Hace 4 años mis padres me compraron un guitarra para mi cumpleaños. Estuve tan feliz que no paraba de saltar y decia gracias papá y gracias mamá. Cuando vi por primera vez la guitarra sentí esa conexión especial, un click que solo tienes una vez en tu vida y desde ahí supe que todo iría fenomenal.
La cargaba a todos lados, así no supiera tocar, decía mi, si, sol, la y tocaba las cuerdas de arriba hacia abajo.
cierto día vi que un famoso guitarrista llamado Kurt Kubain le puso a su guitarra un nombre, entendi al instante que debía hacer lo mismo. Así que la nombre Sally, desde ahí solo era mi guitarra y yo.
Mi guitarra era un rompecabezas, era la rueda faltante a mi vida, había sido un perfecto regalo.
Cada vez que tocaba una cuerda, cada vez que tocaba un acorde y una melodía mi guitarra me seguía.
y si tocaba con rabia, tristeza, emoción o felicidad la guitarra imitaba la acción y casi parecía que sentía lo mismo que yo.
Es como un nuevo idioma, uno conmovedor, la música que puedes crear a través de sonidos y arpegios es un arte que sólo mi guitarra y yo sabemos entender.
Cuando imagino las melodias que puedo crear, todo se hace realidad, cuando Sally y yo somos una sola y tocó con pasión las cuerdas, mis dedos parecen haber encontrado su acorde natural, su estancia en cada traste es rápida y sin ninguna relación todo funciona bien. Mi guitarra es única, fenomenal porque tiene un toque de mi espíritu expresivo y voraz.
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