El viento del sur le pegaba en la cara.
Makeda iba al lado de La Llanera Solitaria, con el papel en la mano donde estaba escrito su verdadero nombre:
*Makeda Ngen Nagast Linconao*
El nombre le quemaba los dedos. Era suyo. No el que le pusieron en el internado.
Llegaron al lof. Humo, perros, y caras duras.
En el centro, sentada en un tronco, estaba su abuela. La líder. Ojos de piedra.
*Abuela:* «Para volver al clan hay dos caminos. Vences en pelea o te vas para siempre y no vuelves más.»
El clan murmuraba. Querían sangre. Querían demostrar que seguían siendo «fuertes».
Makeda miró alrededor. Vio a los primos con celulares nuevos, a las tías con delantales de universidad.
Y entendió.
*Makeda:* «Si yo fui vendida para que ustedes estudiaran… entonces todos aquí tienen mínimo enseñanza básica y media completa, ¿o no?»
Silencio.
Nadie dijo nada. Porque era verdad.
*Makeda:* «Entonces que sea prueba de conocimiento y no de fuerza.
Una de Lenguaje. Una de Matemáticas. Una de Historia. Una de Ciencias: biología, química y física.»
«Si la fuerza fuera todo, David nunca le habría ganado a Goliat.»
La abuela apretó la quijada. Aceptaron. No tenían cómo negarse.
Pasaron las horas. Cuadernos, lápices, silencio.
Makeda escribió. Respondió. Fundamentó.
*Mención honorífica en todas.*
Cuando revisaron las de la abuela y del consejo… ni la primera pregunta.
En blanco. Copuchas, pero no libros.
Makeda se puso de pie. Botas embarradas, pero la espalda derecha.
*Makeda:* «Que esto les quede como enseñanza:
_No es la fuerza del caballo, ni los músculos del hombre lo que agrada al Señor, sino los puros y limpios de corazón…_ Salmo 147:10-11″
La Llanera Solitaria tomó su mano.
*La Llanera:* «Vamos, Makeda. Aquí ya les diste cara y batalla. Ya es suficiente. Volvamos a Santiago.»
Y así fue.
Se fueron con el viento a favor.
Makeda con la frente en alto.
Las botas bien puestas.
Y su nombre verdadero guardado en el pecho.
Este capítulo duele y sana a la vez.
Le di a Makeda lo que a muchas nos negaron: dignidad sin tener que romper huesos. Ganó con lo que nadie le pudo quitar: su mente y su fe….
…… Continuará ……
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