Apreciada Esperanza,
te escribo desde un llugar llamado Ausencia porque te echo de menos.
Echo de menos aquellos días en los que, en el jardín de la Juventud, jugábamos a cazar las mariposas de la Felicidad. Cuando bailábamos entre la Luz y la Pérdida o cuando me enseñaste en mis primeras derrotas, que no siempre se puede ganar, pero que nuestra Fe debería ser siempre más fuerte que nuestra Desesperanza.
Espero que no te hayas perdido del todo. ¿Es irónico esperar algo de la Esperanza?
Te necesito porqué tienes la clave de mi Sentido.
Atentemente,
El Amor.
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