Querida mariposa

Desde niña soñé con ser como tú,
porque decían que tus alas significaban libertad,
y yo solo quería aprender a volar,
sin tener que pedir permiso para soñar.

Siempre fui un pájaro enjaulado,
con mil palabras atrapadas en el pecho,
soñando con tocar las nubes
y ser dueña de mi propio vuelo.

Hasta que un día miré al océano,
tan inmenso, tan libre, tan suyo;
furioso cuando necesitaba gritar,
sereno cuando encontraba la calma.

Y comprendí que no quería sus aguas,
sino su manera de existir:
ser tormenta sin pedir perdón,
ser calma sin dejar de sentir.

Quizá nunca tenga alas,
pero si algún día me buscas,
no mires al cielo: mira el mar,
porque nací para ser libre,
no para vivir donde otros me quieran encerrar.

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