contenida para entregarte, una vez más, sin reservas ni miedos, el fuego inextinguible de mi devoción.
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