
Soy lo que hago con mi tiempo. No lo que prometo, ni lo que recuerdo haber sido, ni aquello que otros creen saber de mí. Soy, acaso, la suma secreta de las horas que elegí y de aquellas que dejé escapar sin advertir que también eran irrepetibles.
El tiempo es una materia extraña: todos recibimos la misma medida, pero cada uno construye con ella un destino diferente. Algunos levantan imperios; otros, silencios. Hay quienes llenan sus días de acontecimientos y quienes descubren, en una tarde inmóvil, un universo que los demás no sospechan.
He llegado a pensar que vivir consiste en ejercer una arquitectura invisible: darle forma a lo que no tiene forma, construir con horas una habitación para el alma. Pero ninguna obra es definitiva. El tiempo demuele, sin rencor, cuanto levantamos.
Al final, quizá no seamos dueños de nuestra historia, sino apenas de la manera en que ocupamos sus intervalos.
Soy lo que hago con mi tiempo. Y cuando el tiempo termine, ¿qué quedará de mí sino aquello a lo que alguna vez le concedí una hora de eternidad?
OPINIONES Y COMENTARIOS