
PRESENTE SIN FIN
Escuché un murmullo de eternidad entre las ramas de aquellos álamos robustos y blancos.
Fue el canto incesante y pleno de la vida, que se extiende en cada rincón de este presente infinito y amado.
Y ahora me sumerjo en este océano de calma sin fin, en cada gesto que me acerca a lo que tanto había anhelado.
Un nuevo palpitar ya mora en el pecho, como manantial de aguas cristalinas… El amor que acaricia mis manos.
Sosiego en el espíritu que ya no está cautivo, que vuela entre galaxias y expresa un brillo ilimitado.
Francisco Gallardo Perogil
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